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Foehn, La resistencia silenciosa

“Foehn. 10 años” (noviembre 2010).

 
 

CD ROCKDELUX (RDL 289)

Foehn La resistencia silenciosa

El catálogo de Foehn tiene un montón de selectas referencias y un claro objetivo: convertirse en una plataforma de lanzamiento para músicos atrevidos y empeñados en ir a contracorriente. Puede que la historia del sello barcelonés Foehn parezca la de cualquier otro sello indie, pero, en su caso, la independencia más absoluta y el amor al arte desde un pop-folk abierto cobran una nueva dimensión. Al habla con Marc Campillo, el jefe de Foehn y el hombre que ha mantenido a flote la marca desde sus inicios en 2001. Una generosa muestra de su catálogo está disponible en el CD (con 18 cortes; pueden escucharse debajo tres temas) que acompañó este informe de David Morán publicado en el Rockdelux 289 (noviembre 2010), cuando en Foehn estaban a punto de celebrar sus diez primeros años de singladura. Siguen con el mismo espíritu.

Si nos olvidamos por un momento del amor al arte, del romanticismo pelín suicida y de la pasión desaforada por la música, una discográfica, por muy independiente que sea, no deja de ser un negocio. Deficitario y ruinoso en la mayoría de casos, pero negocio al fin y al cabo. Y un negocio que, según cómo se mire, puede esconder mil y una trampas. “Hay mucha gente que vive de esto cuando los verdaderos protagonistas, los músicos, casi nunca pueden vivir exclusivamente de su música”, explica Marc Campillo, el hombre que actualmente mueve los hillos de Foehn, sello nacido en Barcelona hace diez años.

“Hay mucha gente que vive de esto cuando los verdaderos protagonistas, los músicos, casi nunca pueden vivir exclusivamente de su música”
(Marc Campillo)

Ni que decir tiene que para Campillo los grupos son lo primero, por lo que si ellos no consiguen vivir de su música, mucho menos los responsables del sello. O, mejor dicho, el responsable, ya que, tras casi una década surcando las aguas más experimentales de la música independiente estatal y arrimándose progresivamente al folk, el sello barcelonés se ha convertido en la experiencia de un único hombre. “Tengo 35 años, una hija y, cuando voy a una tienda de discos, me gusta comprar vinilos, por lo que el sello es un hobby. Te agobias por los grupos, sí, pero ellos también están aquí un poco por amor al arte; no hay interés económico”, explica antes de añadir que, aunque él sea quien toma las decisiones, a su lado siempre están Toni Ulled, director de la revista ‘Fotogramas’, y David Crespo, cabecilla de Balago.

Quizás suene exagerado hablar de una discográfica como un hobby. Máxime si de lo que hablamos es de una iniciativa que aterrizó en el underground barcelonés como un ovni y con las músicas imposibles de Balago, Úrsula y Apeiron como bandera; pero lo cierto es que, para Campillo, esa es la única manera de conseguir que Foehn siga existiendo. “Está claro: la música empaquetada tiene fecha de caducidad, y si no tienes dependencia económica no solo puedes trabajar con total libertad, sino que además te ahorras ciertas preocupaciones”, explica. Sin embargo, no siempre ha sido así, y basta con echar la vista diez años atrás, al verano de 2001, para ver que Foehn nació con vocación de sello tradicional. Por lo menos en lo relativo a las formas. “Cuando empezamos éramos seis personas, y tres incluso llegaron a intentar vivir de esto, pero con el tiempo se vio que era insostenible –reconoce Marc–. Los grupos y los discos tenían mucha repercusión, pero el proyecto era insostenible a nivel económico. Hicimos mucho ruido en nuestros inicios, pero la cosa no podía seguir asi”.

 
Foehn, La resistencia silenciosa

Balago: el principio.

 

Marc confiesa que, más o menos hacia la mitad del trayecto, la compañía estuvo a punto de desaparecer, por lo que se hacía necesario un cambio de rumbo y de mentalidad. ¿La nueva filosofía? Apostar por los grupos antes que por la promoción y olvidarse de los balances de gastos y las cifras de ventas. “Fue uno de los motivos para que yo continuase con el sello. No me quería preocupar si vendía tres o tres mil copias de un disco”, explica mientras, una vez más, se deshace en elogios hacia sus grupos. “Ellos son los principales artífices de todo esto. Las ganas que le ponen, cómo se promocionan...”.

“Que sean grupos con sensibilidad y buen gusto. Sé que nunca voy a sacar un grupo ‘clásico’ de pop o de rock. De hecho, no puedo sacar todo lo que me gustaría, pero no es lo mismo trabajar con un grupo de pop que necesita grabar en un estudio que con Balago o Emilio José, que se lo graban en casa con el ordenador”
(Marc Campillo)

Y echando un vistazo a un catálogo en que conviven las brumas atmosféricas de Balago, el pop artesanal y chatarrero de Emilio José, el slowcore a cámara lentísima de Úrsula, la retorcida canción de autor de Marina Gallardo y el pop oscuro de Blacanova, uno se pregunta qué diablos debe tener un grupo, más allá de hacer música fuera de la norma, para llamar la atención de la discográfica. O, mejor dicho, de Campillo, que es quien decide lo que entra y lo que no. “Simplemente, que sean grupos con sensibilidad y buen gusto –aclara–. Sé que nunca voy a sacar un grupo ‘clásico’ de pop o de rock. De hecho, no puedo sacar todo lo que me gustaría, pero no es lo mismo trabajar con un grupo de pop que necesita grabar en un estudio que con Balago o Emilio José, que se lo graban en casa con el ordenador”.

“Más que como sello, me veo como una plataforma para grupos que suelen ser los últimos de la cola”, apunta Marc. Se ve tan poco como un sello al uso que confiesa no tener contrato discográfico con sus grupos. “Quizás suene demasiado romántico, pero es así”. Lo que sí que tiene es contrato editorial, en el que, asegura, está gran parte del negocio de la industria musical. “La música empaquetada está muerta –insiste–, por lo que ahora todo el mundo tira hacia el ‘management’ o los derechos editoriales”.

Siguiendo esa filosofía y tras publicar algo más de una treintena de referencias, sus grupos parecen haberse especializado en abrirse huecos en el mercado audiovisual –“rara vez estamos en festivales, por lo que las películas y los documentales nos sirven de plataforma”, explica–. Ese es el camino, y por lo que respecta a Campillo sobre el futuro, él mismo arroja la idea de que no será de los que lloren el día que la industra discográfica se vaya definitivamente a pique. “Tal y como lo tengo montado, la industria me da lo mismo. Parece que ahora la gente lo quiere todo cuanto más masticado mejor, que todo sea McDonald's y H&M, por lo que me da bastante igual lo que pase a nuestro alrededor”, asegura.

 
Foehn, La resistencia silenciosa

El misterio Apeiron.

 

FOEHN: DÉCIMO ANIVERSARIO

01 BLACANOVA “Serie B”

Empieza a sonar la guitarra y uno casi se espera que de repente aparezca Bono, pero no: Blacanova beben de otras fuentes y en cuanto la distorsión empieza a hacer de las suyas queda claro que lo que mejor se les da es buscar el diálogo entre My Bloody Valentine y The Cure y acabar sonando como una versión goth y ruidosa de La Buena Vida.


02 MARINA GALLARDO
“Smile”

Si uno cierra los ojos es capaz de imaginarse a Marina Gallardo recostada junto a una pradera y rasgando juguetona su guitarra. La única pega es que, por más que esa voz aniñada y con un algo de Stacey Earle pueda sugerir lo contrario, lo de la gaditana no es ningún juego, sino algo muy serio. Folk de autor deliciosamente arreglado y ejecutado por una de las grandes cantautoras del momento.


03 POOMSE
“The Lost Years”

Además de dar salida a bandas situadas más allá de cualquier estilo, en Foehn siempre han tenido una especial debilidad por el folk y la canción de autor más o menos ortodoxa. Una buena prueba de ello es el primer trabajo del mallorquín Llorenç Rosselló, un trovador se diría que de la vieja escuela que se mueve con soltura y sensibilidad por el terreno que separa a Will Oldhan de Red House Painters.

Poomse: “The Lost Years” (de “Tomorrow Will Come & It Will Be Fine”, 2010).

04 BALAGO “Esperant el retorn”

Balago no escriben canciones, sino estados de ánimo. Y no solo no necesitan palabras para hacerlo, sino que consiguen dejarnos a nosotros mudos ante su habilidad para construir pequeños mundos y envolverlos con ritmos narcóticos, atmósferas envolventes y pinceladas de ambient cegador. Recuperado el formato trío, los de La Garriga vuelven a las andadas.


05 GAF
“Alien Love”

Hiperactivo e inquieto como pocos, el colectivo liderado por Mladen Kurajica y afincado en Tenerife sigue buscando nuevas soluciones a las viejas preguntas y, si en “GAF & The Love Supreme Arkestra” (2010) coqueteaba con el jazz espacial, este “Alien Love” adelanta que su próximo trabajo bien podría ser un mano a mano entre krautrock dislocado y rock grasiento y atiborrado de fuzz. La cosa promete.


06 VANOVA
“Bushy Beard Chris”

Hay canciones que no tienen más secreto que lo que se ve a simple vista; canciones cálidas y pausadas en las que refugiarse durante un par de minutos y olvidarse de que el mundo sigue girando; canciones como las que escriben desde Sitges Jordi Moncho y Ferran Vilanova, un dúo capaz de extraer toda la belleza del folk para inyectarla en canciones como esta.


07 EMILIO JOSÉ
“Rio Grande do Sul”

De Galicia a Brasil pasando por el pop fuera pistas, Emilio José da la vuelta al mundo en tres minutos y medio y aún le sobra tiempo para entretenerse con una suerte de improvisación jazzística que convierte una única pieza en dos o tres diferentes. Y todo sin salir de casa y se diría que sin despegarse del ordenador. Un fenómeno. De verdad.


08 SUMA
“Lightness”

Lejos de Manta Ray y con la compañía de Laura Clark, Frank Rudow viaja al medio de ninguna parte para tratar de anudar la pulsión del folk norteamericano con la tradición europea. Él pone la base y Clark, con su sedosa y cautivadora voz, se encarga de que uno acabe encantado de estar ahí parado, “In The Middle Of Somewhere”.

Suma: “Lightness” (de “In The Middle Of Somewhere”, 2009).

09 Café Teatro “Lana”

A los de Zarautz les cuesta arrancar –la guitarra camina a tientas y en solitario durante más de dos minutos–, pero en cuanto se ponen manos a la obra ya no hay quien los pare: trompetas estilizadas, ritmo como de carromato oxidado, pespuntes de guitarra a caballo entre el folk y el jazz... “Lana”. O cómo explicar un mundo sin necesidad de palabras.


10 INHABITANTS
“Bright As The Sun”

Son el grupo más rock de Foehn, y no va a ser “A Time For Giants” (2009) el disco que vaya hacernos cambiar de opinión. Es más: después de dos trabajos tanteando las raíces y la música norteamericana, la banda de los hermanos Vassallo suena aquí tan profunda como arrebatadoramente clásica.


11 EL GOS BINARI “Hoy me siento Jeff”

Que el folk es un juego de niños es algo que el catalán Jordi Tost sabe a la perfección. Y si no lo sabe, lo disimula muy bien con canciones que, como “Hoy me siento Jeff”, parecen retroceder a la infancia para desparramarse entre loops, travesuras acústicas y coros de parvulario. He aquí un niño grande disfrutando desde su álbum de debut.


12 TEN THOUSAND ISLANDS “My Dear Loved Green Place”

No contento con trazar el inquietante mapa sonoro de Balago, David Crespo se alió en 2007 con Maria Monferrer para crear Ten Thousand Islands y dar forma a delicadezas como “My Dear Loved Green Place”, bisagra que conecta la canción de autora desgarrada con la electrónica de laboratorio. Y no, no es folktrónica.


13 APERION
“Crépitation”

Si no es uno de los estribillos más extraños que ha dado el pop estatal en los últimos diez años, poco le falta. “A-a-a-a-alucinación”, canta Belén Rodríguez mientras una base traviesa y chirriante se esfuerza por no salirse de los raíles y los gallegos inventan casi sin querer la indietrónica rústica en un disco de culto.

Apeiron: “Crépitation” (de “Todo sigue intacto”, 2002).

14 BEDROOM “El suro de l'amo”

“Yo no veo nunca nada, confundo el mar con el horizonte”, canta Albert Aromir con esa voz de barítono que, a un paso de Bill Callahan, arrastra “El suro de l’amo” por el suelo y le da un nuevo empujón a ese folk de derrota en el que las canciones casi siempre acaban mal. Ni siquiera la trompeta consigue levantar el ánimo de un cantautor que suena aquí tocado y hundido.


15 TANNHÄUSER
“Temporal”

El rock después del rock después del... ¿Se acuerdan? Las atmósferas acuosas, los furiosos crescendos instrumentales, las guitarras trazando bucles infinitos... Habrá quien diga que el post-rock fue cosa de la década pasada, pero aquí están Tannhäuser para demostrar que no solo se acuerdan, sino también que son capaces de explicarlo conjugando tensión y calma y firmando un final explosivo que incluso recuerda a Arcade Fire.

16 LUCIUS WORKS HERE “Memory Stick”

Puede que no sea necesario llevar una de las tiendas de discos más veneradas de Barcelona para acabar creando un disco como “Un mapa del alma” (2008), pero seguro que a Shakira Benavides le ha venido que ni pintado para animarse a explorar la electrónica doméstica y vestirla con elegantes y satinados ropajes de hip hop como el que luce “Memory Stick”. Memoria musical y, sobre todo, sabiduría.


17 TAN LOW
“As Usual”

Pablo Martínez Merino se abonó a la derrota con el álbum “El deuteragonista” (2002) y, desde entonces, su nombre se ha convertido en sinónimo del folk abatido y terminal. Canciones de tristeza oceánica que, como “As Usual”, no necesitan nada más que una guitarra y una voz herida para sondear la profundidad del dolor.


18 ÚRSULA “Detalles sin importancia”

Abanderados del slowcore patrio desde que debutaran con “La banda sonora de mi funeral” (2001), Úrsula no ha hecho más que muda de piel hasta llegar a “Mejor seguir al silencio” (2009), álbum con el que el proyecto de David Cordero se queda sin palabras ante el despliegue de atmósferas inquietantes y turbadores parcheados electrónicos.

  

 

CUATRO DISCOS DESTACADOS

Foehn, La resistencia silenciosa

BALAGO
“Erm”
(2001)

Fueron los primeros en llegar y los más rápidos a la hora de avistar cima y plantar la bandera del post-rock estatal en La Garriga (Barcelona). Alejados de casi todas las tendencias dominantes de la época, moldearon sin necesidad de palabras una angustia disfrazada de una nueva manera de entender la tristeza. Radicalmente instrumentales y haciendo palpables las mil veces manoseadas “bandas sonoras para películas imaginarias”, Guim Serradesanferm, David Crespo y Jordi Soldevilla aparecieron de la nada para demostrar que se podía combinar rock y electrónica que no sonase ni a rock ni a electrónica. Mezclando ambient, slowcore y post-rock y acomodando las guitarras en un inhóspito nido hecho con samples y secuenciadores, establecieron con “Erm” las señas de identidad de Foehn: música radicalmente expresiva y alejada de cualquier margen sonoro. “La contraposión de hacer música totalmente antipopular y acabar llegando a los medios de comunicación”, explica Campillo. 

 

Foehn, La resistencia silenciosa

APEIRON
“Todo sigue intacto”
(2002)

Aún hoy, el primer trabajo de esta banda gallega sigue siendo una bendita y sorprendente anomalía. Y es que pocas veces el adjetivo artesanal ha sido tan apropiado para definir un trabajo de pop desenfocado y contrahecho en el que unos botes de Cola Cao hacen las veces de cajas de ritmos, las canciones avanzan entre las costuras de los samples y el pop electrónico versión indietrónica se transforma en algo deliciosamente doméstico. “Creo que es el grupo del que más veces me han preguntado cuándo iba a salir el segundo disco”, explica Campillo sobre una banda que, en un mundo más justo, acapararía actualmente todos los elogios que se derrochan en formaciones como Delafé y Las Flores Azules. Instalados en esa bisagra en la que el pop sabe sonar experimental sin perder su identidad, picoteando del spoken word y blandiendo una magnética poesía de lo cotidiano, los gallegos abrieron una ventana que sigue todavía abierta.

 
Foehn, La resistencia silenciosa

MARINA GALLARDO
“Working To Speak”
(2008)

Empieza “X Song” y lo primero que le viene a uno a la cabeza es el desgarro eléctrico de la primera PJ Harvey, pero Marina Gallardo tiene muchos más conejos escondidos en la chistera. Convertida en la pieza de enganche que le faltaba a Foehn para conectar con esa nueva generación de oyentes con los radares orientados hacia la canción de autor indie, la gaditana aporta luz y dulzura a un catálogo repleto de recovecos oscuros e instrumentales. Empapada de las formas clásicas del folk de autores como Bill Callahan y Will Oldham, Gallardo pasea por la cuerda floja de la música norteamericana con la naturalidad de quien ha estado haciéndolo toda la vida. Acompañada por Remate, Paco Loco y Fernando Cañas, la autora de “Stones” se estrenó con un flamante rayo de sol que, aunque haya sido superado posteriormente por “Some Monsters Die And Other Returns” (2010), se antoja indispensable para entender la historia reciente del sello barcelonés.

Foehn, La resistencia silenciosa

EMILIO JOSÉ
“Chorando apréndese”
(2009)

Con los tiempos que corren en la industria discográfica, que alguien se atreva a debutar con un doble CD que parece recién llegado de los anillos de Saturno ya dice mucho de la disposición de su mobiliario mental. Por si acaso, en su estreno como solista, “Chorando apréndese”, el Apeiron Emilio José no escatima recursos ni referencias para dejar constancia de su insobornable inquietud –por no decir chaladura– en un trabajo que conjuga casi todo lo imaginable –y ahí entra desde pop marciano hasta hip hop, pasando por psicodelia artesanal, tropicalismo chatarrero y unas letras que le hincan el diente con rabia a la actualidad– para acabar dando forma a un disparatado y asombroso collage de pop contemporáneo. “Está arrasando y además está muy convencido de lo que hace. Solo así se entiende que en los conciertos se quede como si nada cuando deja las canciones a medias. No busca agradar a la gente”, asegura Campillo.

 
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