The Tallest Man On Earth es el seudónimo artístico de Kristian Matsson y “Just Beyond Endless Mountain” es su séptimo álbum en estudio, tercero para ANTI, con fotografía de Anton Corbijn en portada. Rodeándose de músicos solventes como el multinstrumentista Martin Hederos –ex The Soundtrack Of Our Lives–, el cotizado C.J. Camerieri –básicamente vientos, muy asociado a la familia Wainwright– o el percusionista Björn Sima, el sueco no ceja en su tendencia a hacerlo todo, o casi todo, él mismo, echando mano del arpa, la viola, el sintetizador, el clarinete o el violín, además de tocar la guitarra, cantar a menudo con un pitch visceral y agudo –unas veces como Dylan, otras como Nilsson, alguna como algún bluesman del Mississippi–, componer las once canciones del disco –Hederos lo ayuda en “Colors”– y producirlo esta vez sin Nick Sanborn, mitad masculina del dúo folktrónico Sylvan Esso, que ejerció dicho rol en el precedente “Henry St.” (2023).
El hecho de que Matsson mida solo un metro setenta o haya importado sus métodos del mundo anglosajón –como la inmensa mayoría–, ya sea, en su caso, el folk de los Apalaches o la vía afroamericana, tan mezcladas ambas, no resta autenticidad a un álbum promocionado como la vuelta del cantautor a sus raíces escandinavas. Dalarna, una región situada en el centro de Suecia que se traduce como “los valles”, fue donde el hiperbólico The Tallest Man On Earth retornó hace unos pocos años para cuidar a su padre (enfermo de alzhéimer; fallecido en 2024). Los nuevos céfiros se aprecian en cortes como “The Wildest Of His Dreams”. Aun cantada en inglés, la presencia del violín revela la exposición que el compositor confiesa haber tenido a formas tradicionales de su país como la polska, una danza reminiscente de las guerras seculares de ocupación sueca en Polonia.
“Just Beyond Endless Mountain” muestra ese proceso de adaptación, remembranza y reinvención con el uso de un lenguaje poético impregnado del paisaje nórdico, los recuerdos familiares y los sonidos de la infancia. Un trabajo que gana enteros cuando rebaja el volumen emocional gracias a medios tiempos como “Overdoba”, una pieza singular escrita para la boda de un amigo y cantada a dúo con su paisana Sofia Hultqvist Kott, cuya voz recuerda a Jacqui McShee, la chica de Pentangle. En otras como “Times”, se aprecia líricamente la natural recogida de carrete de un músico que al fin parece haber encontrado su lugar en el mundo contradiciendo títulos anteriores de su discografía como “Too Late For Edelweiss” (2023). Once temas en total que, escuchados de cerca, esconden recovecos y detalles que revelan una forma renovada de hacer, más en el propio cosmos de The Tallest Man On Earth que en la historia de la música folk, reuniendo esas tradiciones, sin excluir el jazz en la propuesta mercurial de Matsson. Puede apreciarse entre los vientos y cuerdas pastorales de “In The Silver Wire Up The Hill” y “The Forest Keeper” antes de terminar con la sencillez acústica de “The Village”. ∎