El 7 de enero de 2025, el incendio Eaton entró en Altadena, al norte de Pasadena; en tres semanas arrasó 9413 edificios, mató a diecinueve personas y se llevó por delante la casa de la familia de Lorely Rodriguez, la cantante y productora angelina de familia hondureña que firma como Empress Of. Su madre, Reina, se puso al frente de la reconstrucción como contratista, y “Dream House” deja constancia de esa obra a través de grabaciones de campo mezcladas con composiciones propias. Lo abre “Wild Storm”, una canción que Rodriguez había escrito años antes del incendio y que recuperó después, cuando su letra sobre perderse en una tormenta y sentirse en casa en mitad de ella tomaba otro significado; arranca con cuerdas en vez de sus sintetizadores habituales, que crecen sobre un fondo de pájaros hasta desembocar en un pasaje orquestal. En otoño de 2025, Empress Of había reaparecido con “Blasting Through The Speakers”, un house-pop de bombo a negras que apuntaba a un disco de pista; sin embargo, esa canción se quedó fuera, y el disco acabó con más cuerdas y piano que ritmos de club.
Altadena es uno de los barrios de Estados Unidos con más propietarios negros, porque en los sesenta y setenta sus calles del oeste, marcadas por los bancos como zona de riesgo, fueron donde familias negras y latinas pudieron comprar casa cuando otros barrios no se la vendían. El fuego destruyó o dañó casi la mitad de esos hogares, y de las 241 parcelas quemadas que se vendieron en los nueve meses siguientes, más de la mitad acabaron en manos de promotoras. Sin embargo, Reina ha reconstruido la suya en vez de vender el solar, e igual que la familia decide hacer frente a los especuladores, tampoco suelta su herencia: “Nunca tuve miedo” está recitada en español, y la voz de su madre recorre los interludios. A la vez, “Trainsong” estira la idea de hogar hasta otras ciudades: “Quiero sentirme como en casa dondequiera que vaya (…) quiero estar en París, en el otoño de Nueva York”.
En “We Have Walls”, Reina repasa el calendario de la obra sobre un piano: “Para finales de diciembre, toda la estructura estará terminada”. Es música concreta en el sentido más literal, y entre esas piezas cortas, que funcionan como pasillos, se abren las habitaciones. En 1998, Matthew Herbert armó un disco de house, “Around The House”, con lavadoras, tostadoras y cepillos de dientes convertidos en ritmo, y Björk llenó “Vespertine” (2001) de ruidos domésticos bajo cuerdas y cajas de música. Empress Of usa la obra de su casa de las dos maneras, como inspiración y como objeto en sí mismo, y le añade varias capas heredadas del R&B: entre ellas, meter entre canción y canción la voz de alguien cercano hablando sin música, como hizo Frank Ocean en “Blonde” (2016). En “Dream House” esa voz es la de Reina contando cómo avanza la obra.
Su R&B es aquel que proviene de la rama más electrónica: medios tiempos con caja de ritmos, sintetizadores y una voz aguda y ligera en lugar de los melismas noventeros. “Blue Light”, con Blood Orange, tira del synth-soul ochentero que él lleva años recuperando; el tema titular apoya la voz sobre un ritmo lento y quebrado, y “SYW”, con Cecile Believe, coautora y coproductora de buena parte del álbum, arranca comparando un desplante amoroso con una catástrofe natural y se va hacia el EDM de festival. “Missing Out On”, sobre el miedo a cruzarse con conocidos cuando ya no tienes casa, se deshace como un archivo corrupto, con la voz y los sintetizadores troceados, hasta que solo queda la lluvia, que en un disco nacido del fuego suena a alivio. Frente al bombo a negras de aquel single, aquí pesan más las cuerdas, el piano y los huecos entre canción y canción.
Escuchado de principio a fin, el disco se recorre como una casa, y al final se oyen los pasos de Reina entrando en la vivienda terminada (“Welcome To The House”) justo antes del tema titular. Empress Of lo presentó el 30 de septiembre en el Music Hall de Williamsburg, una sala de Brooklyn que cierra porque el edificio se ha vendido a un promotor inmobiliario, la misma razón que amenaza a Altadena. ∎