Sin concesiones.
Sin concesiones.

En portada

Gilla Band

Nuevas máquinas, viejos instintos

Fotos: El Hardwick

06.10.2026

Dara Kiely y Alan Duggan son el “cantante” y el “guitarrista” de los dublineses Gilla Band. Pero sus roles no siempre responden a las convenciones, algo que su nuevo trabajo deja muy claro. Con ayuda de ambos, desmenuzamos el proceso de creación de su flamante cuarto álbum, “Pugnello”, prestando atención a factores tan variados como las dinámicas de producción, la elucubración de las letras, el trapicheo con nuevos cacharros, el proceso de traslación al directo de todo este intenso tráfico de elementos y la política que yace invisible tras su música.

D

espués del aclamado “Most Normal” (Rough Trade, 2022) y un intenso trabajo en directo que los ha traído a España en más de una ocasión, Gilla Band relajó la actividad durante un par de años. Ahora, el grupo antes conocido como Girl Band –Dara Kiely (voz), Alan Duggan (guitarra), Daniel Fox (bajo), Adam Faulkner (batería)– regresa a nuestros auriculares con “Pugnello” (Rough Trade-Popstock!, 2026), una nueva colección de deliciosos asaltos aurales –algunos más gomosos, otros más sangrantes– que vuelve a confirmar su posición entre los combos más interesantes salidos de Dublín en lo que llevamos de siglo. Su música, un auténtico laboratorio de ritmos industriales, chirridos y voces desquiciadas, consigue un equilibrio insospechado entre una experimentación inquietante y una traca bailable aunque siempre acechada por la distorsión.

Uno de los factores más innovadores de esta nueva obra, nos cuenta Alan Duggan, ha sido la introducción de cajas de ritmo, que aquí utilizan por primera vez. Aunque no está seguro de hasta qué punto es un elemento distintivo para el oyente medio, tiene claro que “es un cambio bastante claro en términos de producción”. Pero, más allá de esta diferencia técnica, para él este álbum “se percibe como una continuación bastante orgánica del anterior”. Y dice que el grupo se ha “sumergido incluso más en el mundo del diseño sonoro, la creación de sonidos o la masterización de las pistas”. Nos pone como ejemplo la canción “Jacobsons”: sin una batería acústica, guitarra o bajo, solo aparatos. “A priori parecería un cambio sustancial”, admite, “pero el sonido nos sigue resultando muy familiar”. O, en otras palabras: “Hemos utilizado algunas herramientas de forma diferente sin por ello sacrificar el tipo de música que sería propia de nosotros”.

Estas nuevas vías de creación musical no ha modificado especialmente las dinámicas del grupo, según Duggan: “Por lo general, seguimos prefiriendo trabajar juntos en las cosas, aunque sí es cierto que adoptamos nuevos métodos que nos permiten componer o grabar ideas utilizando los instrumentos sin necesidad de estar todos juntos tocando en el mismo sitio”. Admite que el enfoque es francamente distinto al de su primer disco, que hicieron hace más de una década todavía como Girl Band, pero también considera que con los años han “experimentado una modificación paulatina de esas dinámicas originales, y por eso mismo, este álbum no supone un cambio radical”.

“Alogia”, clip realizado por Cuan Roche y Chanthila Phaophanit

En la canción “Giraffe” se escucha este verso: “Copying The Fall and getting caught”. ¿Alguna vez os ha resultado cargante que se establezcan paralelismos con gente como Mark E. Smith de The Fall en términos de dicción vocal o con bandas no wave en cuanto al sonido general del grupo?

Dara: No tengo ningún problema con las comparaciones y me parece totalmente normal. Sin embargo, me gusta pensar que sí intentamos que nuestro sonido evolucione de un disco a otro, de forma que no nos resulte reiterativo a nosotros mismos. Desde luego, las referencias que mencionas son música que nos encanta, lo cual no significa que intentemos copiarlas. La frase que mencionas, de hecho, era una especie de broma interna sobre tipos de letras que no me gustan, como “catch when you fall” o “forever in a day”. Un pequeño juego de palabras. Creo que en este disco en particular no tuvimos influencias demasiado directas de otros grupos. Era más bien una cuestión de descubrir qué sonidos podíamos sacarles a los aparatos nuevos y cómo hacer algo interesante con ellos.

Alan: No nos preocupa ni molesta que nos comparen con grupos increíbles. Desde mi punto de vista, nunca hemos pensado “queremos sonar como este grupo y este otro”. En todo caso, la idea siempre fue “no queremos sonar como este grupo o este otro”. A partir de ahí, pura apertura a lo que pueda salir. Las influencias pueden llegar de cualquier sitio, y no siempre son evidentes. En la primera canción del disco, “The Angelus”, una referencia muy clara para nosotros fue un tema de Armand Hammer y The Alchemist; concretamente, el ritmo que utilizan en “Laraaji”, de su último disco. No es tanto pensar en términos de quiénes son nuestros ancestros musicales, sino que las cosas pueden salir de cualquier parte.

Siguiendo con la comparativa con la no wave, en el nuevo disco se expande vuestra propensión a alternar entre pistas informes, como la agonía posindustrial “Three Hands Clapping”, y canciones de beat mucho más bailable, como “Placeholder”. Es un contraste interesante, incluso una de vuestras dialécticas más características. ¿Hasta qué punto diríais que es una decisión consciente a nivel conceptual?

Alan: Sí, en ocasiones pensamos en términos de cómo sonaría una canción en sala y lo guay que sería dar un giro hacia un tema de ritmo más convencional, de cuatro por cuatro. Pero en lo que se refiere al álbum propiamente, creo que es más un tema de secuenciación, de cómo ordenamos las canciones. No es algo baladí; siempre prestamos bastante atención a eso y le dedicamos esfuerzo. Algo que hemos hecho en todos los discos es recortar trozos de papel, escribir los nombres de las canciones y ponerlos todos en el suelo. Después los dividimos entre una cara A y una cara B y vemos cómo fluyen las canciones juntas. Esto nos indica bastante bien si hay demasiada concentración de pistas deconstruidas, extrañas o abstractas, o ausencia de ellas. Es decir, sí que es algo que hacemos de forma bastante consciente, aunque suceda en la etapa de la edición y no tanto en el inicio del proceso compositivo.

Dara: Totalmente de acuerdo, la secuenciación es algo esencial para nosotros. Si no recuerdo mal, según el plan original “Jacobsons” abría el disco, seguida de “Three Hands Clapping” y “At The Gallop”, con “The Angelus” cerrando el álbum. Pero pronto vimos que no funcionaba nada bien, la estructura de parones y arranques era difícil de tragar, no fluía bien. Colocamos esta última pieza al principio y todo empezó a tener sentido, las canciones dejaron de parecer tan farragosas.


“Dos cosas que ocurrieron y causaron un impacto importante en mi vida estos últimos años fueron la muerte de mi padre y que me diagnosticaron esquizofrenia. Quieras o no, las ideas y notas que tomé durante este tiempo a menudo tenían que ver con todo esto. Supongo que podría decirse que el disco trata sobre el duelo”

Dara Kiely


Habláis de vuestro método habitual para organizar el disco, pero incluso dentro de algunos temas, como “Giraffe” y “Crisp Pop”, hay un par de partes claramente diferenciadas, como si fueran collages en miniatura. ¿A qué se debe ese interés en fusionar fragmentos?

Alan: Curiosamente, la primera mitad de “Giraffe” fue compuesta y grabada de forma muy rápida, estaba terminada prácticamente en un día. La segunda parte proviene de una sesión distinta. En principio no iba a tener nada que ver, pero experimentando con los ritmos vimos que el tempo de lo que estábamos haciendo era muy parecido al de esa primera pieza, y decidimos añadirlo. Honestamente, es una parte tan habitual de nuestro proceso que ahora mismo ya ni me acuerdo de que podría haber sido una canción distinta. Incluso diría que nos acostumbramos tanto a esta versión de “Giraffe” que nos olvidamos de sus dos orígenes distintos. Esta unión de ideas musicales distintas puede ocurrir y, cuando sucede, solemos verlo bastante claro.

En todas las pistas –por ejemplo, en la mencionada “The Angelus”, con sus olas de batería desquiciada casi a lo Boredoms– se entrevé una cuidadosa atención por los detalles y una precisa arquitectura de capas, a pesar del caos. ¿Os consideráis una banda perfeccionista?

Dara: Creo que somos bastante perfeccionistas con lo que presentamos al público. No publicamos nada de lo que no estemos realmente orgullosos. Por eso tampoco verás que saquemos caras B ni nada por el estilo. Lo que escuchas es lo que, a nuestro parecer, es lo mejor que hemos podido hacer, y es una decisión consensuada y sopesada. “The Angelus” es un buen recuerdo, porque en este disco hicimos muchas cosas directamente en el ordenador, pero esa grabación fue excepcional. Adam dispuso cuatro o cinco cajas simultáneas y registramos varias de sus locuras en vivo.

Las letras de Gilla Band han sido –justamente, todo sea dicho– alabadas por su inesperada y raramente comprensible abstracción. En una canción como “Placeholder” parecen circular memorias, juegos lingüísticos, y referencias pop como Crazy Frog o los Power Rangers. ¿Cuál es el proceso habitual de composición lírica?

Dara: Las estrategias que utilizo para escribir las letras son diversas. Para empezar, soy una persona que toma notas constantemente, ya sea en libretas o en el teléfono, donde sea. Antiguamente, solía emplear la técnica de las morning pages, es decir, justo después de levantarme por la mañana sentarme y escribir tres páginas de texto en plan flujo de conciencia. Durante el confinamiento, mientras trabajábamos en “Most Normal”, me instalé el Logic Pro en el portátil y dedicaba horas infinitas a trapichear con las pistas instrumentales que ya habíamos completado y meter las cosas que había escrito, buscando melodías. A veces es prueba y error, a veces es improvisado, hay caminos distintos. Pero lo cierto es que muy raramente me siento ante una página en blanco para escribir el contenido de una canción. Eso es algo que impone mucho, y no me funciona. Es un trabajo mucho más fragmentado a lo largo del día.

Alan Duggan (sentado, a la izquierda), Adam Faulkner, Dara Kiely (sentado, en el centro) y Daniel Fox.
Alan Duggan (sentado, a la izquierda), Adam Faulkner, Dara Kiely (sentado, en el centro) y Daniel Fox.

¿Cómo dirías que han repercutido tus experiencias vitales de estos últimos años en las letras de este último disco? ¿Se puede hablar de un hilo conductor conceptual vinculado a su título?

Dara: Por abstractas que parezcan, las letras suelen estar basadas en acontecimientos que he vivido entre disco y disco. Dos cosas que ocurrieron y causaron un impacto importante en mi vida estos últimos años fueron la muerte de mi padre y que me diagnosticaron esquizofrenia. Quieras o no, las ideas y notas que tomé durante este tiempo a menudo tenían que ver con todo esto. Supongo que podría decirse que el disco trata sobre el duelo. No habla de mi padre ni como hombre ni como padre, ni de nuestra relación. Habla del duelo o, más concretamente, sobre mi forma de procesar el duelo, ya que cada persona lo experimenta de forma distinta. En cuanto al diagnóstico, fue una experiencia catártica sobre la que escribí muchas cosas. Por ejemplo, las letras de “Placeholder”, que quizá pudieran parecer más directas, las escribí durante las semanas posteriores a recibir el diagnóstico. Fueron unos días muy intensos. Dicho esto, en ningún momento nos propusimos inicialmente que el disco girara en torno a estos temas. Simplemente fue lo que estaba ocurriendo y, de algún modo, las cosas acabaron relacionándose entre ellas de forma que, para mí, tenía un sentido.

Una de las canciones más personales del disco es “At The Gallop”, que está directamente inspirada en la muerte de tu padre. ¿De dónde salió la idea de incorporar una voz robótica a lo Kraftwerk?

Dara: Alguien me enseñó el disco “Trans” (1982), de Neil Young. Nunca lo había escuchado y me metí de lleno en él. Ahí utiliza un vocoder para comunicarse con su hijo, que nació con parálisis cerebral, si no recuerdo mal. Me pareció un recurso muy especial y me inspiró a probar algo parecido, pero respecto a mi padre.

Alan: Originalmente no teníamos planeado procesar la voz de esa forma, pero tenía algunos sintetizadores y trastos diversos que había comprado recientemente, incluyendo una colección de teclados Korg antiguos que parecen sacados de la Estrella de la Muerte. Me hice con uno que venía con la opción de vocoder, y aunque nunca lo habíamos probado, siempre nos había atraído la idea; hicimos un par de ensayos y sonaba realmente lleno e intenso. Y luego Dara lo llevó a otro nivel distinto con ese enfoque lírico tan especial.

Vuestros conciertos son célebres por su precisión e intensidad. ¿Cómo ha sido el proceso de trasladar todas estas nuevas canciones, algunas de ellas bastante complejas, al directo?

Alan: Diría que intentamos trabajar los directos lo mejor que podemos, ensayamos mucho para que todo cuadre. Y con este disco, este proceso ha cambiado: cuando hicimos otros álbumes, ya sea “The Talkies” (su segundo álbum como Girl Band, publicado por Rough Trade en 2019) o “Most Normal”, nos centrábamos estrictamente en la versión de estudio de los temas. Luego ya averiguábamos cómo trasladarlas al concierto, y si algunas resultaban imposibles no pasaba nada; simplemente, no las tocábamos. Creo que esta vez nos sentimos cómodos con la idea de tocar todos los temas, aunque acaben sonando bastante distintos a la versión grabada. No radicalmente diferentes en plan Bob Dylan, no exageremos. Pero sí pudieran parecer más intensas, más contenidas o lo que sea. Y eso está bien, es divertido, hace que las canciones nos sigan resultando interesantes, y el proceso de adaptación también nos permite jugar con las herramientas de las que disponemos. Dara tiene partes de percusión y unos cuantos micrófonos con distorsión; Adam tiene un montón de platos, cajas y pads; Daniel le da a varios sintetizadores y yo ando con el Ableton. Todos tenemos tareas distintas en los temas nuevos, y eso mola. Es difícil pero, a la vez, un desafío muy entretenido.


“Creo que somos un grupo político que no hace música política, si eso tiene sentido. Es horrible que ese hombre ande por aquí. Que le den por el culo a Trump. Y luego está toda esa mierda de Macklemore, su expulsión de la gira de Ed Sheeran por decir ‘Free Palestine’. Es todo muy absurdo. ¡Palestina libre, por supuesto! Compartimos estos ideales, somos ese tipo de personas”

Alan Duggan


¿Hay alguna canción del disco que os costara terminar o adaptar al directo?

Dara: Sin duda “The Megazord” fue el tema que más tiempo nos llevó completar. Tuvo más de treinta versiones distintas, combinaciones dispares de voces, melodías, segmentos y demás. No la terminamos hasta el último minuto. Por eso mismo, cuando ayer intentamos tocarla, pensábamos que iba a ser doloroso, pero no fue mal, creo que incluso nos saldrá medio bien. Es un tema intimidante porque tiene varias partes distintas y algunos samples. Pero poco a poco la vamos conquistando.

Alan: Sí, ese tema fue difícil de rematar, pero diría que lo más difícil de todo durante su grabación fue encontrar buenos momentos para reunirnos los cuatro y darle forma. En cuanto al directo de las otras canciones, la verdad es que no estoy sudando mucha sangre con la guitarra, ya que básicamente consiste en recordar bien los pedales que corresponden a cada parte. Los pedales hacen la mitad del trabajo. A la hora de construir el sonido en los conciertos, la mayor parte de mi atención va dirigida al Ableton; en concreto, a la gestión de todas las cajas de ritmos y samples, que van a diferentes amplificadores. Es un buen follón, incluso algunas partes vocales tienen que pasar por ahí. En comparación, las tareas de guitarra me parecen ligeras y hasta puedo soltarme un poco.

Hablando de voces, en el LP aparecen en todo tipo de modalidades. Por ejemplo, “Computer Sadness” presenta una especie de cántico, ¿de dónde sale esa idea?

Dara: Es curioso que menciones ese tema. Siguiendo con lo antes hablado, este fue de los más fáciles de acabar, y en parte fue fruto de una coincidencia. Al estaba jugando con un nuevo pedal llamado Petal, y yo andaba trasteando con un órgano bastante cutre que tiene ritmos de batería incorporados, intentando componer una canción de amor bastante sincera. Quería que fuera una canción “bonita”, y de ahí salió esa melodía. Todos estos elementos se combinaron, y salió este tema. No cambiamos nada de la voz, lo que ocurrió ese día en el estudio es lo que se escucha en el disco.

El ruido y la furia.
El ruido y la furia.

Para ir terminando, una pregunta obligatoria en los tiempos que corren. Estamos realizando esta entrevista unos días después de que Trump visitara Irlanda, donde fue recibido con una manifestación de gente bastante cabreada. ¿Qué relación diríais que mantiene vuestra banda con la política? ¿Diríais que hoy día es necesario pronunciarse sobre estos temas?

Alan: Creo que somos un grupo político que no hace música política, si eso tiene sentido. Las letras de las canciones no abordan temas políticos de forma directa, pero sí somos personas políticas. Es horrible que ese hombre ande por aquí. Que le den por el culo a Trump. Y luego está toda esa mierda de Macklemore, su expulsión de la gira de Ed Sheeran por decir “Free Palestine”. Es todo muy absurdo. ¡Palestina libre, por supuesto! Compartimos estos ideales, somos ese tipo de personas, pero no por eso es necesariamente la música que hacemos. Es genial que existan grupos como Lambrini Girls, por ejemplo, que sitúan esas cosas en primer plano. Me parece excelente que lleven ese mensaje a los escenarios. Pero también me gustan los artistas que tratan cosas completamente diferentes. Cada uno expresa lo que quiere expresar, pero no solo es música. Para la reedición de nuestro EP “The Early Years” (salió en 2015 vía Rough Trade) decidimos destinar todos los beneficios a UNICEF, y también hemos hecho cosas en apoyo de MASI, una organización que ayuda a los inmigrantes que vienen a Irlanda en el sistema de acogida, que es de base un sistema realmente racista, y ellos intentan cambiarlo para bien. Lo que pasa es que si un grupo no habla de estos temas directamente en sus letras y no es muy activo en redes sociales, puede parecer que no esté demasiado involucrado en esas movidas. Y nosotros somos pésimos para las redes… Nuestro sello incluso nos ha tenido que obligar a postear cosas para promocionar el nuevo disco. Pero que quede bien claro: “Fuck Trump” y “Free Palestine”. La política existe ahí fuera y es una parte esencial de lo que hacemos y pensamos. Incluso nuestro cambio de nombre de Girl Band a Gilla Band fue algo intrínsecamente político, no queríamos propagar una cultura contraria a la inclusividad.

¿Es verdad que Rough Trade os tiene que perseguir para que publiquéis cosas…?

Alan: Sí, somos bastante pasotas, también porque es complicado ser activos en redes sociales como grupo. Porque al final estás publicando en nombre de cuatro personas diferentes, con cuatro personalidades diferentes. A alguien se le puede ocurrir publicar alguna sandez y que a otro le moleste. O lo contrario, que alguien publique unas declaraciones muy serias, y que otro no acabe de entenderlas o suscribirlas del todo. Además, todo ese mundo de las redes es un coñazo, y consume muchísimo tiempo. A mí me encanta TikTok, pero para ver perros monos y gente cayéndose, no para ver a un grupo informando que tienen un nuevo disco y que ya es posible reservarlo. En la cuestión de las redes, se tiene que encontrar un equilibrio entre los cuatro, pero a ninguno de nosotros nos sale natural postear nada. Y todavía menos ponernos delante de una cámara a decir alguna cosa, ni sumarnos a la tendencia de turno. Es todo demasiado vergonzoso. Se nos da fatal… Supongo que tendremos que esperar a que toda esta movida pase de moda. ∎

Etiquetas

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.