Fue en 1959 cuando se levantó el hotel Pez Espada en Torremolinos, en la provincia de Málaga. Aquel pequeño pueblo sureño de arrabal pesquero estaba a punto de entrar, sin comerlo ni beberlo, en una nueva era como destino turístico de vanguardia en España. Símbolo de la Costa del Sol, capital del “estilo del relax” arquitectónico, sería testigo del Stonewall patrio, en el Pasaje Begoña, escenario de la redada de junio de 1971. El histórico Pasaje Begoña –hoy vacío, a la espera de gentrificarse– es uno de los lugares del relato de “Back In Time!” (Manuel Bellido y Sigfrid Monleón, 2025), documental musical que rescata del olvido, en el momento justo, una historia bastante tapada: la de la escena pop que se gestó en Torremolinos en la década de los sesenta. Con un reparto compuesto por bandas como Los Íberos, Storm, Gong, Los Silvers, Los Ídolos, Los Canarios, Los Soñadores, Los Ángeles, Los Buitres y The Rocking Boys. Con los testimonios de quienes fueron miembros o lideraron esos grupos, en una narración coral donde se ha incluido a otros actores fundamentales en este período, dentro del mundillo cultural, y del incipiente negocio de la música popular. Y con Adolfo Rodríguez, de los legendarios Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, haciendo de sí mismo, músico errante por las carreteras andaluzas, epítome de un estilo de vida que sigue siendo el mismo para los músicos a día de hoy.
Estrenada en el festival de Málaga 2025, “Back In Time!” obtuvo en el certamen malagueño un gran éxito de público y crítica en la sección de documentales. El recorrido de esta modesta producción, facturada con sumo cariño y rigor periodístico, está siendo muy dulce. Fue la cinta escogida por la Fundación SGAE para abrir el ciclo de Cine Musical en la madrileña sala Berlanga, y pasó por la segunda edición del Get Back Music Doc Fest, celebrado entre Madrid y Majadahonda, donde se alzó con el primer premio, venciendo a producciones de mayor presupuesto. El prestigioso festival In-Edit de Barcelona parece haber tomado nota y en su vigésimo cuarta edición la ha elegido para su sección oficial nacional. El 6 y 7 de noviembre habrá pases donde no faltarán sus directores. Hemos hablado con ellos, con Manuel Bellido (Montilla, 1959) y con Sigfrid Monleón (Valencia, 1964), para profundizar en una historia donde la memoria escarba en las vivencias de unos críos convertidos en ancianos. El relato de cuando empezaron en esto de la vida y de la música. Un acercamiento realizado desde el respeto hacia quienes estuvieron allí y todavía tienen la ilusión de poder contarlo. Que deja una sonrisa, acompañada de una lagrimilla, en todo aquel que la ve.
En Andalucía se ha contado muchas veces la historia del underground sevillano, el encuentro de los flamencos con los rockeros, la gesta de Camarón y Pata Negra, la huella que ha dejado Ricardo Pachón, la influencia de las bases yanquis… Sin embargo, parece que el hecho histórico de Torremolinos como meca del pop en los sesenta había quedado olvidado. ¿Qué sensación teníais vosotros al respecto?
Manuel: Justo lo que has notado tú al ver la película. Que fue un episodio muy importante para el desarrollo del rock’n’roll en nuestro país. En Torremolinos se pusieron las bases de un montón de grupos que hasta que no llegaron ahí apenas eran conocidos, si acaso en su área de influencia. Eso ocurrió con los de Sevilla, por ejemplo con las bandas que precedieron a Smash: Gong o Los Murciélagos, que es donde estaba Gualberto antes de poner en marcha Smash. Para los músicos sevillanos irse a Torremolinos no solamente era una oportunidad de tocar, haciéndolo a diario, sino la posibilidad de respirar aire fresco, dado el clima opresivo que vivían en su ciudad, donde eran poco menos que unos apestados. Si echamos la vista atrás vemos un foco creativo donde se fusionaron el rock’n’roll con el teatro, los ambientes universitarios. La parte intelectual y de izquierda contestataria de estos tiempos no convivía exactamente con los hippies, eran mundos aparte, pero tuvieron una conexión cuando el grupo de teatro de Alfonso Guerra y Amparo Rubiales, Esperpento, invitó a los Smash a trabajar, colaborando en la puesta en escena de una obra de teatro clásico con un enfoque absolutamente renovador y revolucionario. Pero no eran mundos que se tocaran habitualmente. En Sevilla los rockeros eran chavalillos de barrio –es el caso de Storm– que montaron sus primeras bandas. Y ante la ausencia de sitios para tocar de manera regular en su propia ciudad, más allá de esperar la oportunidad en ferias, no tenían forma de desarrollarse como instrumentistas. De pronto descubren que en Torremolinos hay una realidad absolutamente diferente, con un entramado de salas de fiestas, discotecas y clubes nocturnos donde era posible tocar cada noche. Torremolinos fue para todos estos grupos como Hamburgo para The Beatles. De hecho, los promotores del Top Ten, en el Pasaje Pizarro de Torremolinos, llamaron a esta sala así porque era el nombre del sitio donde tocaban The Beatles en la ciudad alemana.
Sigfrid: Justo para eso se hacen los documentales, para dar a conocer historias que están ahí, en trance de desaparecer. Hablamos de gente muy mayor. Ninguno habla de oídas, todos ellos estuvieron allí y lo vivieron en su propia piel. Eso es el documental. Y un buen documental tiene que buscar los testimonios directos, los protagonistas de la época, la memoria viva. Si además el material está tratado con cariño y cuidado sale un retrato humano que, para mí, tiene mucho valor.
Habéis codirigido la película, producen Antonio Hens y Asun Rodríguez y habéis contado con Javier Ojeda –cantante de Danza Invisible– como asesor musical. ¿Cómo ha sido esta última colaboración? ¿Fue el primer hilo del que tirar, por su conocimiento de la historia pop malagueña?
Sigfrid: Sí, claro, para buscar las canciones más representativas, las que más identificaban a determinadas bandas, porque no siempre las discográficas estaban de acuerdo con la música que ellos hacían en los directos, que eran más personales. Teníamos que cribar lo que había de registro en disco, puesto que había grupos que eran difíciles. Pienso ahora en Los Soñadores, el grupo del bajista Rafael Olaegui, que solo tuvieron dos singles. Lo que los caracterizaba era el rhythm’n’blues o incluso el soul de sus conciertos. Pero sí, con Javier ha habido una muy buena colaboración, fundamental, estuvo desde el principio hasta el final de la producción. Aún sigue por ahí… (ríe).
Aunque es una historia coral, Adolfo Rodríguez –de Los Íberos y Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán– ejerce como hilo conductor. Le captáis como un auténtico easy rider a bordo de su autocaravana, recorriendo las carreteras andaluzas. Errante.
Sigfrid: Hombre, parece que va con el género, ¿no? La música y la carretera van unidas y él vive en una autocaravana. Era bonito plasmar esta idea del viaje, porque además es un viaje en el tiempo.
Manuel: Es que Adolfo sigue además representando esa forma de vida, nómada, errante, como es la propia vida de los titiriteros, los músicos, los artistas de teatro. Él sigue fiel a esa forma de ser y de vivir, no se ha apartado del camino en ningún momento. De hecho, incluso ha dado de lado a un modo de vida más estable, el piso que tenía se lo regaló a su hijo y prefiere vivir en su furgoneta.
Los protagonistas del documental son principalmente músicos: Teddy Bautista de Los Ídolos y Los Canarios; Félix Arribas de Los Silvers; Ángel y Diego Ruíz Geniz de Storm; Carlos Jaime de Los Rocking Boys; Pepe Sánchez de Gong; Rafael Olaegui de Los Soñadores. ¿Fue complicado contactar con ellos? Porque alguno se os ha quedado fuera. Y me ha sorprendido la aparición de Teddy Bautista.
Manuel: Contactamos con Eduardo Rodríguez Rodway (recientemente fallecido, guitarrista y último miembro fundador de Triana con vida) a través de Pablo Selma, la persona con la que preparó su biografía, publicada en Almuzara, con la que estaba haciendo una promoción intensa. Y creíamos que Eduardo participaría en la película, lo veíamos dispuesto, pero empezamos a ver también cómo iban pesando en su ánimo las decisiones judiciales que agriaban su lucha por evitar que se utilizase el nombre de Triana cual franquicia, con músicos entre los que no hay ya ningún miembro original. Eso lo destrozó en cierto modo. Murió unos días después de que el Tribunal Supremo rechazara todas las apelaciones que había interpuesto con este asunto. Eduardo habría sido un protagonista muy importante en esta historia, pero, bueno, hemos conseguido tener a Teddy Bautista gracias a los buenos oficios de nuestro productor, Antonio Hens. Con Teddy hemos descubierto un aspecto de la vida de Los Ídolos, la primera versión de Los Canarios, muy poco conocida, ya que ellos estaban circunscritos a las islas Canarias, de donde procedían. Pero cuando saltaron a la península, en vez de quedarse en Madrid o Barcelona lo que eligieron fue una larga permanencia en Torremolinos, y Teddy cuenta eso como un período fundamental en la madurez de la banda. Aquí pasaron de escuchar a The Shadows, grupo incluso anterior a The Beatles, a ponerse con el rhytmn’n’blues y esos ritmos negros que tanto han marcado a Teddy en su carrera. Escuchándole nos dimos cuenta de que realmente Torremolinos era un yacimiento del rock’n’roll muy desconocido en España.
En la película aparecen personas que formaron parte de esa escena desde otros frentes. Resulta especialmente interesante el testimonio de Remi Fernández Campoy, propietaria de Discos Mi-Sol, que en plena calle San Miguel, en el centro del municipio, traía discos de importación de Reino Unido y de Estados Unidos en una época en que esa música no llegaba aquí.
Sigfrid: Bueno, Remi era importante porque ella simboliza la calle, el negocio de la música. Y los propios grupos, que estaban a la última, iban a comprar música allí, así se vivía toda la efervescencia musical que venía de fuera, que estaba también transformando nuestra sociedad. Gente como Adolfo recordaba esta tienda de discos, además de los sevillanos Gong. Queríamos buscar gente representativa de la música y del mundo cultural.
Sí, claro, habéis querido contar la historia de artistas no musicales como Madeleine Edberg o Lars Pranger, ambos pintores y todavía residentes en la Costa del Sol.
Manuel: Sí, salen Lars Pranger o José Antonio Diazdel, que por cierto es importante porque en él se enlaza otra historia, la de una serie de amigos pertenecientes a una misma generación que revive la histórica revista literaria ‘Litoral’. José María Amado la rescata tras la experiencia en México, lo hace hacia 1968, y va metiendo a una serie de jóvenes de entonces, como Lorenzo Saval (actual director de esta revista, que por cierto tiene un número titulado “Rock español. Poesía e imagen”, publicado en 2010 y coordinado por el propio Manuel Bellido) y el propio Diazdel, Mesa Toré, María José Amado, Miguel Gómez… Eran una pandilla que venía a Torremolinos a meterse en bares para escuchar discos que no se ponían en ningún otro sitio. De hecho, Lorenzo Saval me ha dicho que antes de ganarse la vida como editor e ilustrador principal de ‘Litoral’ trabajó como disc-jockey en Torremolinos.
¿Cómo está siendo el itinerario de “Back in Time!”? Habéis entrado en la programación del prestigioso festival In-Edit de Barcelona, en la sección oficial nacional. Estaréis allí presentando el filme.
Sigfrid: Sí, hay muy buenos festivales especializados en el tema de la música que se han interesado mucho por “Back In Time!”, eso es indudable, y está teniendo un bonito recorrido, porque tiene algo de descubrimiento. Es un momento pionero, fundacional, el paso de las orquestas a los cuartetos, son unos años decisivos, de gente muy joven con sus guitarras haciendo carretera, que viven ese cambio. Y eso tuvo lugar en Torremolinos antes de que se nombrara como tal la Costa del Sol. Tiene esa cosa de los pioneros del rock en España, en cierta forma. Lo bonito es mirar esa historia por el ojo de una cerradura muy concreta, que se identifica con un lugar, con un momento, unos grupos, una experiencia. La mayoría de ellos por fortuna siguen vivos y, aunque sea un viaje en el tiempo, lo hacemos desde el presente de estas personas, que nos reciben en sus casas, vemos cómo viven, esos contrastes… Viendo sus casas te imaginas cómo ha sido su vida, de ahí que sea no solo un retrato musical, sino humano.
Es una historia emotiva, dada la avanzada edad de sus protagonistas, la pasión que se puede entrever tras el paso del tiempo. La escena con Agustín Rodríguez, de los granadinos Los Ángeles, conmueve especialmente.
Sigfrid: Agustín es una maravilla de persona, un artista grande que siempre pone el corazón en todo lo que hace y que nunca se repite, además.
Las imágenes de la Filmoteca de Andalucía son una delicia, vemos imágenes de una ciudad pequeña que no tenía nada de pueblerina, con mucho color a todos los niveles. Pero habéis utilizado igualmente metraje de películas como “Días de viejo color” (1967), de Pedro Olea.
Manuel: También utilizamos imágenes de “En Andalucía nació el amor” (dirigida por Enrique López Eguiluz en 1966), que es una película rarísima, concebida casi como un publirreportaje turístico. De hecho, fue financiada por el Ministerio de Información y Turismo del momento…
Sigfrid: Es que justo ahí tenemos el único registro musical y en imágenes de Los Silvers, el grupo previo a Los Pekenikes donde estaba el batería Félix Arribas. Y sí, da la casualidad de que en esa película, que tiene toda esa cosa turística, salen El Grotto y la actuación de Los Silvers. Es lo único que hay de la banda, solo tocaban en directo y no les dio tiempo a más; ha quedado fantástico.
Manuel: Tuvimos imágenes incluso de archivos particulares, como el del abuelo de Ana Guarde, compañera de Canal Sur. Nos sirvieron además para mostrar la tremenda evolución urbana de Torremolinos, donde ahora cuesta trabajo encontrar un hueco para vivir. La película muestra que no siempre la evolución urbana es la adecuada, en este caso al menos.
Se describe este episodio en la sinopsis como un ejercicio de libertad vigilada. Me parece especialmente interesante la reflexión que hace Javier García-Pelayo al respecto.
Manuel: Es que la película presenta un montón de aspectos interesantes, aquí llegaban discos, ropa... Leí en una biografía de George Martin que contaba una anécdota sobre Brian Epstein (productor y mánager de The Beatles, respectivamente) relacionada con su amor por la Costa del Sol. Se entregó por completo por la libertad que encontraba y porque le gustaba mucho la comida. Tanto era así que en la fiesta de presentación del “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (1967) en Londres, todo un acontecimiento social, dispuso que para la prensa e invitados hubiera gazpacho. Eso lo había probado aquí, en Málaga (risas).
Sigfrid: Fue una época de oro para los músicos, para una generación que estaba descubriendo la vida y la música al mismo tiempo. Eran jovencísimos, tengamos en cuenta que la mayoría de edad aquí en nuestro país estaba en los 21 años, y había gente tocando fuera de la casa de sus padres con 17 años. Para ellos era la bomba. Eran unos críos, la mayoría.
¿Estáis contando con todos los protagonistas en las presentaciones de la película?
Manuel: Tuvimos un pase aquí en Torremolinos y vino Carlos Jaime, que está contentísimo porque el ayuntamiento de la Línea de la Concepción ha bautizado un paseo con el nombre de Los Rocking Boys, su banda. Imagínate. En Madrid fue un pase muy cálido, con mucho cariño de por medio y mucha sorpresa por parte de los asistentes por el hecho de conocer el alcance que tuvo esa escena nocturna en la que unos chavalillos aspiraban a ganarse la vida con la música, no tanto a ser estrellas. Algunos lo consiguieron, como Jeannot Valenzuela, de Los Buitres, banda pionera aquí de rhythm’n’blues y garage. El único EP que grabaron está considerado una joya del coleccionismo.
Sigfrid: Sí, por supuesto. Adolfo viene mucho. También Félix Arribas. Teddy ha estado en varias presentaciones. Durante el festival de Málaga fue precioso porque acudieron casi todos los que habían participado en el documental y estaban felices, que no es fácil, ¿eh? No habían visto el montaje y podían pensar cualquier cosa. Pero no, estaban todos muy contentos. ∎