Suena a anacronismo apolillado, a vestigio de otra época o a lindeza trasnochada. Y, sin embargo, fue tan solo hace un par de años cuando alguien consideró oportuno señalar, a viva voz y en pleno concierto, que Raquel Pagès y Ane Barcena “tocaban bastante bien para ser dos chicas”. Un episodio vergonzante del que ahora la dupla vasco-catalana ha decidido reapropiarse con orgullo y arrojo hasta convertirlo en título, propósito y consigna para el tercer largo de Pinpilinpussies.
Eso sí, “Para ser dos chicas” es mucho más que una airada soflama contra el machismo sistémico de la escena. Puede que sus letras partan de lo más íntimo y llano, pero estas no tardan demasiado en alcanzar una dimensión inequívocamente colectiva, poniendo verbo y grito a un malestar largamente compartido por varias generaciones: “No quiero tu aprobación para avanzar / No me interrumpas que voy a gritar”, declaman en su radiante y ensoñadora canción titular.
La calidez doliente de este tema se siente como una pequeña rara avis dentro de la contundencia habitual a la que nos tiene acostumbrados el dúo, y no será la única. Porque si de algo les valió romper el molde con su anterior EP “Ni un paso atrás” (2024) es precisamente para que ahora escuchemos a unas Ane y Raquel mucho más prestas a dejarse llevar y explorar nuevos derroteros. La jugada, supervisada por Urtzi Iza –quien ha grabado trabajos de Vulk, Sal del Coche o Silitia–, se revela como un acierto cabal en cuanto nos abandonamos a esa batería sincopada y a ese sintetizador taciturno de “Esto es para ti”. O al saxofón febril que brega hacia el final de “Zapatak sarreran”.
Hay, en definitiva, mucho más que rascar en este cancionero que el estrépito y la furia de rigor; claro que la mala leche, habida cuenta de la coyuntura que el álbum recoge, se antoja inevitable. Raquel saca punta a su dicción más percutiva y áspera en “Cantar motor”, una malencarada oda a la esclavitud posmoderna, de inequívoco cariz reivindicativo y factura noventero-macarra, destinada a enfatizar las verdades del barquero: “Estoy cansada, jefe; no sé ni lo que hago / A 130 derrapando, tengo sueño, no descanso / xplotados, reventados y mañana repetimos”.
Verdaderamente, parece que el LP quiera proyectarnos hacia una suerte de futuro inmediato y distópico en el que las miserias del presente, lejos de remitir, han echado raíces; un porvenir decrépito, sin épica ni progreso, en el que solo nos queda “sobrevivir y respirar”. Pero es precisamente en “HND” donde aparece la música y su valor como bendito silver lining contra todo mal presagio: “Pero llegan las diez y suena EZEZEZ”. A fin de cuentas, a las Pinpilinpussies no les faltan tablas, ni sobre el escenario ni en su mutuo entendimiento, y ya puede irrumpir el mañana más desangelado que este irreductible binomio está apercibido para cualquier envite. ∎