Brendan Canty (Teaneck, Nueva Jersey, 1966) atiende a la videollamada de Rockdelux desde su casa en Washington D.C., ciudad a la que se mudó con sus padres y hermanos –el también músico James Canty (The Make-Up, Nation Of Ulysses, Ted Leo And The Pharmacists) y el escritor Kevin Canty– cuando todavía era un bebé. “Esta es la pequeña habitación donde trabajo cuando no estoy de gira con The Messthetics. Aquí están mis vinilos, mi contrabajo y otros muchos instrumentos. Hago muchas cosas para ganarme la vida, desde vídeos hasta música para cine y televisión. Recuerda que tengo cuatro hijos”, bromea el exbatería de Fugazi.
Le comento que he escuchado los discos de su hija Mabel June en solitario y con la banda Birthday Girls, en la que también toca la hija de Alec MacKaye (The Faith, Untouchables, The Warmers), hermano de su compañero en Fugazi Ian MacKaye, el adolescente que aparecía sentado y cabizbajo en la icónica portada del EP homónimo de Minor Threat. Todo queda en casa. “¿Te ha gustado?”, pregunta. Le respondo que me encanta el hecho de que no se parezca en nada a ninguna de las mil bandas que él ha tenido desde 1981, cuando era aquel “chico problemático de cabello indomable que había rebotado de una escuela a otra en Washington D.C.”, según lo describía Michael Azerrad en “Nuestro grupo podría ser tu vida” (2001; publicado en España por Contra en 2013).
Primero fue Deadline, cuando tenía 15 años, que duró unos meses y grabó tres canciones para Dischord. En 1982, Insurrection, junto con el enjuto y nervioso cantante y guitarrista Guy Picciotto. “Éramos espantosos, uno de los peores grupos de la ciudad”, lamentaba este último. Después, Rites Of Spring, con canciones enérgicas, épicas y apasionadas que transgredían el claustrofóbico formato del hardcore y que fueron bautizadas –para desgracia de Canty y Picciotto– como “emocore”. Y, por supuesto, Fugazi, cuyos integrantes siguen siendo, según él, “sus mejores amigos”: Ian MacKaye, Joe Lally y de nuevo Picciotto. “Mañana hemos quedado para cenar”, apunta el batería sobre esta banda seminal que se ganó la reputación mundial gracias a su honestidad, su integridad y su música y que vendió más de dos millones de discos desde la más absoluta independencia.
“En 2002, cuando Fugazi paró, busqué otro trabajo rápidamente porque me preocupaba perder esta casa. Estaba convencido de que la gente se olvidaría de nosotros y, sin embargo, ha pasado un cuarto de siglo y siguen escuchándonos. Me emociona ir a tocar a una ciudad con The Messthetics y encontrarme a personas que venían a los conciertos de Fugazi y Rites Of Spring hace cuatro décadas. Es hermoso y lo agradezco mucho”, reconoce Canty sobre The Messthetics, la banda que formó en 2017 con Joe Lally al bajo y Anthony Pirog a la guitarra, para adentrarse en el jazz y la música instrumental.
Grabaron dos álbumes para Dischord y luego otros dos con el saxofonista James Brandon Lewis para Impulse!, el mítico sello de jazz que publicó “A Love Supreme” (1965) de John Coltrane y otras joyas de leyendas como Max Roach, Art Blakey, Duke Ellington, Ornette Coleman y Freddie Hubbard. Su último trabajo, “Deface The Currency” (Impulse!-Universal, 2026), vio la luz en febrero y lo presentarán en el Marula Café de Barcelona este 6 de noviembre. “Debería estar Mabel ayudándome con la entrevista, habla español perfectamente. Estuvo un año estudiando en Sevilla. Vivía con una familia que se dedicaba al flamenco, pero… mmmm… no recuerdo el nombre”. Lástima.
Has dicho que cuando Fugazi dejó de tocar tuviste miedo de perder la casa y rápidamente te pusiste a trabajar. Hablando de la independencia con que funcionasteis Ian, Joe, Guy y tú, ¿ganaste suficiente dinero como para comprarte esa casa?
Sí. La compré en 1997 con el dinero que gané sobre todo con Fugazi, cuando la banda ya había cumplido una década y habíamos publicado cinco discos. Aunque entonces me pareció muy cara, en realidad era barata. He tenido la suerte de vivir con mi familia y criar a nuestros cuatro hijos en este precioso lugar durante treinta años. Pero sí, cuando Fugazi paró en 2002 rápidamente tuve que ponerme manos a la obra. Monté una productora para cine y televisión y me salieron algunos encargos para componer bandas sonoras.
Dime algunas...
La última fue la de “Stolen Kingdom” (Joshua Bailey, 2025), un documental sobre un grupo de personas que se cuela en Disneyworld para divertirse y acaba robando casi medio millón de dólares en atrezo. Fue muy interesante. También hice la música de “The F*ck You Heroes”, el documental de Glen E. Friedman que se va a proyectar en Barcelona poco antes de que toquemos allí (se refiere a los pases que la película tiene programados en el festival In-Edit; mañana, 3 de noviembre, es el segundo y último). Antes hice cosas como “Ashes Of American Flags. Wilco Live” (Canty y Christopher Green, 2009).
¿No es posible ahora vivir de The Messthetics como ocurrió con Fugazi?
No lo creo, pero depende de lo que entiendas por vivir. Nos va bastante bien, la verdad, pero tendríamos que estar de gira, como mínimo, seis meses al año. A estas alturas es mejor mantener cierto equilibrio. Yo tengo otras formas de ganar dinero. Joe y Anthony dan clases de bajo y guitarra y James tiene otros proyectos. Mejor hacer giras de un mes y medio en verano y después estar ocupados en otras cosas. No queremos poner todo el peso en el grupo y mezclar amistad, dinero y creatividad. Sería demasiada presión.
Fugazi fue una banda privilegiada en este sentido. Cuando aparece el tema de vivir de la música desde la independencia y sale Fugazi a relucir, siempre hay alguien que comenta que Fugazi fueron una excepción y que eso no está al alcance de todo el mundo. Eso me dijo, por ejemplo, Dean Wareham, de Luna y Galaxie 500. ¿Qué piensas cuando escuchas eso?
¡Oh, conozco a Dean! Bueno, es verdad que cobrábamos cinco dólares por la entrada de los conciertos y, aun así, los cuatro vivíamos de la banda. Eso es porque Fugazi ganaba la mayor parte de su dinero vendiendo discos. Llegamos a vender 300.000 copias de algunos álbumes (algunas fuentes hablan de 750.000 solo de “13 Songs” y 500.000 de “Repeater”. La revista ‘Pitchfork’ asegura que “In On The Kill Taker” vendió 200.000 copias en la primera semana). Éramos una gran banda, pero hoy todo es diferente, no se puede comparar. Ahora todo gira en torno al streaming. Si un grupo vende cinco mil o diez mil copias eso significa que le va muy bien.
¿Quieres decir que antes era más fácil?
Bueno, no sé cómo funcionaban la mayoría de las bandas entonces, pero Fugazi vendió muchos discos. Eso hacía que tuviera más sentido, desde el punto de vista económico, salir de gira como lo hacíamos, cobrar esos cinco dólares y trabajar desde la independencia. No creo que Fugazi fuera necesariamente una excepción. Quizá por el momento en que ocurrió y las circunstancias de la época. Si hoy alguien vendiera 300.000 copias de un disco, podría hacer lo mismo que nosotros hicimos. Es probable que hubiera otras bandas que funcionaran así, cobrando cinco dólares por entrada, vendiendo discos y ganando dinero. En cualquier caso, ¿a qué cantidad de dinero nos referimos cuando hablamos de vivir de su música? ¿Ganar lo suficiente para mantenerse uno mismo o para mantener una casa con cuatro hijos? Son dos cosas diferentes (risas). En la etapa final de Fugazi yo ya pensaba en otras formas de ganar dinero.
¿Hubo una conversación o Fugazi se apagó de manera natural?
Tuvimos una… más o menos, aunque no pensamos que el parón sería permanente. Mañana hemos quedado para resolver algunas cuestiones, cenar y dar una vuelta. Seguimos siendo muy amigos, pero en aquel momento pasaban muchas cosas en nuestras vidas: nacían hijos, morían nuestros padres y no podíamos desaparecer de Washington D.C. una temporada. También estaba la cuestión de que Fugazi funcionaba con una filosofía de todo o nada. Era muy exigente y nos íbamos de gira seis u ocho semanas.
¿A qué te refieres?
No quería que aquello se convirtiera en otra cosa, en una banda que saliera de gira muy de vez en cuando, que tocara por ganar un poco de dinero y que publicara un disco cada cinco años. Si lo hubiéramos hecho seríamos otro grupo, pero nos importaba mucho Fugazi y pensamos en tomarnos un descanso. En aquel momento parecía eso, un descanso, pero tendría que haber sabido que seguirían pasando cosas en nuestras vidas. Tuve otro hijo y mi vida personal se volvió muy ajetreada.
¿Es cierto que seguisteis quedando durante años para tocar en el local por el simple placer de tocar, sin más pretensiones?
Sí, ocurrió unas cuantas veces, pero la última fue hace unos diez años, en una época en la que sí que hubo alguna posibilidad de que volviéramos, pero al final no ocurrió.
¿Salió música nueva de esos ensayos?
Escribir música en Fugazi era mucho más complicado que eso. No era cuestión de juntarse un par de veces y tocar un poco. Para que una idea de Fugazi se convirtiera en una canción trabajábamos mucho. No es algo que surja de cualquier manera. Tenemos muchas grabaciones antiguas que quizá algún día salgan a la luz, porque lo grabábamos todo. Ya veremos… Si tenemos tiempo, quizá algún día volvamos sobre ese material y saquemos algo.
¿Cuán diferente crees que sería la música de Fugazi si los cuatro volvieseis a componer hoy? Porque en “The Argument”, vuestro último trabajo, publicado en 2001, la evolución era evidente.
¡Uf, ni idea! Probablemente sería más suave y tranquila. “I’m So Tired”, la canción de Ian que apareció en la banda sonora del documental “Instrument” (Jem Cohen, 1999), es la segunda más popular que tenemos. Cuando la escucho me da un poco de pena, porque creo que no nos la tomamos muy en serio y que podría haber estado en un disco y no en la banda sonora. Fugazi podría haber evolucionado en esa dirección, pero lo pensé con el tiempo. En realidad nadie puede saber qué música haríamos ahora. Es uno de los grandes misterios. ¡Uy, perdona! Mira, justo me está llamando Ian (enseña el móvil). Le cuelgo y luego lo llamo.
¡Qué casualidad! Por cierto, de lo que no sois capaces es de libraros de las noticias falsas cada pocos meses anunciando el regreso de Fugazi.
¡Ocurre continuamente, sí! Me gustaría que sucediera, de verdad, pero no creo que pase. Supongo que esos rumores se repiten porque seguimos siendo amigos y trabajando juntos. No digo “nunca jamás”, porque no sabes qué puede suceder, pero lo veo difícil.
¿Hay algo de Rites Of Spring o Fugazi que siga presente en The Messthetics más allá de Joe y de ti?
Sí, sobre todo porque para The Messthetics también es importante que las personalidades de los cuatro queden reflejadas en la música. Además, Anthony y James me recuerdan en cierto sentido a Guy e Ian, porque ambos también tienen una personalidad musical muy marcada. Cuando tocamos en directo, a menudo uno de ellos se queda solo tocando y después lo hace el otro. El hecho de tener esas dos voces me recuerda a Ian y Guy y a cómo Joe y yo los sosteníamos, aunque la estructura de las canciones sea diferente.
¿Tanto en Fugazi como en The Messthetics hay improvisación?
En The Messthetics hay mucha, sobre todo cuando tocamos en directo. Eso exige escucharnos mucho, prestar atención a las ideas de los demás y apoyarnos mientras experimentamos. Fugazi también lo hacía en algunas canciones en los conciertos, pues pasábamos mucho tiempo haciendo ruido y experimentando. Creo que The Messthetics y la música que hacemos ahora con James tienen más en común con Fugazi de lo que parece. Más que con Rites Of Spring, por ejemplo, aunque al grabar el último disco tuve una sensación parecida a la que recuerdo de Rites Of Spring: fuimos al estudio y lo hicimos todo del tirón. Habíamos tocado mucho en directo y la banda estaba muy compenetrada, motivada y con un montón de energía acumulada durante la gira. Con Rites Of Spring ocurrió algo parecido. Grabamos el disco en un día y al siguiente lo mezclamos. Con el último álbum de The Messthetics pasó lo mismo. Hicimos todo en dos días.
Jamás me imaginé que dos músicos de Fugazi acabarían tocando con un guitarrista como Anthony Pirog, con tantos solos de guitarra y punteos complicados. ¿Nunca dudaste?
Sí, al principio, pero afronto las colaboraciones de la misma manera: quiero que el músico aporte al proyecto el cien por cien de su personalidad y su visión artística, por muy personal que sea. Me satisface eso mucho más que cuando un músico duda de si encajará. Al principio tocamos canciones de Joe, muchas de las cuales tenían letra y cantante, pero fuimos prescindiendo de eso. Nos dimos cuenta de que no los necesitaban. Tener una banda instrumental es mucho más fácil y liberador que escribir para un cantante, porque puede suceder cualquier cosa. Entiendo lo que dices sobre el espacio: Anthony ocupa mucho y su voz es la que más se escucha, es verdad, pero creo que nos beneficia.
La primera idea no fue publicar en Dischord, sino en el sello de John Zorn: Tzadik Records. Sin embargo, Ian MacKaye fue a veros en directo y os lo ofreció. ¿Qué dijo exactamente?
Que no tenía ni idea de qué tipo de música era, pero que le gustaba. Ian es uno de mis mejores amigos y llevo publicando discos en Dischord desde hace cuarenta años. Cuando nos lo ofreció, pensé que era la opción más cómoda y Joe y yo teníamos la sensación de que tenía sentido, pues eran las personas a las que más les importábamos. Aunque Anthony conoce a Zorn, Joe y yo no, pero conocemos muy bien a Ian y sabemos que Dischord es una compañía increíblemente honesta. Nos han cuidado durante todo este tiempo, así que quisimos sacarlo con Dischord.
¿La llamada posterior de Impulse! os sorprendió?
Sí, claro, y estoy orgulloso y emocionado. Tengo discos de Impulse! en casa y he escuchado mucho a John Coltrane. También a Pharoah Sanders. De todas formas, para mí todo tiene que ver con las relaciones humanas. Si las personas que trabajan en Impulse! no me cayeran bien o me dijeran que no les interesa la música, que solo quieren venderla como un producto más, no habríamos fichado por ellos, pero trabajan con artistas que nos gustan y fueron muy honestos. La relación es muy buena. Me enorgullece estar asociado a dos sellos con un legado tan importante como estos.
¿Qué otros discos de jazz te han acompañado desde la adolescencia?
Recuerdo al saxofonista Steve Lacy cuando publicó su álbum “The Condor” (Soul Note, 1986). Alguien me lo envió describiéndolo como “el heavy metal del jazz” y me flipó. Fui a verlo muchas veces y compré todos sus discos. Nunca me ha abandonado. También los discos del segundo quinteto de Miles Davis, con Tony Williams. Uno de los primeros que escuché fue “Miles Smiles” (Columbia, 1967) y me pareció increíble. Lo que me atraía era la libertad de los músicos. Se percibe un diálogo entre ellos a lo largo de todo el disco. Lo fundamental es la química que se establece entre todos. Si quitaras a uno, la música ya no sería la misma. Todos son esenciales para crear ese sonido. Me interesa esa energía, que va más allá de la música compuesta de forma meticulosa. ∎