
Su obra cumbre y, sin duda, uno de los discos imprescindibles del último cuarto de siglo XX en España (Rockdelux lo escogió en 2004 entre los 100 mejores álbumes nacionales del siglo: en el puesto 59). Fruto de una conjunción astral entre Víctor y Ramón Godes, el álbum de debut de Los Coyotes discurre entre guitarras que parecían convocar a Link Wray, Bo Diddley, Armando Tito, Scotty Moore y Lucho González. Baladas conmovedoras, ruidoso tex-mex, rumba sabrosa y dos esplendorosas versiones –el calipso “El mono”, su visión de “Monkey” del jamaicano Lord Flea, y la arrolladora coladeira “Lenga-Lenga” del caboverdiano Henrik Lanjele– en un disco sin desperdicio.

El segundo álbum de Los Coyotes fue un disco tristemente incomprendido. Envuelto en una reconocible foto en blanco y negro de Alberto García-Alix, y como siempre a contracorriente, el disco era como un tirar piedras a su propio tejado y contra sus fans. Pero es una joya absoluta y un disco adelantado a su tiempo, en el que caben desde su revisión latina de Prince (“La estación del amor” o “Razas”) hasta una balada erótico-marciana en onda cold wave a lo John Foxx (“Muy macho, muy lanzado, muy caliente”) o incluso un cruce imposible entre Devo y los Stray Cats (“El hijo del rocker”).

El título completo del libro es bastante elocuente. Se trata de una visión muy personal del Madrid de la movida a través de una serie de relatos, que se debaten entre la realidad, la ficción y la autoficción, con reflexiones del autor sobre aquellos años y episodios divertidísimos como el posible romance entre Víctor y Alaska, la afición de Poch por la biología o el enfrentamiento constante entre Víctor y Santiago Auserón, quien supuestamente le robó su pasión por la música latina, con la que triunfó Auserón y él no, todo ello tratado desde la ironía y no desde el resentimiento. El libro fue reeditado por Autsider Cómics en 2025, con distinta portada y un nuevo epílogo con la perspectiva que dan los años transcurridos.

O de cómo un gallego de Tui llegó a convertirse en cronista de la Villa y Corte. Es una lástima que Víctor Coyote no se prodigara más como dibujante de cómic porque sin duda fue uno de los más singulares de nuestro país, dueño de un estilo muy personal y reconocible. Aquí reúne sus páginas dibujadas para la revista ‘eme21mag’, impulsada por el Ayuntamiento de Madrid con el ánimo de recuperar el espíritu de la mítica revista de cómic ‘Madriz’. En estas páginas Víctor sintetiza la vida madrileña desde un punto de vista neocastizo: desde el desfile del Orgullo hasta los conciertos de Los Caballitos de Düsseldorf, pasando por el carnaval, la arquitectura de la ciudad o la vida que bulle en bares, parques y piscinas.

Un bellísimo disco recopilatorio de toda su etapa en solitario, que incluía también, a modo de insospechado epitafio, un resumen de su excepcional actividad cartelística. El disco, que reunía a muchos de los músicos que lo han acompañado en esta etapa, incluía un tema inédito (“Así me tratan ahora”), además de sus increíbles versiones de “Havemos de ir a Viana” de Amalia Rodrigues, “Puerto Rico en el corazón” de Mort Shuman y “Ego o Xenos” (aquí “Yo, el extraño”) de Stratos Dionisiou (composición del griego Takis Mousafiris) y temas icónicos como “Joven de cuello vuelto”, “Cumbia de milagro” o “Jaguarundi”, que son, como sugiere el subtítulo del disco con el humor y la ironía que lo caracterizaron, “lo que podríamos llamar sus éxitos”. ∎