La semana empieza con dos pérdidas en el ámbito de la cultura, más concretamente en el universo cinematográfico: despedimos a los directores y escritores Ryū Murakami y Jose Luis García Sánchez. Para hacer más llevadero este luctuoso inicio de semana tenemos álbumes de Viva Belgrado, Sienna, Mucho, Tori Sparks, Pablo Martín Jones y La Bona Sort. Hablamos, también, de las nuevas canciones del tándem formado por Carlos de Jacoba y Ciutat, Jade4 y Ruïnosa y Las Strippers de Rahola.
Dedicaremos los tres últimos párrafos a tres batallas paradigmáticas de nuestros tiempos, subrayando su relación con la música. Para empezar, tenemos nuevo frente en las guerras contra la canibalización de la cultura por parte de las IA: Authentic Brands, el grupo propietario de los derechos del catálogo musical de Elvis Presley, ha denunciado a Antrophic por 41 millones de dólares. Alegan que la compañía ha infringido sus derechos de autor al “entrenar” su modelo Claude utilizando 274 canciones de Elvis sin pedir permiso. En otras palabras: creación ilegal de “obras” musicales “derivadas” del icónico artista. Sin ser la primera denuncia de este tipo, sin duda es de las más imponentes, y nos lleva a seguir preguntándonos hasta qué punto debemos estar dispuestos a abrazar las máquinas cuando están libremente expoliando y explotando el trabajo de miles de artistas humanos. David Byrne no está convencido de que la bestia pueda ser controlada: en una entrevista con la revista ‘i-D’, dijo que había leído la suficiente cantidad de ciencia ficción como para saber que el fenómeno de la IA “no va a acabar bien”.
Pasamos a otro conflicto que nos tiene a muchos absolutamente fatigados: la guerra cultural e ideológica sobre el genocidio en Gaza. En su primer concierto después de el penoso fiasco con Ed Sheeran, Macklemore –artista de calidad irregular cuyo capital simbólico ha subido como la espuma tras su justa y vehemente denuncia de la limpieza étnica en territorios palestinos y de los intereses sionistas en el negocio de la industria musical estadounidense– sorprendió (a pocos en realidad) con férreas palabras sobre la liberación de Palestina. Y también recordó los horrores que se están viviendo en Líbano, Congo, Haití, Sudán y los mismos Estados Unidos a manos del ICE. Solo le faltó enviar a la mierda a James Hetfield, quien hace unos días se quejaba en pleno concierto de Metallica de los músicos que en sus conciertos hacen notar sus posturas políticas.
Por su parte, Turnstile ofreció el pasado sábado un gran concierto gratuito en Washington D.C. cuyo principal objetivo era recaudar fondos para Human Concern International, una ONG que destina ayuda humanitaria a Palestina, Sudán y el Líbano. Asistieron aproximadamente 60.000 personas, y se reunieron más de 200.000 dólares para la causa. El acontecimiento despertó recuerdos de esos bolos gratuitos que solían ofrecer Fugazi en los noventa, también en Washington D.C., para denunciar injusticias, guerras y el resto de males originados en la capital norteamericana.
Y para terminar, un poco de esperanza en la batalla contra el auge de la derecha en América Latina, ese continente siempre acechado por el neocolonialismo yanqui: el histórico triunfo de Lula en Brasil. Evidentemente, los representantes todavía vivos de la época dorada de la Música Popular Brasileña –Caetano Veloso, Gilberto Gil, Maria Bethânia, Chico Buarque, Geraldo Azevedo, Ivan Lins, João Bosco– que sufrieron de primera mano la cruenta dictadura brasileña de los sesenta y setenta cargaron contra el candidato ultra Flavio Bolsonaro y apoyaron a Lula en diversos conciertos, eventos y mensajes en las redes durante la campaña electoral. Muchos de ellos participaron en la canción colectiva “Bora Lula”. Lejos de Brasil, Roger Waters, los cada vez más politizados The Strokes, Tom Morello de Rage Against The Machine y, para maravilla de todos, Madonna manifestaron su apoyo al octogenario presidente brasileño. La victoria de Lula fue celebrada efusivamente en las redes tanto por perros viejos (véase Djavan) como por voces más contemporáneas (la cantautora Maria Gadú).