Lo primero que te impacta al escuchar “Love Is A Muscle” es la luminosidad de su sonido, de sus canciones, de su producción. En “Here Stands Your Man” parece que se ha puesto en marcha alguna canción perdida de George Harrison. El timbre vocal de Felix Buff tampoco es opuesto al del tercer Beatle. Pero el clasicismo rock de “Love Is A Muscle” da un pequeño salto estilístico con el tecno-pop batucada de “Breve e indoloro”, que también suena a los de Liverpool con un poco del humor de Juan Wauters. Es su primera pieza con alguna palabra cantada en castellano y aparece enlazada a otra composición de aromas latinos, vientos incluidos, como “The Whitest Thing You’ll Ever Be”, sobre la infancia, el paso del tiempo y el futuro abierto. En ella detectamos nostalgia sin tristeza.
El álbum parte de un tópico que, no por serlo es menos cierto, también de un lema y una actitud que tiene que ver con nuestro instinto de conservación: el amor es un músculo, si deja de ejercitarse, se atrofia. Las comparaciones con Neil Young derivan de algunos temas anteriores en su carrera o del que ahora da título al álbum, con esos licks de guitarra eléctrica tan característicos. Buff no canta en falsete pero lo hace igual de bien: la calidad de su voz no habría que pasarla por alto. El tempo y el arreglo de xilófono (eso parece), incluso la melodía, remiten a Tim Buckley, otro experto en deshojar la margarita del deseo. Las comparaciones de “Gigantic Storm” con Kurt Vile son justas, pero “Lost In The Zoo” destaca de otra manera. Entre Cole Porter y Paddy McAloon, sus arreglos de cuerda podrían propulsar el rocín de Rüdiger hacia lo desconocido.
Otro elemento que se agradece mucho en el tercer álbum de Rüdiger es su positividad, un enfoque necesario en los tiempos que corren. El músico reduce su énfasis en las cuestiones sociales aunque plantea el amor como resistencia. Tampoco busquen el LP en Spotify. Residente en Bera, Nafarroa (o Vera de Bidasoa, Navarra), el baterista incansable de, entre otros, willis drummond o Joseba Irazoki eta Lagunak –para quienes su hermano Johannes ha colaborado en labores técnicas–, o últimamente con Ke Lepo, Ruper Ordorika y FYRS, canta un tema en euskera con letra de Anari Alberdi, “Bi egun” –Johannes también ha participado en alguna letra adicional del disco, además de coproducirlo, grabarlo y mezclarlo–. Anari es una vieja amiga de Buff y colaboradora puntual en willis drummond. “Dos días” habla del amor con una belleza capaz de vencer la traducción más chapucera de internet: “Saliendo de la boca del metro en un cruce sin saber qué camino tomar llevas mi vida en la mano guardada en el bolsillo izquierdo de tu abrigo azul”. Insuperable, también en lo musical, con melotrón y todo. Te imaginas perfectamente a Low versionándola (pero no).
Compuesto enteramente por Felix Buff con las excepciones mencionadas, “Love Is A Muscle” tiende a separarse estilísticamente de sus excelentes dos primeros álbumes, “Before It’s Vanished” (2020) y “The Dancing King” (2023) –sin olvidarnos del EP “Wild Cotton Glow” (2025), donde incluyó una versión de la inolvidable “Two Many Birds”, de Bill Callahan–, variando registros aún más pero conteniéndose en épica y en psicodelia, aunque la exultante “I Love You, Etc.” remita directamente a Spacemen 3 con un toque pastoral hasta que entra la guitarra eléctrica setentera sin dejar de ser un temazo sin paliativos. Puede que sus ocho canciones resulten esta vez más afines entre sí por el lado del pop, también en cuanto a temática, dicen que autobiográfica –ya se sabe con eso del amor–, pero todas ellas transmiten un tipo de euforia clasicista que no suena a plagio o revival rancio, en gran parte, comprendemos, por su cuidada, deslumbrante producción. No se puede frivolizar con esto, pero, como no hay mal que por bien no venga –otro de esos dichos populares–, tendríamos que agradecerle a la pandemia que este multinstrumentista con bigote a lo Lee Hazlewood, origen en el País Vasco francés y nombre de futbolista alemán, o mejor, de caballero andante –Rüdiger de Bechelaren es un personaje trágico del “Cantar de los Nibelungos”–, se lanzara en solitario tras muchos años de batir los palillos para gente como Duncan Dhu, Atom Rhumba o Rafael Berrio (a quien dedicó su primer álbum). Y una mención a la original portada de Mikel Larratxe. ∎