Álbum

Family Stereo

The Thread › Bella Union-[PIAS] Ibero América, 2026

Hay que decirlo rápido para evitar que la comparación sea facilona y pese demasiado. Blake Watt, ese joven que se esconde bajo el perspicaz alias de Family Stereo, es el hijo de Ben Watt y Tracey Thorn. Quizá se podría detectar a simple oído, porque su timbre parece la mezcla perfecta de las voces de ambos progenitores, algo más al padre, pero hasta ahí puede llegar la comparación. Bueno, se puede aseverar que ha heredado el buen gusto y la calidad compositiva de ambos, más en sus carreras por separado que como Everything But the Girl. Pero, como queriendo evitar el trampolín automático, Blake no firma con sus apellidos reales, sino con un nombre de banda que puede jugar con sus genes ilustres de doble canal, o quizá con el tocadiscos familiar que desde niño le debió transmitir tantos valores musicales.

Salvado el trámite, este primer álbum de Family Stereo aparece por sí mismo como la confirmación de un brillantísimo cantautor canalizado a través de un pop emocional y atmosférico, perfectamente autónomo y coherente. A sus 25 años Blake Watt ha encontrado un vehículo sonoro precioso y preciso para una voz y unas melodías que siempre emocionan sin ningún alarde. Pero con una producción trabajada y elegante. Un empaquetado que puede recordar en algún momento a Villagers, pero sin el lado más remilgado, y que se apoya en el coproductor Sam Hodder-Williams.

La madurez que ya muestra Blake es puro sentimiento y melodía. Y eso que empezó como batería. Asegura que el ritmo sigue formando parte muy importante de su forma de componer, que necesita una cierta cadencia para hilar palabras y acordes. Y esa puede ser la clave que no descubríamos en una canción tan fabulosa como “DLR”, cuyas siglas hacen referencia al tren ligero del este de Londres, Docklands Light Railway. Su construcción es simple y muy inteligente. Cuando se repite la estrofa, introduce una pequeña variante, que con otro pequeño giro se convierte en estribillo. Las dos partes habituales en una canción pop se convierten aquí en un hilo continuo que se desdobla como un bucle. Y en ese pequeño giro se retroalimenta la emoción, casi euforia de melancolía, al recordar un pasado (reciente, dada su juventud) de tres años atrás, y la necesidad de crecer, madurar y avanzar, y las incertidumbres que eso produce.

“The Thread” debería contemplarse como uno de los mejores debuts del año en el pop atemporal de amplias miras y bases sólidas, con más posibilidades de difusión ahora que Family Stereo se distribuye en Bella Union. El álbum se ha ido labrando con dedicación de artesano en una serie de EPs previos, restringidos al digital doméstico de Bandcamp. Algunas canciones excelentes se quedaron en ese camino (“I Don’t Need Light”, “Matter”), pero las once que presenta ahora muestran una coherencia y madurez encomiables, con un cierto nexo temática sobre la conexión en la distancia y los lazos que unen a las personas y que ayudan a crecer.

La cercanía se transmite en la belleza melódica de canciones como “Waiting On Nina” (que en sus primeras frases puede evocar a Ron Sexsmith), en la placidez de esa steel guitar, en el tono confesional pero no dramático de Blake, en esa capacidad para completar estribillos redondos y puentes elevadores de la emoción. “Collapsing” esconde una cierta complejidad disimulada en su estructura folk, sin dejar de ser epidérmica, apoyada en esas suaves oleadas de sonidos reverberantes que arropan de fondo la voz y los ritmos. “Fault Lines” procura uno de los momentos en que su forma de cantar y sus texturas musicales se acercan más a los últimos álbumes de Ben Watt, con esa generosa calidez que es sello de la familia.

Con base de guitarra acústica en “Three Moon Trail” o de piano en “Tunnels”, ese suave vals que cierra el álbum con una épica de interiores en el tarareable coro, Family Stereo elabora un mundo tan personal y acogedor como abierto a la expansión y el crecimiento. Es un gran comienzo. ∎

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