Era un ser hecho de trofeos; un barco caníbal, embellecido con los vencidos huesos de sus enemigos. Así se describe en el libro “Moby Dick” al Pequod, el barco ballenero bajo el mando del capitán Ahab. The Afghan Whigs empiezan a parecerse a algo así, con cuarenta años cumplidos desde su formación justo cuando más o menos estés leyendo esto y el parto de su primer disco habiendo soplado 38 velas el Día de Reyes de este año. Claro que hay bandas de rock más longevas (un ejemplo: ahí están Los Sírex), pero cada vez son menos (por lógica vital y matemática). Y lo que no hay tanto es bandas que tengan al frente a alguien como Greg Dulli, tan desafiante, tan capitán Ahab, tan consciente de llevar el peso de una corona (solo el bajista John Curley permanece a su lado por los siglos de los siglos), tan los marineros pueden cambiar, venir e irse y no volver, pero si yo estoy al timón esto es el Pequod.
Y así es. Porque en este décimo álbum de estudio siguen sonando a ellos (empieza el tema inicial, “Jungle Roux”, y si ya los conoces no los confundes con otros), que es como decir que siguen sonando a él, a Greg, con su voz tan realzada y turgente en la mezcla, diría que más dominante y alta que nunca, soltándonos en ese tema, casi de salida, “say you’re a superstar, if that’s the way you’re feeling”. Sintiéndose Ahab navegando sobre rock flamígero, baladas al piano y bucles sintéticos.
Con letras impresionistas donde abundan los amantes, las promesas y los arrepentimientos, sin optimismo desbocado pero tampoco con tristeza (si por eso podemos entender una frase como esta de “Duvateen”: “Baby, won’t lie, I want a cigarette, fuck me twice, I’m banging Nicorette”), siempre con el corazón inflamado y el romanticismo a más no poder, y, cómo no (ya que estamos, sigamos con la metáfora de “Moby Dick”), algo de mar y navegación (“surfing the minute, sailing the soul” en “77”, “heavy seas” en “Loose Talk”, “endless seas where we could sail out of reach” en “A Simulation”). Nada que sorprenda a sus fans de largo recorrido, lo de tanto a flor de piel, aunque expresado con mayor sentido de la redención o la resolución que, pongamos, en “Gentlemen” (1993).
Como en “Do To The Beast” (2014), “In Spades” (2017) y “How Do You Burn?” (2022), los otros tres discos que The Afghan Whigs han sacado después de su regreso en 2011 / 2012 (recordad que en 2001 decidieron echar el freno y así se quedó la cosa durante una decena de años), su soul-rock “engrungecido” (perdón por la palabra, Kurt Cobain que estás en los cielos) incorpora elementos (de R&B, de electrónica) con los que Dulli fue especiando con relativa modernidad sus dos proyectos pos-2001, The Twilight Singers y The Gutter Twins. Lo hace sin que eso implique ni refundación ni perfidia, pero sí para que se note lo suficiente que ya no vivimos en la década de los noventa del siglo pasado y que “Soft Control” nos muestra a los Dulli que fueron y han sido y al que ahora tiene 61 años, pero dejando claro que es este último quien habla todo el rato, mientras los otros, huesos vencidos, escuchan y asienten. ∎