Se necesita tiempo para observar. Foto: Òscar Giralt
Se necesita tiempo para observar. Foto: Òscar Giralt

Entrevista

Martí Sales: “No puedo salvar mi culo yo solo”

¿Y tú? ¿Tienes miedo a morir? Martí Sales no. “Hay gente a la que le da mucho miedo la muerte. Eso es porque les da mucho miedo la vida. Si vives plenamente, si estás entregado a la vida, no piensas en la muerte”. No sé cómo hemos acabado aquí. He quedado con el escritor, traductor y músico para hablar de “Descripció del món”, el poemario con el que ha ganado la última edición del premio Jocs Florals de Barcelona.

Sé que nos hemos encontrado con Martí Sales (Barcelona, 1979) en la plaza Gal·la Placídia, en el barrio de Gràcia (que recientemente ha abandonado para ir al bloque de pisos cooperativos de Vallcarca por el que hace años viene luchando). Luego me ha acercado hasta la lavandería en la que experimentó el momento epifánico –ese instante que en los dibujos animados ilustran tan bien colocando una bombilla iluminada sobre la cabeza del personaje– del que acabó surgiendo “Descripció del món” (Godall, 2026). De ahí, nos fuimos a la Plaçeta de Sant Miquel, pero había demasiado ruido. Hemos acabado sentados en un banco de la plaza Narcís Oller Bruniquer, justo al lado del busto del autor de “L’escanyapobres” (1884) que la preside.

No, no recuerdo qué nos ha llevado hasta aquí, pero tal vez tiene todo el sentido del mundo hablar de la muerte si es para celebrar la vida. Porque, particular ensayo en versos libres, su nuevo libro es una oda al mundo y, consecuentemente, una loa a la existencia como máximo ejercicio de rebelión contra el sistema. No, a Martí Sales, que habla con la pasión del militante irredento, con el derroche verbal del colega generoso que siempre saca la tarjeta para pagar la primera ronda, no le da miedo morir porque está demasiado ocupado viviendo.

La salvación nunca es individual

Antes que escritor, Martí Sales se considera lector. Dice que ha establecido su relación con el mundo a través de todas las horas acumuladas entre libros. “Después, con los años, he descubierto que la manera de devolver al mundo todo lo que me ha dado ha sido escribiendo”. Y entonces cita a Franz Kafka. Es uno de los muchos referentes a los que menta durante el rato que charlamos. No lo cita de forma académica, no con la pedantería del tertuliano que debe vestir docto su personaje, sino tirando del hilo, enriqueciendo el diálogo, como el que empieza mirando un vídeo en YouTube de Power Burkas y acaba con uno de Moğollar pasando por Meat Puppets y Thee Oh Sees. Bien, pues Kafka tiene una frase, una de sus favoritas, que dice: “En tu lucha contra el mundo, ponte siempre del lado del mundo”. El vínculo de una cosa con la otra lo desarrolla a continuación: “Si estamos aquí, es para rencontrarnos. Para vincularnos y para hacer cosas bonitas, no para imponernos relaciones extractivistas. Por eso, para mí escribir es devolver una parte de la belleza del mundo, como una forma de agradecimiento”. A consecuencia de ello, y el asunto se ha agudizado con los años, tampoco puede concebir la escritura desde un lugar aislado. No puede imaginarla desvinculada de su vida, de la vida de toda la gente que lo rodea y de todo lo que ocurre a su alrededor, entorno que también es nuestro: “Lo que ha sucedido es que en los últimos años ha habido una aceleración del realismo capitalista y del individualismo neoliberal que ha deteriorado las relaciones entre la gente de una manera brutal. Yo no podía escribir sin responder a eso”.

Compromiso con la vida. Foto: Òscar Giralt
Compromiso con la vida. Foto: Òscar Giralt

“Descripció del món” es su ejercicio de contrapropaganda. Una respuesta al dogma de cómo se supone que tenemos que relacionarnos con el mundo. “Desde pequeños nos inculcan aquello tan yanqui del ‘mind your own business’. Es decir: ocúpate de lo tuyo, consigue lo que tú quieras y nunca hagas nada con los demás o por los demás. Todo se convierte en una relación interesada”. Frente a esa idea tan perniciosa, en sus versos nos propone ubicarnos en el otro extremo. “Es una manera de entender la vida que tiene que ver con todo aquello que no se hace para conseguir algo, sino con todo lo que se hace simplemente porque estamos aquí. Todo lo que hacemos por el bien común. No puedo salvar mi culo yo solo. La salvación nunca es individual, siempre es colectiva. Así que ayudémonos y hagamos que las cosas sean más bonitas, porque tenemos toda la capacidad para hacerlo. Si miras la historia de la humanidad, verás que es una historia de cooperación, una historia de ayuda mutua. No es solo la historia que nos han contado: guerras, sometimiento, imperios, esclavitud y horror. Todo eso ha existido, pero también ha existido lo otro”. En tu lucha contra el mundo, ponte siempre del lado del mundo.

“Tengo muy claro que mi escritura es completamente ajena a la lógica del mercado y del dinero. Escribo sin pensar ni por un instante si voy a vender un libro, trescientos o tres mil... Si renunciara a esa libertad, escribiría otro tipo de libros: los que escribe mucha gente, centrados en un tema concreto y desde la autoficción, que es lo que actualmente vende”

Nota: Martí Sales nos recomienda leer “El amanecer de todo” (Ariel, 2022), el ensayo escrito a cuatro manos por el antropólogo David Graeber y el arqueólogo David Wengrow en el que repasan la historia de la humanidad cuestionando todo lo que se nos había enseñado hasta ahora. “Un libro que nos lleva a preguntarnos constantemente a quién le conviene que creamos que somos así y que solo podemos vivir de esta manera, aferrados a la propiedad privada y a un trabajo que nos esclaviza durante horas y horas cada día”.

Haciendo otras cosas

Martí Sales ha publicado siete libros, tres de ellos poemarios, cada uno de estos últimos están separados por una década: “Huckleberry Finn” (Moll, 2005), “La cremallera” (Males Herbes, 2016) y este “Descripció del món”. Dice que necesita tiempo para observar, y que no tiene casa ni propiedad alguna. “Supongo que, si viniera de una familia con pisos y yo también tuviera uno, probablemente habría escrito el doble. Pero me paso el día haciendo cosas que no son escribir para poder pagar la luz. Es una cuestión económica y de estructura laboral. Cuando eres autónomo tienes que buscarte la vida donde sea. Acabas dedicando las horas a trabajos bastante mal pagados, aunque al menos sean trabajos que te gustan”. Esa ha sido su elección. “De todos modos, tengo muy claro que mi escritura es completamente ajena a la lógica del mercado y del dinero. Escribo sin pensar ni por un instante si voy a vender un libro, trescientos o tres mil”. Asegura que le da exactamente igual. “Evidentemente, si vendo treinta mil ejemplares, se traduce a muchos idiomas y puedo pasar los próximos diez años viajando y escribiendo, maravilloso. No diré que no”. Pero Martí Sales no escribe, las dos horas que se pone cada tarde tras merendar pan con vino y azúcar, buscando eso. Y esa actitud le da una enorme libertad, tanto creativa como vital. “Si renunciara a esa libertad, escribiría otro tipo de libros: los que escribe mucha gente, centrados en un tema concreto y desde la autoficción, que es lo que actualmente vende”. Su perspectiva es diametralmente opuesta, él observa lo que se publica para hacer otra cosa. “Los grandes grupos editoriales estudian el mercado. Ven qué funciona y piensan: ‘Esto es lo que ahora mismo se lleva’. Y no lo hacen mal, al contrario, lo hacen bien y les funciona. Pero para mí eso no es la literatura. Mi proceso creativo es justamente el contrario. Eso sí, Dios me libre de juzgar a nadie. Yo simplemente hago otra cosa”.

Otra cosa que ha sido reconocida con el premio Jocs Florals de Barcelona 2026. “Cuando terminé ‘Descripción del món’ pensé que había escrito algo infumable que no gustaría a nadie. Me parecía una locura. Estuve bastante agobiado hasta que se lo envié a cinco personas y esperé a que lo leyeran para decirme si aquello tenía sentido fuera de mi cabeza. Cuando empezaron a decirme que sí y que les había gustado mucho, fue un alivio enorme. Porque puedes ser tu propio crítico hasta cierto punto, pero llega un momento en el que estás tan metido dentro del proceso creativo que ya no eres capaz de juzgarlo. Y yo estaba exactamente en ese punto cuando terminé el libro”. Luego llegó el premio, que lo celebró como una fiesta mayor con todos los amigos y la familia. Para Sales fue la otra cara de todos esos años llenos de momentos de impotencia. “Está muy bien celebrar cuando las cosas salen bien. Fue una alegría porque, como decía, si miras lo que se lee, lo que se escribe y lo que se publica, parece que todo tenga el mismo color. Cuando escribes algo que va completamente por otro camino y, aun así, recibe un reconocimiento, no solo lo vives como una alegría personal, sino también como alguien que forma parte de este ecosistema cultural. Piensas que todavía hay esperanza”.

Hay esperanza. Foto: Òscar Giralt
Hay esperanza. Foto: Òscar Giralt
El día de la entrega del premio, Martí Sales se presentó en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona repartiendo octavillas animando a los asistentes a participar de la lucha del barrio de Vallcarca contra la gentrificación y colaborar económicamente para que los vecinos puedan hacer frente “a las desproporcionadas multas derivadas de la persecución policial a la que los somete el actual consistorio, mientras afirma que el eje principal de su programa es el derecho a la vivienda”. Posicionamiento irrenunciable a favor del derecho a un hogar digno en una ciudad que no tiene remordimientos por expulsar a sus habitantes, que no calló en los agradecimientos de su discurso de aceptación del galardón. “Xavier Marcé (se refiere al concejal de Cultura e Industrias Creativas del Ayuntamiento de Barcelona) tenía que escuchar unas cuantas cosas. Bueno, él y el consistorio en general. Fue bonito. Como dice aquel meme: ‘Si saben cómo me pongo, ¿pa’ qué me invitan?’”.

Ahí para siempre

Más allá de su faceta como escritor, Martí Sales fue el cantante de Els Surfing Sirles, banda de culto de la escena musical underground catalana. Tras publicar tres discos, pusieron fin a su trayectoria en 2013, tras la muerte de su guitarrista, Uri Caballero. Ese mismo año Sales participó en Convergència i Unió, proyecto en el que lo acompañaban Maria Rodés y The New Raemon. Desde entonces se le ve en todos lados, pero muy pocas veces sobre el escenario. “Solo mis colegas se acuerdan de que fui el cantante de Els Surfing Sirles, aunque soy consciente de que la gente nos sigue escuchando y eso me hace muy feliz, porque pienso que aquellas canciones que hicimos ya están ahí para siempre. Y eso es muy bonito. Yo me he pasado la vida escuchando canciones escritas hace muchísimos años, en cualquier rincón del mundo. Que haya algo que yo haya hecho que forme parte del imaginario y la alegría musical de la gente a la que le gusta la música es fantástico”.

“Solo mis colegas se acuerdan de que fui el cantante de Els Surfing Sirles, aunque soy consciente de que la gente nos sigue escuchando y eso me hace muy feliz, porque pienso que aquellas canciones que hicimos ya están ahí para siempre. Y eso es muy bonito”

Pese a no ejercer un rol activo, Sales sigue estrechamente vinculado a la escena. “Tocar terminó en 2013. Pero igual que no podría vivir sin leer, tampoco podría vivir sin la música. Sigue siendo un pilar absoluto en mi vida. Y sigo muy vinculado a la gente que organiza conciertos y a toda esa comunidad de la que todavía me siento parte”. De hecho, lo podemos escuchar en un par de discos, ya que ha colaborado en dos temas del inminente álbum del dúo de electrónica b1n0 y también ha grabado dos canciones en el proyecto de “Durruti, t’estimo”, la aventura en la que se han embarcado Joan Colomo y Guille Caballero, compañero de Sales en los Sirles. “Esto me ha hecho especial ilusión, porque son mi familia”. ∎

Poesía a contracorriente

“Descripció del món”
(Godall, 2026)

Recuperar la poesía como una forma de intervenir en el mundo, esa es la lectura que he sacado de “Descripció del món”, el nuevo poemario de Martí Sales. Obra a contracorriente, libre de toda tendencia para refugiarse justo en el extremo opuesto de lo que se espera, dividida en seis cantos de versos libres –sus barras solo podían ser así, anárquicas–, con la que el escritor ha obtenido el premio Jocs Florals de Barcelona 2026.

Es un libro escrito desde el yo por estar atravesado por una experiencia profundamente personal, pero con la amplitud de lo colectivo y comunitario como campo de visión y punto de fuga. Tampoco es exactamente un ensayo en verso, aunque Sales piense constantemente. Es una manera de estar en el mundo.

El autor lleva dos décadas escribiendo poesía o, al menos, publicándola: seguro que la pulsión y los primeros versos se remontan a mucho antes. Entre “Huckleberry Finn” (Moll, 2005), “La cremallera” (Males Herbes, 2016) y este nuevo libro media casi una década de distancia entra cada uno de ellos, un tiempo que el autor reivindica como parte del propio proceso creativo: observar antes que escribir.

No es que a Martí Sales no le dé la vida. Lo que le sucede es que observar –como nos recuerda en esas “Endreces” con las que concluye el libro, esas últimas páginas en las que pone orden a las ideas, referencias y préstamos que nutren el poemario– cuesta más que pensar. Una observación que realizó el homenot Josep Pla y que Sales, que vivió el instante en que prendió la llama de “Descripció del món” viendo pasear a una señora mientras esperaba frente a una lavandería a tener la ropa limpia, hace suya.

Eso y que el poeta barcelonés es un enamorado de seguir enamorándose y continuar jugando. Y de todo eso va “Descripció del món”. De observar, contemplar y mirar, jugar y enamorarse con lo que nos rodea –a él, a nosotros, a todos; por fuera y por dentro: de las nubes a los pensamientos, de las piedras a los posicionamientos– para, sin estructura pero con una irrefrenable belleza abstracta que te atrapa en sus vocablos, acabar convirtiéndolo todo en propuesta e ideología vital sin dogmas ni credos.

Dice Sales que el mundo le ha dado mucho a través de la lectura y él ha intentado devolverlo con estos versos. Suertudos nosotros que, aunque sea un disfrute egoísta, podemos gozarlos. Leedlos, leedlos en voz alta como si estuvierais cantando una canción de Els Surfing Sirles y luego compartid. Os sentiréis mucho mejor. Es un primer paso. La vida da para eso y mucho más. ∎

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