Son la última gran sensación emanada de ese hervidero de bandas de rock afilado que es la escena irlandesa actual. Gurriers pisan España por segunda vez, en dos conciertos en los que presentarán su estupendo segundo álbum, que concreta candidatura a las grandes ligas. Las canciones de “Nobody’s Coming To Save You” atronarán el 4 de noviembre en Barcelona y el 5 en Madrid.
Mark McCormack, guitarrista de Gurriers, me atiende por Zoom desde Birmingham un viernes por la tarde, horas antes de subir al escenario del O2 Institute. Le comento que la noche anterior he visto a Fontaines D.C. en Madrid, y me explica que fue compañero de instituto de su guitarrista, Conor Curley, y del guitarrista de sus teloneros, Chalk, aunque no iban al mismo curso. “Tocamos alguna vez juntos, éramos como The Strokes, pero sin escuela privada”, se ríe. Y así comienza una de las entrevistas que más he disfrutado en meses. No creo que la metralleta del grupo dublinés –la formación la completan Daniel Hoff (voz), Ben O’Neill (guitarra) y Charly McCarthy (bajo) y Pierce Callaghan (batería)– mate a ningún fascista, pero de lo que estoy seguro es de que tiene la empatía, el conocimiento y la ambición que se le presupone a una banda que parece llamada a dar el gran salto. Yo se lo deseo. Y seguro que las canciones de “Nobody’s Coming To Save You” (PIAS-[PIAS] Ibero América, 2026) contribuyen a ello.
Tocáis en unos días en dos salas, La 2 de Apolo en Barcelona y Nazca en Madrid, que doblan la capacidad de los dos enclaves que visitasteis en enero de 2025, la Upload en Barcelona y El Sótano en Madrid. Se empieza a ver un considerable incremento de vuestro público, ¿no?
No encanta tocar en España, aunque ya sé que esta es una frase que muchos músicos repiten en todos y cada uno de los países que pisan. Yo estudié en Valencia, pasé allí siete meses, y luego hice el camino de Santiago durante otros cinco. He pasado mucho tiempo. Me gusta la cultura, el relax, esa forma de decir “estoy tranquilo, hombre” (esto lo dice en castellano). Me gusta su estilo de vida, pero también nos gusta, a toda la banda, la pasión que destila el público: tanto si les gustas como si no, te lo harán saber.
Te estoy hablando precisamente desde Valencia.
¡No jodas, tío! Uno de mis lugares favoritos en el mundo. Llevo mucho tiempo diciéndole a nuestro tour mánager que no se limite a Madrid y Barcelona. Si algún día ganamos el dinero suficiente, me encantaría poder vivir allí alguna temporada. Sabéis cómo vivir.
El problema cuando eso ocurre es el mismo que estáis sufriendo vosotros en Irlanda: cuantos más extranjeros –occidentales, claro– se establecen en ciudades como Valencia, más caro se pone todo, con unos precios que expulsan a quienes somos de aquí. Lo sufrís en Dublín.
Seguro. Es así. Es complicadísimo para la gente joven. Y para la gente joven creativa. Es imposible no sentir esa presión en ciudades como Dublín. Tiene mucho que ver con las compañías tecnológicas, casi todas norteamericanas, que lo están copando todo e hinchando los precios, perjudicando a la gente local. Creo que nosotros estamos llevando nuestra carrera por un camino cercano al del periodismo, en el sentido de que escribimos sobre lo que observamos. Y también lo reflejamos. Amo Dublín, es una ciudad fantástica, pero no debería ser tan cara. No es justo. No es Londres ni Nueva York. Ya sabemos cuál es la política fiscal que esas compañías se encuentran aquí. Es imposible permanecer impasible ante esto.
Tanto el título como la portada de vuestro nuevo disco, con esa cría de ave tratando de sacar la cabeza en un entorno oscurísimo, son como una metáfora de los tiempos que vivimos.
Hace dos años y medio, antes incluso de que se publicase nuestro primer disco, yo estaba trabajando en el turno de noche de una gasolinera, en medio de la Irlanda rural, y me pasaba la mayor parte del tiempo mirando cosas en el teléfono móvil. Me topé con una retahíla de tuits un lunes por la noche en la que alguien decía “nobody’s coming to save you”. Y, para serte honesto, nunca en la vida habría vuelto a acordarme de esa frase si no es porque lo siguiente en el scroll, no se si fue en Instagram o en TikTok, era un vídeo en directo de alguien desde Gaza. Era a finales de mayo, cuando Israel estaba bombardeando, y en los comentarios alguien también escribía “nobody’s coming to save you”. Ya sabemos de sobra que eso es un genocidio. Se me quedó grabada la frase. Puse el móvil sobre la mesa y pensé: “Esto es una puta locura”. Anoté la frase porque pensé que reflejaba el mundo en el que vivimos. Ojo, sé perfectamente que Irlanda no es un lugar perfecto. Pero tengo el privilegio de haber crecido en un país occidental, relativamente acomodado, en el que incluso aunque las cosas puedan ir mal, y con frecuencia lo hacen, hay redes de seguridad. Familia, servicios sociales, lo que sea. Pero si no luchamos también por lo que nos corresponde, nadie vendrá a salvarnos. Y ese es mi mensaje. ¿Quieres montar una banda de rock, por ejemplo? Pues hazlo. Nadie te va a salvar. Pero, por otro lado, hay sitios en el mundo, como Palestina, Sudán, partes de China, donde la gente está pasando dificultades inimaginables. A su lado, mis problemas parecen insignificantes. Así que el título pretende reflejar esa dualidad también. Es una forma de decirle a la gente de los países de nuestro entorno “espabilad, que vuestra vida es bastante buena en comparación”. No me malinterpretes: debes seguir luchando por el cambio, seguir luchando para mejorar las cosas, pedir responsabilidades a tu gobierno. Pero al mismo tiempo has de entender que hay millones de personas pasándolo muchísimo peor que tú en otros lugares.
¿Qué te parece el discurso de James Hetfield, de Metallica, proclamando hace unos días en un concierto que los músicos no deben meterse en “mierdas sobre política”?
Honestamente, me sentí muy decepcionado. Pero no me sorprendió. Metallica, especialmente su guitarrista, fueron esenciales para mí cuando era un adolescente. Y creo que es jodidamente patético que la banda que escribió “Disposable Heroes”, “... And Justice For All” o “One”, todas aquellas canciones tan políticamente cargadas, salga con esto. Además, vienen del thrash. Tenían ese fuego dentro. Y que, ahora que son multimillonarios, James Hetfield se sienta en la obligación de hacer ese comentario creo que es patético. Y creo que tiene que ver con el hecho de que lo que están haciendo es escoger bando. ¿Es una mierda hablar sobre política? Lo que es una mierda es lo que tú has dicho. Y creo que no hay muchos artistas capaces de llenar estadios que hablen sobre Palestina porque, cuando llegas a cierto nivel en el que tu proyecto se ha convertido en un gran negocio y hay tanta gente implicada, que depende económicamente de él, la gente se acojona y no quiere enfadar a los accionistas e inversores de las grandes promotoras y al resto de grandes actores de la industria. En cualquier caso, creo que es interesante el hecho de que los fans de la música, en los últimos tiempos, están haciendo que los músicos a quienes idolatran sean más responsables acerca de lo que dicen en público. Les piden cuentas, de algún modo. Creo que si James Hetfield hace ese comentario hace diez años, nadie mueve un dedo. Ahora, con el desastre al que nos están abocando tantos políticos, es insensible y estúpido hacer ese comentario. La gente está más concienciada. Y quiere que aquellos a quienes admiran sean mejores.
¿Crees que tiene algo que ver con el hecho de que, desde la pandemia, parece que el rock de guitarras está volviendo a recabar su viejo rol prominente, especialmente entre la gente más joven, en detrimento de otros estilos generalmente más escapistas como puedan ser el trap, el rap o el reguetón?
Pues creo que sí, creo que es una visión acertada. El rock de guitarras, o como lo quieras llamar, no estaba tan en boga hace seis o siete años. Hace once años, cuando yo estaba en secundaria, ahora tengo 29, si tocabas la guitarra eléctrica y querías montar una banda con unos amigos te decían cosas que prefiero no reproducir en una entrevista (risas). Ahora es como muy guay. La música es muy cíclica. Los géneros van y vienen, y creo que sirven a propósitos diferentes en el mundo de la cultura y en períodos diferentes, si es que tiene algún sentido. Yo soy muy fan del rap y el hip hop, y en los Estados Unidos, particularmente, fue el género dominante de los 2010. Pero ahora ya no está en la cúspide. Y es interesante ver cómo desde la pandemia, como dices, e incluso un poco antes, con al auge de la extrema derecha de Trump y otros gobernantes, la gente tiene más razones para estar cabreada. Y siempre he creído que nada te va a hacer sentir mejor, en esa situación, que enchufar una guitarra eléctrica y un pedal de distorsión, acompañarte de un batería, ponerte a la faena y meter ruido. Nada te va a hacer sentir mejor. Y compartir así tus problemas, sean los que sean. Creo que ahora vivimos en uno de esos momentos en los que la cultura, la música y la política convergen, y el rollo es coger una guitarra o un sintetizador y hacer ruido sobre ello. Decirle a la gente cómo te sientes. Pero al mismo tiempo creo que ese es el propósito al que la música rock sirve ahora mismo. Hay hueco para cualquier otra música, por supuesto, como no podría ser de otra forma. Y si la gente quiere escuchar algo más optimista o jovial para escapar de la realidad, por supuesto que también lo debe hacer. No todo tiene que ser una proclama. Pero creo que en este momento es inevitable que, si tienes una mente artística y te cabrea el estado del mundo, empuñes un instrumento y hagas a la gente partícipe de cómo te sientes. Si piensas en los años ochenta, por ejemplo, había bandas políticamente concienciadas como Metallica, pero también cosas como Mötley Crüe o Van Halen que simplemente lo pasaban bien, hasta que llegó el grunge en los noventa y lo convirtió en otra cosa. La música tiene que moverse al compás de la cultura de su tiempo. El periodismo, volviendo a lo que te comentaba al principio, se encarga de describir lo que se ve en el mundo. Perdona si te estoy dando respuestas demasiado largas…
No, no, en absoluto, me parece muy interesante todo lo que dices. Sobre vuestro sonido: creo que tiene una textura y una profundidad especial, que me recuerda a bandas paisanas vuestras como Whipping Boy.
Totalmente. Aunque es curioso, yo no los conocía. Dan, nuestro cantante, sí. Es un gran fan. Nos lo empezaron a decir cuando empezamos. Molan mucho. Muy crudos. Muy influyentes. Les pasó un poco como a The Velvet Underground, salvando todas las distancias: no eran los más comercialmente exitosos, pero se dice que todos los que los escucharon o compraron su primer disco, quisieron montar una banda. Diría lo mismo de Gilla Band en este momento. A Fontaines D.C. hay que darles todo su crédito, por supuesto, por todo lo que han hecho, pero creo que la gente tiene que darse cuenta de que sin Gilla Band no hay Fontaines D.C. Y no hay ola irlandesa de música rock sin ellos. Porque ellos hicieron que ser irlandés volviera a ser guay. Que no volviéramos a los viejos estereotipos y clichés, a aquel “leprechaunismo”: las fiestas y las pintas de Guinness. Ser irlandés es mucho más, y la gente debía saberlo. Siempre digo que Gilla Band construyeron la puerta y luego Fontaines D.C. la echaron abajo, abriendo camino a los demás. Máximo respecto por ambas bandas. Ahora hay muchísima gente aquí haciendo muy buena música. Colegas como Chalk, SPRINTS, Cardinals, Enola Gay, Really Good Time… y luego los que vienen detrás de nosotros, como Theatre, Bleach 9:3, Madra Salach, que van a ser más grandes que nosotros… El río sigue fluyendo, joder. ¡Cuánta gente haciendo música increíble, con algo que decir!
Habéis contado con John Congleton, uno de los productores más solicitados actualmente, pero solo en la mezcla, porque la producción corre a cargo de Mark Bowen de IDLES y Loren Humphrey.
Hablamos con mucha gente antes. Nos encantaría que nos produjera John Congleton en un futuro. Mientras estábamos barajando nombres con nuestro management y con el sello, Mark Bowen nos escribió para decirnos: “Quiero producir vuestro disco, lo tengo que hacer”. Tuvimos nuestras dudas, porque aunque lo admiramos, no queremos ser una sombra de los IDLES. Por ejemplo, ya que hablábamos antes de Metallica, hace cuarenta años, estaban ellos y Megadeth, Anthrax, Testament, Slayer… Todas esas bandas, cada una con una identidad definida, pero todas cayendo dentro del mismo saco, en cierto modo. Si existen los Fontaines D.C. y Metallica por otro lado, yo sería feliz de ser Slayer, ¿entiendes? Creo que todos tenemos nuestra identidad. Éramos conscientes de que si Mark Bowen producía este disco, corríamos el riesgo de ser para siempre considerados como los hermanos pequeños de IDLES. Y se lo dijimos a él. Con todos los respetos. Él lo entendió. Y no quiso que lo fuéramos. Tampoco nos gusta que cuando alguien colabora con nosotros tenga una actitud como de “bésame el culo”, pero sí que se sienta excitado ante lo que hacemos, que sea parte de la banda durante la grabación. Luego el sello nos sugirió a Loren Humphrey por su trabajo con Arctic Monkeys o Cameron Winter. Nos pareció bien combinarlos. Y creo que hacen un tándem increíble. Trabajaron muy bien la tensión y las intensidades. Tenemos reputación de banda cruda e intensa y eso no lo queremos perder, pero queríamos llevarlo sónicamente un escalón por encima. Eso requiere un equilibrio delicado.
Te lo preguntaba porque, sin desmerecer en absoluto el trabajo de Mark y de Loren, creo que si hay un productor ahora mismo capaz de elevar a otra dimensión todo lo que toca, con un sonido particularmente crujiente y reconocible, perfecta combinación de lo orgánico y electrónico, es John Congleton. Basta escuchar lo que ha hecho recientemente con Caroline Rose, Death Cab For Cutie, Courtney Barnett, Shame o Sleater-Kinney. Y os encajaría como un guante.
Estoy de acuerdo. Sería fantástico. Te seré honesto: tenemos una lista enorme de gente con la que nos gustaría trabajar, tanto músicos como productores o remezcladores. Nos encanta desafiarnos a nosotros mismos a través del trabajo con otra gente. No me malinterpretes: no queríamos en un principio que Mark nos produjera por lo que te decía, por no ser como los hermanos pequeños de IDLES, pero vaya honor que ha sido el poder trabajar con él en un álbum completo. Y con el resto. Son héroes para nosotros. Hemos de escribir el próximo álbum antes de saber qué productor queremos, pero sin duda John Congleton es alguien con quien sería fantástico trabajar para que nos produjera un álbum entero.
No os he visto nunca en directo y tengo curiosidad por saber cúal es la edad de vuestro público, por lo general.
Pues es una mezcla muy interesante. Especialmente en Irlanda. Quienes nos seguían al principio eran tipos mayores, a quienes les gustaban los grupos que nos habían influido: Sonic Youth, Nine Inch Nails, Joy Division, Siouxsie And The Banshees… quienes fueran. A medida que hemos ido creciendo, y mucha gente se ha dado cuenta de cómo es nuestro directo, nuestra base de fans se ha ido haciendo cada vez más joven. Lo cual está muy guay. Creo que somos afortunados. Hicimos una gira con Inhaler por el Reino Unido y fue interesante, porque aunque ambas somos bandas de rock, y el término ya de por sí es de lo más elástico, ambos estamos en extremos muy distintos del espectro rock. Tocamos en arenas, en recintos grandes como el Brixton Academy, que fue como un sueño hecho realidad, y nadie tenía ni idea de quiénes éramos, nadie nos había escuchado antes. Abríamos con “Nausea”, una canción muy trallera, la primera de nuestro primer álbum, nada que ver con lo que hacen Inhaler. Y había de todo. Gente diciendo: “¿Qué coño es esto?”, pero en plan bien. Y gente diciendo: “¿Quién cojones son estos tíos?... apestan”. Nos ganamos una gran parroquia de fans que eran mujeres jóvenes, te diría, en su mayoría. Y adolescentes. Empezamos a ver más diversidad en nuestros bolos. Nos encanta que nuestra gente se vuelva loca. Que lo pase bien. Que baile. Que haga pogo. Que se tire del escenario. Pero nunca a costa de la seguridad de nadie. Y estamos encantados de ver cómo, durante los últimos 15 o 18 meses, tenemos todo tipo de público en nuestros conciertos, que se expresa tal y como quiere y se olvida del mundo durante una hora y media. Creo que un concierto debería ser como la vida real: gente de todas las edades, creencias, religiones o razas. Unidos por la música. ∎