El 16 de octubre de 1968, hoy hace 58 años de aquello, The Jimi Hendrix Experience publicó uno de los álbumes capitales de la historia del rock, el doble “Electric Ladyland”, deslumbrante amalgama de géneros, ideas y hallazgos musicales que aún hoy continúa asombrando y apabullando a quienes lo descubren o redescubren entusiasmados.
La última canción de la cara B del segundo LP suena hoy, igual que entonces, como la piedra de Rosetta del disco, pináculo de una terna de piezas magistrales que completarían “Crosstown Traffic” y “All Along The Watchtower”, favoritas eternas de gigantes como Bob Dylan, Prince o Miles Davis.
En la mente de Jimi Hendrix, como en la de John Coltrane, no cabían fronteras entre el folk, soul, el rock, la psicodelia, el blues, el jazz y las vanguardias. Él veía sus canciones, muy especialmente “Voodoo Chile (Slight Return)”, como habitaciones llenas de espejos: aquí empieza con el repiqueteo de la batería de Mitch Mitchell (“mi Elvin Jones”, lo llamaba Jimi cariñosamente, por su devoción compartida por Coltrane) y enseguida explosiona en hipnóticos bucles de guitarra wah-wah, seguidos de una furiosa descarga de electricidad que anticipan los primeros versos de la canción: “Me pongo de pie junto a una montaña / y la derribo con el borde de mi mano. / Recojo todos los pedazos y construyo una isla. (…) Porque soy un niño vudú / Dios sabe que soy un niño vudú”.
Pero no es Hendrix quien se dirige a Dios o se apropia de sus atributos, como si fuera un mago místico: es el propio Dios quien le habla a Hendrix, igual que les habló a Bach en la “Pasión según san Mateo” (1727), a Mozart en “La flauta mágica” (1791) o a Coltrane en “A Love Supreme” (1965).
En enero de 1969, Hendrix recibió en su casa al periodista canadiense Hugh Curry para una larga entrevista televisiva en la que le contó su idea de la iglesia eléctrica: “A nuestra música la llamamos ‘música de iglesia eléctrica’ porque para nosotros es como una religión”, le dijo a Curry. Cuando este apuntó que “Electric Church Music” hubiera sido un título mejor que “Electric Ladyland”, Jimi sonrió: “Bueno, algunas damas también son para nosotros como una iglesia”.
Lo demás es sabido: “Voodoo Chile (Slight Return)” surgió como una coda del tema “Voodoo Chile”, una jam improvisada el día anterior por Hendrix, Mitch Mitchell, Steve Winwood (órgano) y Jack Casady (bajo). Pero Jimi Hendrix fue aquí mucho más allá, machihembrando a Muddy Waters con el Bo Diddley más salvaje en un prodigioso ejercicio de estilo heavy funk, que se disuelve, porque no era posible ir más allá, en un desquiciado fade out cacofónico y estremecedor, como un relámpago incandescente que tuvo que apagarse prematuramente, consumido en su propia fuerza. ∎