Tras hacer recapitulación de su carrera en “Quelques lumières” (2024) y con el horizonte de los 60 años a la vuelta de la esquina –cumplió 58 el pasado 6 de octubre–, Dominique A echa la vista atrás y recapitula sobre su experiencia vital en “Spirales”, un disco al que se le podría aplicar con todas las letras aquello de que “la nostalgia no es un error”.
Como un Patrick Modiano transmutado en músico, Ané se zambulle en escenas de su pasado recordando infancia, paseos familiares, amigos rencontrados y momentos culturales que le dejaron una huella más o menos profunda.
Este retour au passé no es solo simbólico: el disco se ha grabado en los estudios de Le Garage Hermétique en las afueras de Nantes, donde el de Provins dio forma a “La fossette” (1992), su primer largo oficial.
En compañía de Julien Noël (teclados), Sébastien Boisseau (contrabajo) y Étienne Bonhomme (batería), su banda en directo, el autor de “Tout sera comme avant” (2004) entrega un álbum que es una especie de back to basics, con su guitarra eléctrica y su voz como pantalla frontal de las dieciséis composiciones.
Comienza rememorando un paseo con su madre en su ciudad natal (“La roue du Jardin Garnier”), primer capítulo de un recorrido autobiográfico que también busca capturar el perfume de la partida hacia nuevos horizontes (“Un jour j’ai disparu”: “Un día, desaparecí / Te abandoné / Antes siquiera de haber vivido un poco / Ya me había marchado / Habían trasladado a mi padre / Por fin iba a dejar este lugar / Dejar este rincón odioso”) o recuperar el pálpito de escenas amorosas del ayer (“Apparaître sur le quai”).
Hay lugares concretos: “Longeville” –localidad cercana a Provins–, “39 rue Sainte-Croix” –vida en Nantes– y grupos desconocidos de la zona que inspiraron sus primeros escarceos musicales –“Picasso y los Simios”, olvidada banda de culto nantesa que operó a mediados de los ochenta–. También agita su agenda para recordar un encuentro en 2019 con Mark Long, líder de sus admirados The Opposition (“Mark”, una de las más hermosas del disco), y aviva los riffs eléctricos en “Shining à 12 ans” (o el impacto ver “El resplandor” de Kubrick a tan tierna edad).
“Coltan” –con su hipnótico trote rítmico– y “Bromure” –guitarra casi a pelo– subrayan las inquietudes actuales de Ané: la primera incidiendo sobre la degradación medioambiental, la segunda utilizando el bromuro como metáfora sobre la anestesia social que está sirviendo de combustible al ascenso de los fascismos. Por mucho que eche la vista atrás, Dominique sigue teniendo los pies firmes sobre el suelo (recuerden su reciente boicot al Olympia de París por los vínculos de Vincent Bolloré y su emporio de empresas con la extrema derecha gala).
En todos los álbumes de Dominique siempre hay alguna canción que a la primera escucha ya parece destinada al saco de sus clásicos. Aquí, para quien esto suscribe, el premio es para “Le silence des autres”: un monumento lírico e íntimo de más de seis minutos, otra gema a engarzar en el collar de “La mémoire neuve”, “Comment certains vivent”, “Antonia”, “Pour la peau”, “L’horizon”, “Immortels”, “Rendez-nous la lumière”, “Central Otago”, “Beau rivage”...
Ningún álbum de Mr. Ané baja del notable, pero “Spirales” se posiciona en el top 5 de su ya extensa trayectoria y, afirmo, es el mejor desde “Vers les lueurs” (2012). ∎