Dice John Lennon en el prólogo-collage que abre el libreto de esta reedición “Super Deluxe” de “Rubber Soul” (1965) que este era el disco de la marihuana, mientras que “Revolver” (1966) lo fue del ácido. Para George Harrison fueron discos hermanos, algo así como los “volúmenes 1 y 2” en la evolución del grupo, siendo el primero su álbum favorito. Ringo Starr admite que no escribió más de cinco palabras para “What Goes On”, su estreno como compositor-cameo en un disco de Beatles, y Paul McCartney reconoce que con “Rubber Soul” empezaron a diversificarse reflejando la influencia del arte, la literatura, la ropa y la música que escuchaban. Brian Wilson aseguraba que aquel álbum lo impulsó a componer “God Only Knows” para The Beach Boys. Todo esto y más puede leerse en los libretos, en su mayor parte escritos por el biógrafo Kevin Howlett –44 páginas en la versión 2CDs, 88 en la de los 4CDs y 5LPs– de la reedición definitiva de “Rubber Soul”, el trabajo que supuso un antes y un después en la percepción de la música dentro y fuera del grupo. En EE.UU., Capitol Records no se dio por enterada de un cambio que también evidenciaba la portada del disco con aquellos bustos elongados –su elaboración queda explicada en los textos, a la vez que el origen del título, dos capítulos interesantes en la historia de la banda–, remplazando “Drive My Car”, “Nowhere Man”, “If I Needed Someone” y “What Goes On” por dos inanidades de “Help!” (1965), “I’ve Just Seen a Face” –Lennon haciendo de Dylan– e “It’s Only Love”.
Los coleccionistas encontrarán en las ediciones más completas esa versión estadounidense, además de la mezcla mono original de “Rubber Soul”. Más novedosa es la mezcla estéreo realizada por Giles Martin –hijo de George, algo más que el productor del grupo, fallecido en 2016– junto con el ingeniero Sam Okell, aunque comprobar las diferencias es un juego engorroso solo apto para audiófilos que remite inevitablemente a “Paint A Vulgar Picture”, de The Smiths, para muchos los Beatles de los ochenta, donde Morrissey denunciaba las operaciones comerciales de las discográficas para lograr revenderte siempre el mismo producto. Lo supuestamente mollar, como en ediciones Super Deluxe anteriores, se encuentra en las 24 rarezas integradas por las habituales tomas supervivientes de estudio –en aquella época aún se sobregrababan las cintas por razones de economía–, los diálogos de rigor –uno de casi 8 minutos, solo para los más cafeteros– y maquetas.
Entre esos ensayos, descartes y demás tanteos destacan la segunda toma de “Norwegian Wood”, que empieza directamente con el sitar-drone de George Harrison, una miniatura a la guitarra de “Michelle” y otro instrumental de “Nowhere Man” que suena a Le Mans y rubrica la afirmación de que el indie pop surgió con los Beatles. En cuanto a las demos, descubrimos un extracto de “In My Life” en el que un órgano psicocenobial sustituye al piano modificado definitivo de Martin; “We Can Work It Out” y “Day Tripper”, temas que también asoman en sus mezclas de 2023; y “Little Girl” como joya de la corona. Atribuida al Lennon de 1965, en la vena sentimental que el grupo estaba empezando a abandonar, el hallazgo, sin ser para echar cohetes, ha sido excluido del formato 2CDs, único razonable para el bolsillo común.
Una diferencia entre “Rubber Soul” y “Revolver” es que en el primero predominaron las composiciones de Lennon –ocho de catorce, dos compartidas con McCartney–, mientras que en “Revolver” se las repartieron a partes iguales, además de que Harrison consiguió colar uno de sus mejores temas, “If I Needed Someone” –muy parecido a otro de The Byrds en 1965, “The Bells Of Rhymney”–. “Rubber Soul” se beneficia de estar anclado en esa franja liminal y fértil de los proyectos artísticos en pleno florecimiento, entre una etapa primitiva y otra más sofisticada donde la frescura comenzará a disiparse paulatinamente. Decir esto de los Beatles, con todo lo que tenía que llegar, parece un sacrilegio, pero permanece la sensación de que “Rubber Soul” es pura perfección –si no fuera por lo de Ringo–, y que decirlo no levantará excesivos desacuerdos. Incluso las canciones más románticas, como “Michelle”, una imitación burlesca de la chanson francesa convertida en clásico inmarcesible, o “Norwegian Wood (This Bird Has Flown)”, un sencillo número de folk –con sitar–, transmiten algo más experimental, interior y poderoso que lo ya obtenido por el cuarteto de Liverpool. Otras como “In My Life” fueron la prueba de que no había vuelta atrás. ∎