Álbum

The Avalanches

No Bad Memories › Modular-Universal, 2026

No puede decirse que The Avalanches sea un proyecto prolífico con tan solo cuatro álbumes en casi 30 años –se formaron en 1997–, pero es innegable que cada campaña del dúo de Melbourne –trío con la reciente incorporación del multinstrumentista Andy Szekeres– reinicia las expectativas y, además, “No Bad Memories” no decepciona en absoluto. “We Will Always Love You” (2020), su disco inmediato anterior, adoptaba una estructura similar con gran cantidad de cortes (25), piezas minúsculas combinadas con canciones más construidas, una legión de colaboradores y mucho sonido prestado. Pero hay diferencias que situarían a “No Bad Memories” entre la melancolía convencional del aquel disco y la sampledelia desbocada de “Since I Left You” (2000).

La exposición a los anuncios publicitarios ha formado parte de nuestra vida cotidiana al menos desde la generación boomer. ¿Quién no siente cierta ternura cuando se cuela en la pantalla un viejo anuncio de Cola Cao, Filomatic o Licor 43 a pesar de la doblez de los mensajes y colonialismos del tipo “Yo soy aquel negrito del África tropical”? Tony Di Blasi y Robbie Chater aplican sus demostradas habilidades técnicas para jugar conceptualmente con esa idea –nostalgia versus mercadotecnia–, aunque su acervo sea el anglosajón y buena parte de los jingles se “pierdan en la traducción”. Llamarlo “No Bad Memories” –“sin malos recuerdos”– no deja de ser irónico considerando el sistemático lavado de cerebro al que nos hemos visto sometidos desde la infancia. Pero cabría una interpretación más benévola: la capacidad de The Avalanches para rescatar un viejo arsenal sonoro, por ínfimo y caduco que parezca, consiguiendo resignificar todo ese material de derribo y transformarlo culturalmente en forma de pop-art disruptivo, ¡y consumible!, en la era de los mid-rolls, los pop-ups y el déficit de atención. Lo hacen desde una perspectiva distinta al de precedentes como Oneohtrix Point Never, The Residents o Raymond Scott, o sea, fragmentando las piezas con cuñas publicitarias, clics de ratón, ruidos computacionales, politonos y quiebros inesperados. Un total de 31 embutidas en apenas 52’ en la versión digital, que difiere un poco de la física, secuenciadas en cordial solución de continuidad, no teman.

En “No Bad Memories” conviven al menos dos tipos de cortes. Los más experimentales y breves, rondando el minuto de duración, donde The Avalanches van más por libre sin haber tampoco aquí una regla estricta. Y por otro, las canciones fetén, para las cuales se han rodeado de un plantel de colaboradores totalmente renovado, intergeneracional, pluriestilístico y sorprendente. No puede calificarse de otro modo la presencia de Haley Joel Osment, el niño actor de “El sexto sentido”, que aparece en las miniaturas “Superfun! TV Spot” y “El Dorado TV Spot” en referencia a dos productos ficticios ideados por los australianos, respectivamente una consola y un refresco, para un trabajo vocacionalmente audiovisual como este. Ryoji Ikeda –audible en los temas más difíciles–, Mike Patton –de Faith No More–, Carly Simon, actualmente con 83 años –canta en “One More Fantasy”, uno de los cortes más memorables–, Jamie xx, Panda Bear, Jessy Lanza, Karen O –Yeah Yeah Yeahs–, Haruomi Hosono –Yellow Magic Orchestra–, Khadija Al Hanafi o Erick The Architect, todos dejan constancia de su impronta personal gracias a la libertad creativa concedida por los anfitriones.

“No Bad Memories” tiene canciones excelentes de pop con mucho groove, soul, funk y electrónica como el single “Together”, ya analizada en estas páginas –Mozart Estate matarían por esta melodía de hyperpop retrofuturista–, “All The Time In The World”, con Rivers Cuomo, Vegyn y Baby Marlboro –que desprende aromas al viejo freestyle de gente como Lemon Jelly–, la misteriosa “Our Love Is Alive”, con Suzanne Ciani y Barry Can’t Swim –entre Mort Garson y unas Spice Girls del espacio exterior–, o la sinfonía caleidoscópica “Total Recall” –que retrotrae a “Dare” (1981) de Human League, a la película “Contact” (Robert Zemeckis, 1997), a Wendy Carlos, al Casio y a la ciencia ficción–. En este tema se pronuncia la frase “No Bad Memories”, al parecer el eslogan de una marca de disquetes de cinco pulgadas que prometía futuro y durabilidad, un formato hoy obsoleto. También destacan el doble epílogo compuesto por “Final Credits”, con Loaded Honey –dos tercios de Jungle–, y “The Pavements Light”, en la que interviene Hosono incorporando un fragmento fantasmal de “Skylark”, el estándar de Carmichael/Mercer, y un minicierre vintage para sellar de neón la irrealidad programada de “No Bad Memories”.

Decir que lo nuevo de The Avalanches es un disco variado sería un pleonasmo imperdonable, y hacer la manida analogía del yacimiento de samples ocultos –como el de Jack Nitzsche y Jackie DeShannon en “All The Time In The World”–, un tópico innecesario. En este sentido, no puede decirse que el cuarto disco de The Avalanches sorprenda. En todo lo demás, es decir, factura, composición, documentación o intención, solo podemos calificarlo de obra maestra a pesar de la sobreestimulación y el autosabotaje. El disco incorpora un filme-collage de 35’ protagonizado por un crecidito Haley Joel Osment (ahora 38), cuyo personaje confunde sus recuerdos con la publicidad consumida, un poco como le sucedía al que interpretó en “A.I. Inteligencia artificial” (Steven Spielberg, 2001). ∎

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