“Spiral Scratch” (1977), el primer EP de los Buzzcocks, confirmó que había espacio para una industria artesanal alternativa. En enero de 1977, el grupo de Mánchester demostró que se podía hacer todo por cuenta propia y vender 15.000 copias. En el prólogo del libro colectivo “Teen Spirit. De viaje por el pop independiente” (Reservoir Books, 2004; coordinado por Javier Blánquez y Juan Manuel Freire), el periodista musical británico Everett True pone en ocho palabras lo que es el indie: “Libre del control en la acción y económicamente”. Y en algunas más, lo que no es: “Una banda de cuatro chicos, principalmente caucásicos, en sus primeros veinte, con debilidad por las películas en blanco y negro y las guitarras distorsionadas”. El mantra de los haters de lo indie reza que no es político, pero la independencia implica construir estructuras fuera de la cultura dominante. Y eso es política.
Lo de Rough Trade, además, no solo era implícito, sino también explícito. Sus miembros procedían de la izquierda radical socialista y de colectivos de izquierda, estaban metidos en la revista semanal de arte ‘City Limits’ (1981-1993) y el sello se involucró de lleno en movimientos como Rock Against Racism, que operó en el Reino Unido durante la segunda mitad de los setenta y principios de los ochenta como reacción ante el ascenso de la ultraderecha y el incremento de la violencia racista en las Islas Británicas. En la cultura global de la época, con el ascenso de la nueva derecha ochentera, la idea de poner en marcha una cooperativa ya implicaba contraposición a lo establecido.
El 20 de febrero de 1976, Geoff Travis abrió una tienda de discos en un local barato en el 202 de Kensington Park Road, en Londres. La tienda fue más que un simple comercio. Allí se socializaba, se leían fanzines y se escuchaba dub-reggae atronador en un equipo de sonido jamaicano de segunda mano. Estaba situada en una zona que entonces suponía una verdadera alternativa económica, llena de inmigración caribeña, casas okupas y pasado hippie. Ladbroke Grove fue el barrio en el que florecieron grupos de protohard rock psicodélico como Hawkwind y Pink Fairies.
La idea de crear un espacio que se asemejara a un centro cultural antes que a una tienda la importó Travis de los Estados Unidos. Graduado en la universidad de Cambridge, de aspecto desaliñado, peinado afro y voz suave, un día decidió, acabada la universidad, visitar a una antigua novia en Canadá y desde allí viajar en autostop partiendo de Chicago hacia San Francisco. Por el camino compró en las tiendas del Ejército de Salvación montones de discos a 25 centavos o un dólar. “¿Qué vas a hacer con todos estos discos?”, le preguntaban habitualmente. Fascinado por lo que había vivido en la librería City Lights que Lawrence Ferlinghetti había fundado en San Francisco en 1953 –poder tirarse horas leyendo a los beatniks y a los poetas del grupo Black Mountain sin que nadie le pusiera de patitas a la calle–, exportó la idea y también esos discos a su ciudad.
La política musical y el espíritu de comuna diferenciaban a Rough Trade del resto de tiendas londinenses. Tenía un nombre apropiado –rough trade es jerga inglesa de índole sexual y así se llamaba el grupo canadiense de rock nada convencional liderado por Carol Pope– y su particular alianza punk-reggae marcó los primeros pasos de la casa. Se especializó en importaciones de música jamaicana y de artistas estadounidenses, y despegó con el punk en el verano de 1976. Organizó actuaciones de Ramones y Talking Heads, detrás de su mostrador despacharon miembros de The Raincoats o Swell Maps y Patti Smith figura en lo alto de la lista de clientes influyentes. Además, la periodista musical y escritora Vivien Goldman –especialista en los sonidos que florecían en aquel Londres, amiga de Travis desde principios de los setenta y compañera de piso suyo en los ochenta– vivía cerca de la tienda, en el 154A de Ladbroke Grove. En Rough Trade no solo se vendían discos, también se podía encontrar el fanzine neoyorquino ‘Punk’ y ejemplares del ‘London’s Outrage’ del periodista musical Jon Savage, además de publicaciones como ‘Sniffin’ Glue’, ‘White Stuff’ o ‘Ripped & Torn’.
La eclosión de Rough Trade coincidió con la de otros sellos británicos como Mute o Factory, que adoptaron una actitud frontal contra la industria musical. Ni siquiera enviaban copias promocionales a la prensa para no seguir el juego del sistema. Si Rough Trade encarnaba el eclecticismo post-punk, Mute era la explosión futurista de la electrónica, y Factory la celebración de Mánchester y su estética. Y todos convivían con otros sellos fundamentales para el desarrollo de la escena londinense de mediados-finales de los setenta, como Chiswick, Stiff y Beggars Banquet. Disqueras como Cherry Red, Fast Product o Fetish darían sus primeros pasos un poco más tarde, a partir de 1978.
Cuando Rough Trade nació, había una docena de sellos independientes en el Reino Unido; al final de la década, alrededor de 800. El sello rechazó regularmente grupos muy comerciales y exitosos simplemente porque no encajaban en los gustos de quienes lo dirigían. Enseguida incorporó a grupos como Pere Ubu, que sonaban muy adelantados a su tiempo. Y The Cartel, la red de distribución independiente de la que formaba parte junto a otros sellos independientes del país, encajaba a la perfección con el ideal Rough Trade de control cooperativo.
Pero el gran salto llegó desde Francia cuando un grupo de punk, Métal Urbain, se presentó con una cinta que nadie quería publicar. Travis lo hizo con el single “Paris Maquis” (1977). Había nacido el sello Rough Trade. Su primera referencia fue para ese cuarteto francés. La segunda para Rockers All Stars, desde Jamaica. La tercera vino de Sheffield y fue el primer EP de Cabaret Voltaire. Y la cuarta procedía de Belfast, hogar de Stiff Little Fingers, a quienes publicó el single “Alternative Ulster” (1978).
Rough Trade explotó la diversidad de los discos que vendía. “Inflammable Material” (1979), estreno en largo de Stiff Little Fingers, fue número 14 en las listas y el primer disco independiente en vender 100.000 copias en Reino Unido, poniendo al sello en el mapa. Grupos como The Raincoats, Swell Maps, Essential Logic, Cabaret Voltaire, Young Marble Giants, Scritti Politti, The Fall, TV Personalities, The Pop Group, Kleenex-LiLiPUT o Delta 5 fueron apoyados editorialmente por Rough Trade con la voluntad de desafiar la industria pop convencional. Con los años, la nómina estadounidense incluiría a Galaxie 500, Mazzy Star, Camper Van Beethoven o Lucinda Williams.
Rough Trade nació con el sueño de fundar un sello sin más razón que publicar la música que gustaba a sus miembros. “Nuestra motivación era en realidad controlar nuestro propio destino creando nuestros propios discos. No nos interesaba unirnos a los sistemas ya existentes, sino seguir con nuestra labor artística y convertirnos en una estructura independiente que te diera acceso al mercado sin tener que utilizar las rutas habituales”, explica Geoff Travis en el libro de Richard King “Freak Scene. Los chalados e inconformistas que crearon la música independiente, 1975-2005” (2012; publicado en España por la editorial Contra en 2018).
Los acuerdos de Rough Trade con los grupos eran simples y los términos cabían en un trozo de papel:
– Cláusula uno: Rough Trade y (...) acuerdan hacer discos y venderlos hasta que alguna de las partes o ambas partes esté en desacuerdo de forma razonable con el acuerdo.
– Cláusula dos: acordamos que una vez los costes de grabación, manufactura y promoción hayan sido deducidos, compartiremos el beneficio restante de forma equitativa 50/50.
Estos contratos se sumaban a una política de salario igualitario y estructura no jerárquica. Naíf en términos empresariales. “El hedonismo borra fácilmente la línea que separa el éxito del fracaso”, escribe el autor de “Freak Scene”. La contabilidad durante la expansión del sello y su distribuidora era una auténtica chapuza. El inicio de un larguísimo camino a la quiebra.
Y no, no lo había hecho. Geoff Travis se pasó el fin de semana escuchando compulsivamente la cinta que contenía “Hand In Glove” que Johnny Marr –guitarrista y compositor de The Smiths– le había entregado personalmente en la tienda. “Los sellos independientes son mucho más adecuados para nutrir el arte, la música, el caos y la belleza”, le dijo Travis a Marr.
Un viernes por la tarde de abril de 1983, Marr entró en las oficinas de Rough Trade con una cinta en la mano solicitando ver al jefe. Más o menos fue invitado a largarse, pero se las apañó para merodear por ahí hasta que Travis salió de su despacho y pudo entregarle la cinta: “Nunca habrás escuchado algo así”, fueron las palabras con que Marr se dirigió a Travis, según reza la leyenda.
Tras la publicación del single “Hand In Glove” en mayo de 1983 y sobre todo del sencillo “This Charming Man” a finales de octubre de ese año, comenzaron a pasar cosas. Era el momento adecuado. El impacto original del post-punk, la new wave y los nuevos románticos ya era historia. Era el tiempo para algo nuevo, y eso era el indie. The Smiths y Rough Trade llegaban como los infiltrados para reventar la fiesta de Simple Minds y demás. El single de “This Charming Man” llegó al número 25 de las listas británicas. Con The Smiths, Rough Trade rompe el principio de “no ataduras” y el de los beneficios al cincuenta por ciento, y firma su primer contrato convencional. El colectivo dogmático, de modelo inamovible, necesitaba evolucionar y dinero para sobrevivir.
Un disco número 1 en las listas independientes del Reino Unido y veinte singles en el top 10 después, la relación de The Smiths con Rough Trade se estaba volviendo cada vez más antagonista. “The Smiths no es un grupo de pop anodino y bonito para chicas de 14 años. No van a vender los discos que venden Duran Duran. Es un hecho, asúmelo, Morrissey”, asesta Travis en el documental de la BBC “Do It Yourself. The Story Of Rough Trade” (Chris Wilson, 2009). Durante la grabación del álbum “The Queen Is Dead” (1986), el grupo intentó fichar por EMI, pero ahora Rough Trade tenía las espaldas cubiertas. The Smiths serían libres después de “Strangeways, Here We Come” (1987).
En 2001, en una fiesta para celebrar el 25º aniversario de Rough Trade, Travis y Lee deciden devolver el sello a la vida aprovechando la buena disposición inversora de Sanctuary Records, compañía por entonces boyante gracias a su trabajo como representantes de Iron Maiden. El grupo que lo iba a reconfigurar había llegado a Travis y Lee en una cinta a través de uno de sus contactos en Estados Unidos, Matt Hickey, responsable de la programación de la sala Mercury Lounge de Nueva York. El casete era de The Strokes. Tocaban en el círculo de Nueva York y ni siquiera habían salido de la ciudad.
El equipo de Rough Trade puso toda la carne en el asador y todo lo aprendido como empresa de management para publicar en el Reino Unido los singles “Hard To Explain”, “Last Nite” y el EP “The Modern Age” en 2001. The Strokes fueron por primera vez a Londres y se encontraron en el centro de lo que estaba a punto de convertirse en un fenómeno. Revitalizaron la escena rock de guitarras, que tras el britpop se había vuelto rancia y derivativa. La reputación del sello y una operación de marketing sofisticada resultaron en una fórmula ganadora.
Su segundo mejor fichaje lo tenían a la vuelta de la esquina: The Libertines. A los cinco meses de la publicación del revulsivo “Is This It” (RCA-BMG, 2001), el primer álbum de The Strokes, el grupo de Pete Doherty y Carl Barât firmó por Rough Trade. De nuevo Travis y Lee construían un plantel a base de sus gustos personales. Después, Rough Trade consiguió mantener la reputación con discos de Belle And Sebastian, Adam Green, The Hidden Cameras o The Veils. Además, la cantante galesa Duffy, artista a la que representaban, llegó al número uno en varios países, Reino Unido entre ellos, con el curioso sucedáneo northern soul de su primer álbum “Rockferry” (A&M-Mercury, 2008), del que se han certificado cuatro millones de copias vendidas.
Ese intacto sentido de la oportunidad les permitió volver a ser el sello de antes. Desde entonces, Sleaford Mods, black midi, Jockstrap, Lankum o Amyl And The Sniffers han alimentado el catálogo de Rough Trade, de nuevo en la cúspide de sus mejores días de Ladbroke Grove. Sin duda, la segunda vida de Rough Trade ha sido más eficiente en términos económicos. En 2007 abrió su flagship store, la actual Rough Trade East, en plena explosión de popularidad de la zona de Brick Lane. Hoy en día ya son cuatro las tiendas que tiene en Londres, a las que se suman las sucursales de Bristol, Nottingham y Liverpool. Fuera del Reino Unido también están en Berlín. Pero quizá el signo de los tiempos lo marca el traslado de su enorme tienda del barrio de Williamsburg al centro de Manhattan, en el Rockefeller Center neoyorquino.
El turbocapitalismo aplicado a la música, sumado a la avaricia implícita en el sistema, está llevando a los grandes sellos a canibalizar todo el negocio. Con las multinacionales más hambrientas que nunca por hacerse con la última promesa salida del indie llamada a romper el mercado, los sellos independientes atraviesan tiempos inestables como en sus inicios, o quizá incluso más. A esto hay que sumar el hecho de que el vinilo está dando síntomas de agotamiento, que el streaming plantea un dilema con sus bajos beneficios, que las giras cada vez tienen costes más altos y que, paradójicamente, es caro hacer promoción por redes sociales por esa demanda constante de creación de “contenido”. Ahora, además, las discográficas se mueven en un entorno invadido por falsos fans y por campañas virales orquestadas por compañías como Chaotic Good, empresa dedicada a difundir música en TikTok que ha situado a Geese, Oklou y otros fenómenos en el centro de la conversación. La supervivencia de los sellos independientes depende ahora, en parte, de comercializar su legado y del merchandising, ala del negocio que para muchos alcanza el 25% de los ingresos. Por legado no será, en el caso de Rough Trade.

La alianza punk-reggae marcó los primeros pasos de Rough Trade durante la segunda mitad de los setenta, hasta que se abrió la puerta a un panorama independiente que a principios de los ochenta se mantuvo en plena expansión. El impacto inicial del punk dio paso a algo mucho más exploratorio.
Stiff Little Fingers “Inflammable Material” (1979)
The Raincoats “The Raincoats” (1979)
Young Marble Giants “Colossal Youth” (1980)
Scritti Politti “Songs To Remember” (1982)
The Smiths “The Smiths” (1984)

Con todas las multinacionales intentando firmar a sucedáneos de The Smiths, el paso de los ochenta a los noventa llegó acompañado de una serie de movimientos transformadores, ya con las líneas underground difuminadas y la entrada en juego de grupos cardinales del subsuelo estadounidense que, en algunos casos, trascendían el libro de estilo de lo estrictamente indie. En 1991 el sello conocido como Rough Trade y liderado por Travis y Lee desaparece por imperativo económico-administrativo para reconvertirse en oficina de representación durante toda la década.
The Smiths “The Queen Is Dead” (1986)
Lucinda Williams “Lucinda Williams” (1988)
Galaxie 500 “On Fire” (1989)
The Sundays “Reading, Writing And Arithmetic” (1990)
Mazzy Star “She Hangs Brightly” (1990)

La nueva vida insuflada por las arcas de Sanctuary en 2001 y un tremendo sentido de la oportunidad devolvieron al sello el prestigio de antaño. Con el nuevo siglo, Rough Trade vuelve a situarse en el centro de la galaxia editorial rock gracias a un grupo netamente brit como The Libertines, auspicia el crecimiento de la escena neoyorquina antifolk y ofrece oportunidades de expansión a neopsicodélicos y a continuadores del canon indie rock con amplitud de miras.
The Moldy Peaches “The Moldy Peaches” (2001)
The Libertines “Up The Bracket” (2002)
British Sea Power “The Decline Of British Sea Power”(2003)
The Fiery Furnaces “Blueberry Boat” (2004)
The Hidden Cameras “Awoo” (2006)

Incluso en los tiempos de mayor incertidumbre para el indie, Rough Trade fue capaz de rascar hasta extraer lo más sustancial, especialmente en la otra orilla del Atlántico, diversificando un catálogo al que se incorpora algún viejo amigo, estrellas consolidadas del indie estricto y nuevos valores que van más allá de la mera promesa.
Jarvis “Jarvis” (2006)
Belle And Sebastian “The Life Pursuit” (2006)
Delays “I See Colours” (2006)
The Long Blondes “Someone To Drive You Home” (2006)
Warpaint “The Fool” (2010)

Siempre en vanguardia, el sello ha mantenido en la última década su olfato para detectar los sonidos y formas más estimulantes del pop independiente. La misma visión original, en una mirada actualizada que no traiciona las raíces y conjuga lo inaudito con sonidos más convencionales.
Sleaford Mods “English Tapas” (2017)
black midi “Schlagenheim” (2019)
Amyl And The Sniffers “Amyl And The Sniffers” (2019)
Jockstrap “I Love You Jennifer B” (2022)
Lankum “False Lankum” (2023)