Echo & The Bunnymen publicaron seis álbumes entre 1980 y 1990 y siete desde su regreso en 1997. Sin embargo, en sus conciertos de este siglo casi siempre han tirado del repertorio de la primera parte de su historia, a sabiendas de que es lo que su público espera. Tal vez ellos mismos son injustos con esta segunda parte de su catálogo. Álbumes como “What Are You Going To Do With Your Life?” (2001) fueron muy bien recibidos por la crítica aunque se considerasen fracasos comerciales, y otros como “Siberia” (2005) tienen al menos dos de los mejores temas de su trayectoria.
Entre una y otra gira nostálgica, la banda de Liverpool publica ahora el que es su primer disco con temas nuevos desde “Meteorites” (2014) y, me atrevo a decir, su mejor colección de canciones en 25 años. Vale que no inventan nada nuevo, siguen a rajatabla su libro de estilo de los años ochenta, pero son once temas que sorprenden por su brillo melódico y una pulsión pop que suena aparentemente eufórica, aunque sus textos –a menudo crípticos– apunten a realidades más agridulces. Ian MacCulloch se ha encargado de casi todo: produce, compone y ha grabado casi todos los instrumentos, con contribuciones a la guitarra de Will Sergeant que son menos notorias de lo que se podría esperar. Clem Burke, de Blondie, tocó la batería en diez de los once temas (falleció durante la grabación), y de las suntuosas y a la vez sutiles cuerdas se ha encargado Erica Nockalls.
El disco empieza, en realidad, un poco flojo, con “Take Me By The Hand” y “Can’t Be Sold”, aunque rápidamente llega “Brussels Is Haunted”, que es el gran single del álbum y, diría, una de las mejores canciones de su carrera. Además de infecciosa, es inteligente y emocionante, un homenaje a la primera ciudad a la que fueron a tocar fuera de su país, a su historia y a los personajes del mundillo musical local que los acompañaron aquellos primeros años, como Bert Bertrand y Annik Honoré. A la diversión, el placer y la sombra trágica que los persiguió.
Otro de los mejores momentos llega con “The Honey”, casi una actualización de su clásico “Lips Like Sugar”, mientras que “An Unstoppable Force” trae reminiscencias cruzadas de “Bring On The Dancing Horses” y “The Cutter”. Pero no todo son intentos de emular su pasado. “Lab Rats Ran”, por ejemplo, es un ejercicio de estilo glam rock bastante divertido, mientras que Asimov tira hacia un misterioso claroscuro. “We Prayed In The Dark”, el tema final, es el más lúgubre en su letra, pero también se abre ante un vitalismo que es más necesario que nunca. Sin pedir peras al olmo, lxs seguidorxs de Ian MacCulloch pueden celebrar esta inesperada resurrección creativa. ∎