Si hay una formación musical a la que haya que aplicar el apelativo de inclasificable no es otra que la Orchestra Fireluche. Formada hace ya cerca de un cuarto de siglo en las comarcas gerundenses e integrada por nueve componentes que tocan todo tipo de instrumentos, mayoritariamente acústicos, en ocasiones construidos por ellos mismos, o procedentes del universo infantil, o sacados del baúl de la abuela, esta curiosísima banda, a la chita callando, ha editado una decena de discos y ha realizado centenares de conciertos, sorprendiendo a propios y extraños con unas propuestas surrealistas que en el fondo no dejan de tener su sentido, aunque sea difícil llegar a asimilarlo.
Después de grabar dos discos con el desaparecido Pau Riba –“Ataràxia” (2019) y “Segona florada” (2022)– y de someterse a un silencio de cuatro años, la Fireluche ha renacido con un trabajo instrumental que experimenta más que nunca con las intuiciones que siempre han rodeado su expresividad, porque en su caso hay que hablar de intuiciones o de presunciones, no de certezas ni de tesis.
En el plano teórico, “Pareidolies” está inspirado en la filosofía del OULIPO (Obrador de Literatura Potencial), un colectivo de investigación literaria francés nacido en los años sesenta del siglo pasado que entiende las restricciones como un motor de creatividad. Pero en el plano empírico de lo que se trata es de dar la vuelta a esas restricciones y de buscar la música allí donde no se encuentra, porque el truco no consiste en poner música a las palabras o a las imágenes, sino en escuchar la música que esas palabras o imágenes esconden. ¿Se entiende?
De esta manera, la orquesta ha confeccionado un disco con total libertad, a la búsqueda de un nuevo lenguaje que tanto puede presentar elementos añejos y clásicos como vanguardistas y transgresores, o todo mezclado a la vez, y siempre buscando una poesía que no tiene por qué ser textual, sino eminentemente emocional y sensual.
“Pareidolies” incluye un tema dedicado a la que fuera compañera de Pau Riba, Memi March, también fallecida el año pasado. Probablemente sea la composición más inteligible a la vez que pasional del repertorio. Muy bonita.
Hay músicas que no se pueden explicar, ni entender. Solo se pueden disfrutar. La Orchestra Fireluche es especialista en esta materia. ∎