Michael Karoli: “Para mí, los conciertos de CAN tienen la misma importancia que nuestros discos. A diferencia de estos, en directo no tenemos ningún plazo que cumplir”.
Irmin Schmidt: “En directo, la conexión entre nosotros es muy fuerte, percibimos la influencia de unos en otros. En realidad, la gran diferencia entre nuestros conciertos y los trabajos en estudio es Jaki”.
Jaki Liebezeit: “Tiene que ver mucho con las sensaciones. Esa sensación surge del público. Si me gusta la gente, entonces empiezo a darlo todo de verdad”.
Holger Czukay: “La magia de CAN surge cuando damos lo mejor de nosotros mismos en el escenario” (De “The CAN Book”, Pascal Bussy y Andy Hall, 1989).
Se me podrá acusar de repetitivo con CAN y el krautrock, pero la originalidad, frescura e innovación que siguen procurando grabaciones realizadas hace más de cincuenta años acreditan de sobras, creo, la excelencia, y si se quiere la importancia histórica, de un estilo, corriente o género musical que el paso del tiempo no hace más que agrandar. “Live In Arles 1975” es la séptima entrega de la serie de grabaciones en directo coordinadas por Irmin Schmidt (con 89 años es el único superviviente junto con el cantante y poeta estadounidense Malcolm Mooney y el bajista jamaicano Rosko Gee), editadas por el teclista y el habitual ingeniero de sonido René Tinner y pertenecientes a los archivos de CAN, los de sus biógrafos Andy Hall y Pascal Bussy y de otros seguidores de la banda. La publicación de esta serie de lives comenzó en 2021 y cuenta con otros seis discos registrados en conciertos de París en 1973, Stuttgart y Brighton en 1975, Cuxhaven en 1976 y Aston y Keele en 1977. Con la excepción del parisino, en el que aún cantaba y aullaba Damo Suzuki, y los dos de 1977, con Gee al bajo, la formación de las grabaciones del 75 y 76 es la del cuarteto base formado por Schmidt, Czukay, Liebezeit y Karoli, arquitectos de esta mezcla perfecta de reggae, electricidad, psicodelia, rock, blues, jazz, atmósfera y vanguardia. “Live In Arles 1975” captura la actuación del grupo en el festival celebrado el 6 de octubre en el Antiguo Teatro Romano de la ciudad francesa de Arlés, en el que también participaron Kevin Ayers y Nico. Al día siguiente tocaron en Cannes. Siempre consideraron estos conciertos franceses como dos de los mejores que hicieron a lo largo de su carrera. El escenario tuvo su importancia: “En el antiguo anfiteatro fue maravilloso, muy relajante”, comentó Schmidt.
Como en el resto de esta serie, los seis largos temas de “Live In Arles 1975” carecen de título. Del uno al seis, sin más, ya que pese a reconocerse motivos y momentos de canciones clasificadas como tales en sus discos oficiales en estudio, se trata en esencia de improvisaciones que parten de un patrón concreto o, como en el caso de la segunda pieza de este disco, se consolidan poco a poco. La grabación es buena, aunque no modélica, y el trabajo de Schmidt y Tinner –quien comenzó a colaborar con CAN a partir de “Soon Over Babaluma” (1974)– consiste en hacerla lo más limpia posible sin que pierda nada de su rítmica rugosidad y espontaneidad. La improvisación fue siempre uno de los caballos de batalla del grupo –y después, de manera radical, de Suzuki, que llegaba a una ciudad, organizaba una actuación con músicos locales y se iba a otra localidad para hacer exactamente lo mismo–, y esta serie en directo revitaliza esa idea primigenia. La guitarra de Karoli vuela siempre, con más pausa o aceleración, siguiendo el ritmo al metrónomo de Liebezeit o instigando al batería a que le siga a él. Es una guitarra ácida, envolvente, lírica, dura, fantasiosa, librepensadora, agitada en las fases rock, de extrema belleza en el trazo más sicodélico o de blues, y sorprendente en sus arabescos humorísticos, en fragmentos del cuarto tema del disco que aquí nos ocupa. Czukay, antes de dedicarse a sus experimentos con la radio y fuentes varias, apuntala los espacios vacíos que dejan los demás. No lo parece, pero siempre fue el verdadero sostén del sonido tan orgánico del grupo. Schmidt actúa de contrapunto con ese órgano que podía parecer un sonido de ultratumba, una experiencia cibernética o llegar a ser tan líquido y espacial: su inicio del tercer tema de “Live In Arles 1975” es el de “Vitamin C”, al que poco a poco se suman los demás para interpretar una excelente –y siempre cambiante– versión de este clásico imperecedero de CAN, con el jugueteo de Czukay con las cuatro cuerdas, la guitarra aparentemente sosegada de Karoli, los ritmos contrapuestos de Liebezeit y el duelo en la fase final entre un órgano imponente y una guitarra que se resiste a desaparecer. Por momentos –quinto tema, efluvios de “Tago Mago” (1971)–, el caos amaga con apoderase de la música, pero es siempre un caos controlado. La vertiente más rock estalla en el último tema del disco, una versión más rígida y agresiva del “Chain Reaction” de “Soon Over Babaluma”. Cuatro músicos en estado de gracia en la lejana galaxia krautrock de 1975. Tan lejos, tan cerca.
La portada prosigue el grafismo de dibujos en blanco y negro con columnas de altavoces que si en los anteriores discos aparecían amenazadas por insectos, aves, moluscos o vegetación, aquí se convierten en una suerte de monolito sobre el que aterrizan cuatro platillos volantes en una imagen muy de serie B y ciencia ficción pulp. El generoso libreto interior incluye un texto de Bussy, la crónica de aquella actuación firmada por Hervé Picart en la revista ‘Best’ y la remembranza de un joven que asistió al festival y lo recuerda como una de las mejores experiencias de uno de sus mejores veranos. ∎