Agitación. Foto: miasps / carac0l___
Agitación. Foto: miasps / carac0l___

Entrevista

LaFrancesssa: una diva que arde en las ruinas del Paral·lel

Cinco semanas después de que “TOUNTA…”, el primer álbum de LaFrancesssa, saliera a la calle, el teatro El Molino de Barcelona bajó el telón. En su primer disco largo, autoeditado con medios mínimos, Pere Francès levanta la mitología apagada del Paral·lel –vedetes, madames, cuplés– y la reconstruye como un cabaret ciberpunk en ruinas. Al frente, Linda Vangelisss, una diva olvidada que canta desde las bambalinas. Y una palabra que media industria esquiva: travesti.

El 30 de junio de 2026, el teatro El Molino de Barcelona bajó el telón. El cabaret que abrió en 1898 y que durante más de un siglo, con intervalos, fue el corazón del Paral·lel –su Montmartre de cuplés y vedetes, donde reinó la Bella Dorita– cerró por costes disparados, quejas de los vecinos y un público que no respondía, en una ciudad vendida al turismo, a las propuestas de Barcelona Events Musicals (BEM), la empresa vinculada al festival Cruïlla que asumió el mando de la sala en octubre de 2024. El consistorio ha decidido que es el momento de ejecutar unas obras de insonorización definitivas para que esas quejas de los vecinos cesen. Veremos (una cosa y la otra). Cinco semanas antes, el 22 de mayo, LaFrancesssa había publicado “TOUNTA…” (Autoeditado, 2026), un disco que sucede dentro de un teatro en ruinas.

Linda Vangelisss durante el directo de “TOUNTA...”

La que canta ahí dentro es Linda Vangelisss, una replicante de Diamanda Galás más mamarracha de la cuenta. Si LaFrancesssa ya es el alter ego del músico barcelonés Pere Francès, Linda es el alter ego del alter ego. “Ella es ese espíritu encantador y misterioso que encuentras en un teatro vacío, elegante, solemne. Tiene una voz rasposa de fumar, el cardado impresiona y, antes de que te des cuenta, ya te está ofreciendo un cigarro sin que se lo pidas, porque es eso: un espíritu, un reflejo de un deseo. Creo desde la imagen y el sonido casi al mismo tiempo. Como estoy caóticamente perdida con la música cuando me pongo a producir, eso me lleva incluso a crear un alter ego a mi alter ego. Irónico; no le encuentro respuesta, pero me gusta que el proyecto refleje mi proceso creativo: sin acabar y sin todas las respuestas, simplemente impulsos”.

Hablar desde una diva venida a menos es un material peligroso: algo a medio camino entre la burla y la lágrima fácil. Francès trabaja en ese filo, pero convierte el patetismo en su propia armadura: “Como friki disidente que soy, sé que para muchos se me leerá como una bleda. En ‘Sausssage’ está mi ‘delivery’ vocal más cómico y, a la vez, un puente épico sintético digno del Liceu, y el estribillo es una referencia a un baile de Vine, el TikTok de 2010. No puedo llevar esta lucha constante contra la burla que se nos hace por ser ‘queer’ si no es ironizando lo absurdo de lo fascista. Por eso es muy importante no renegar nunca de lo absurdo; nos quieren complacientes, ‘queer’ pero complacientes: no tengas pluma, sé serio, encaja en lo cívico, no grites demasiado, no te pases tampoco. Si te ríes de mi expresión y de mi capacidad de ir más allá, no solo retratas tu mirada misógina y reduccionista, sino que me das más ganas de alejarme de toda esa sobriedad que representas. El pop tiene que ser épico, tenemos que blindarnos ante todo esto, y lo haremos con el pintalabios y las medias puestas”. Así es como Linda deja de ser un chiste: la diva que recuerda sus funciones desde un camerino con polvo es un autorretrato, el de la artista precaria en una ciudad vendida al mejor postor. El teatro donde canta y El Molino que cierra son el mismo edificio.

“Como friki disidente que soy, en ‘Sausssage’ está mi delivery vocal más cómico y, a la vez, un puente épico sintético digno del Liceu, y el estribillo es una referencia a un baile de Vine, el TikTok de 2010. No puedo llevar esta lucha constante contra la burla que se nos hace por ser queer si no es ironizando lo absurdo de lo fascista”

Por otro lado, hay una palabra que Francès repite y que la prensa esquiva: ella se denomina travesti con orgullo, rindiendo honor a la historia del término –de Ocaña en las Ramblas a Fabio McNamara junto a Almodóvar– y una carga que el eufemismo borra. “Ser travesti comporta una agitación, una reacción indecisa para quienes no lo habitan y una muy reconfortante para las que sí lo hacemos. Para mí representa ignorar el binarismo, aceptar la provocación involuntaria como componente revolucionario, y que lo haga significa que un contexto es fallido. Es entregarse a la imaginación: no jugamos a ser mujer u hombre o una identidad concreta, queremos ser ideas, emociones. Y el travestismo es global, no solo se ve sobre el escenario. Ser travesti en tiempos de tanta recesión y contención creativa se siente como aquella figura religiosa que abría un pasillo en medio del mar. Estoy harta de que solo se nos vea como cupón ‘queer’ para cuatro ‘slots’ al año, o para generar artículos sobre los ataques que sufrimos y conseguir cuatro ‘clickbaits’. No se nos ve como artistas: se nos ve como gente que está probando cosas, que solo sale de noche; se nos coloca a todas dentro de la categoría ‘drag queen’ y punto. Estamos en el ‘moodboard’ de todo el mundo, de todos los chicos y chicas cis que tocan en el Primavera y otros circuitos. Pero ellos pueden hacer carrera porque pueden jugar momentáneamente con nuestro imaginario, mientras que nosotras estamos condenadas a ser de segunda porque no podemos evitar nuestra naturaleza disidente. Y la industria lo sabe, y le va como anillo al dedo. Con los eufemismos nos condenamos a nosotras mismas a ser una pequeña falsa ilusión”.

Por ello, el sonido nace del mismo sitio que el discurso, consistente en hacer de la carencia un método. “Todo empezó de manera autodidacta con el GarageBand, para un proyecto de 4º de la ESO”, explica. “Después pirateé el FL Studio, me descargué el ‘sound pack’ de SOPHIE y produje ‘Faggots And Communism’. Tuve una época muy ‘trash’, superexplosiva, que tenía mucho sentido con mi mayoría de edad y mi salida del armario del momento. Menos mal que empecé a desarrollar mi enfoque produciendo desde el disfrute y no desde el control: producir desde el oído resalta una sensibilidad propia, solo respondes a tu instinto y a tu criterio”. SOPHIE, la productora escocesa muerta en 2021 y patrona de la electrónica trans, es a la vez su fuente técnica y genealógica: se aprende a producir pillando el instrumental de tus muertas, una forma posdigital de ponerle flores en la tumba.

Una diva rebelde.
Una diva rebelde.

La mejor letra del disco, dice, no la escribió ella: “Linda Vangelisss” la firman el poeta Jun Komura y Cecilia Nafra. “Sabía que quería juntar el imaginario del compositor y la belleza de la supermodelo. De repente me enseñaron la letra con Cecilia y veo que trata de cómo estoy dispuesto a entregárselo todo a LaFrancesssa como si fuera mi amante, con las ilusiones del amor y la tristeza de aceptar sacrificios no deseados. Sin darme cuenta, veo que han sabido traducir algo a lo que pocas veces presto atención: reconocerme el sacrificio ciego de amor, con el romanticismo que eso conlleva, y verlo como un acto revolucionario. Ser ‘do it yourself’ y travesti en una industria con miedo a apostar implica blindarse de coraje y adornar de misticismo tu arte”. Producir pop sin sello ni presupuesto se paga caro: “El pop es caro y, aun así, se hace precario”, escribió el día del lanzamiento.

El 30 de junio, el Molino cerró, pero cinco semanas antes, en un disco autoeditado, Linda Vangelisss abrió el suyo y se puso a cantar. Uno de los dos escenarios va a sobrevivir. ∎

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