Disco destacado

Fontaines D.C.

Dopamine Chamber › XL-Popstock!, 2026

El quinteto irlandés empezó en esto como miniclub de poetas seguidores de la tradición beat, rendidos en especial a Jack Kerouac. Escribieron dos volúmenes poéticos titulados “Vroom” y “The Winding” y se declararon fans de la poesía de pub, de verso libre, ajena a estiramientos elitistas. Montaron una banda. Es como si la historia de Patti Smith –el viaje de la poesía al rock– se replicara en esta era, pero metamorfoseada en un grupo de chavales –Carlos O’Connell, Conor Curley, Conor Deegan, Tom Coll y Grian Chatten– que ya están en el camino de convertirse en una banda grande en tiempos, en apariencia, sin grandes bandas indiscutibles.

Fontaines D.C. no se andan con rollos: no se comprometen con movimiento alguno –grupos pos-Brexit– ni con etiquetas musicales sensu stricto: en “Romance” (2024) fueron claros al respecto. Tampoco con sus coetáneos: “no offense”, vino a decir O’Connell, el corazón español de los dublineses, en esta entrevista de Rockdelux publicada en 2024. Es muy meritorio que en apenas siete años nos hayan hecho olvidar un debut de esos memorables como fue “Dogrel” (2019). Y pese a que pueda echarse de menos la veintena de Fontaines D.C., también sería problema nuestro, lo chulo que estaba aquel garage-punk niñato con esos riffs tan descarados y adorables que parecían sacados de 1977, al final pertenecen a esa estirpe de artistas que prefiere transformarse a repetirse. Es su carrera, son sus decisiones.

En “Dopamine Chamber” repiten con James Ford como productor y se estrenan en esto de las colaboraciones como banda con Rosalía, pareja vocal de Chatten en “Where Is Gone?”. Vamos, a lo grande. Ha valido la pena, por alejada que pueda permanecer la catalana, por ahora, de las lindes del rock: “Where Is Gone?” es un soberbio baladón que podría haber grabado Lana Del Rey con Scott Walker en otra vida. Grian y Rosalía se enzarzan divinamente en un duelo de voces de altura. Vuelve el amor romántico, tan condicional como tramposo: “A certain man will come and tell you / That you’re not alone at all / The darkest room / On the brightest day / One dirty trick”. Lo que a priori sería una rareza en el repertorio, y esto es lo sorprendente del asunto, encaja sin embargo a la perfección por su lirismo, profundidad, verdad. Y porque es una gran canción.

Banda grande en tiempos sin grandes bandas indiscutibles. Foto: Elizaveta Porodina
Banda grande en tiempos sin grandes bandas indiscutibles. Foto: Elizaveta Porodina

Fontaines D.C. posee esa cualidad extraña, la de convertir en natural un sonido detrás de otro, por distantes que estos parezcan entre sí. Cada una de las composiciones, firmadas por el grupo con letras de su vocalista escritas entre Viena y Venecia, ciudades donde no inspirarse debería ser delito, suena coherente en el conjunto y, a la vez, exuda personalidad en sí misma, deudas incluidas. “Marianne”, primer single que los afortunados espectadores de los conciertos Baluarte de la Candelaria (Cádiz) pudieron escuchar el pasado mes de agosto en primicia junto con “Six Shot Morning” en el bis, es una canción pop sostenida por sintetizadores cuyas voces superpuestas y arreglos de vientos llevan consigo ese aire de tristeza prematura que embarga el álbum, y que encuentra el contrapunto acústico anímico en “Japan”, hacia el final. “Una sensación de cine” (“Cinematic feeling”), canta Chatten, definiendo este viaje de alguna manera, en una tríada inicial que en “Mimesis” profundiza en esta estética new wave, de sintes y teclados, acusando una gravedad vocal que también le favorece en “You Miss Me”, acompañando arreglos prodigiosos. Pero no se queda ahí, y prueba a cantar sin cantar como en “Demolition” o “Tongue”, que podría ser un hit de los Massive Attack de “Mezzanine” (1998), solo que con un lado juguetón, sin la seriedad contemporánea de los de Bristol. También vuelve a rapear, en “Intimate”. A la altura de “Happy For You”, sin embargo, nos recuerdan –y no es la primera vez que pasa– que son un grupo de rock apegado a los noventa, a los Smashing Pumpkins. El líder traduce un refrán español, aplicándolo a él mismo: “Al enemigo que huye, puente de plata” (“If you go, I won’t run after you, I swear / So you know, I’m just happy for you, I swear”).

¿Qué es “Dopamine Chamber”, entonces? Tomémoslo como una secuela formidable de “Romance”, donde apuntalan todavía más un sonido de racimo que dispara en diversas direcciones: tecno-pop a lo Depeche Mode, new wave guitar free, trip hop, rock melancólico, balada romántica. Y sí, lo clavan en todo momento. Otra opción es tomarlo, sorbito a sorbito, como un haiku de su héroe Kerouac: “El Castillo de las Gandharvas / está lleno de parejas jóvenes / envejeciendo”. ∎

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