Álbum

Hidrogenesse

Variaciones Pombo › Austrohúngaro, 2026

Hidrogenesse podrían haber elegido hace mucho tiempo vivir de ser Hidrogenesse, sabiendo que no hay nadie como ellos ni puede haberlo. Sería legítimo y comprensible después de treinta años entregados a la música a su manera, a las duras y a las maduras, con sello propio, Austrohúngaro, para no tener que pedirle permiso a nadie. Y hete aquí que, como demuestran en “Variaciones Pombo”, el conformismo no entra en una ecuación en la que caben desde la banda sonora de “Daniela Forever” (2025), de Nacho Vigalondo, que les valió una nominación a los Feroz, hasta los himnos de pop cristiano de Stella Maris, el grupo de ficción de “La Mesías” (2023), pasando por un cabaret de rumberas en Ciudad de México. Lo siguiente en la lista era, claro, un Premio Cervantes.

Genís Segarra descubrió a Álvaro Pombo (Santander, 1939) siendo adolescente, bastante antes del Premio Nacional de Narrativa por “Donde las mujeres” y del Cervantes de 2024. Él y Carlos Ballesteros han pasado un año poniendo música a once poemas publicados entre 1973 y 2009, de “Protocolos” a “Los enunciados protocolarios”. “Yo dije la verdad” sale de la Variación 15ª de “Variaciones” (1977) y se publicó un 23 de junio, cumpleaños del poeta, porque en la casa Austrohúngaro la mitomanía es un método de trabajo. “La jarra” recorta un fragmento de “Protocolos para la rehabilitación del firmamento” (1992), un único y larguísimo poema sin cortes, y lo convierte en una pieza electrónica de cuatro minutos escasos. El disco se permite estirar “Yo no soy de esta ciudad” hasta los seis minutos y despachar “Ilegible es el sol” en uno y pico, que para eso el autor es Pombo y el tempo lo deciden ellos.

A mí me tenían ya con “Registro de últimas voluntades”, que abre el disco, e hicieron lo que quisieron conmigo con ese “Hay que ir descalzos a la muerte / como se viene de la playa” de “A la muerte”.

Como casi siempre, Hidrogenesse aciertan con el zeitgeist aun viviendo lejos del mundanal ruido. “Variaciones Pombo” es un disco crepuscular y otoñal que sale justo cuando por fin llega el otoño y crepita en el ambiente una sensación de gravedad, la de que, ahora sí, todo lo que vivimos en el siglo XX ya no sirve para enfrentarse a este. Tiene su guasa que esa sensación la ponga en música el dúo que debutó con “Así se baila el siglo XX”. No es cuestión baladí, aunque nada lo es. Ahora se desmanda el mundo entero y, de fondo, suenan ellos. ∎

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