Cuando Geordie Creep decidió unilateralmente anunciar por sorpresa la noticia de la disolución de black midi y lanzar su álbum en solitario “The New Sound” (2024), muchos pensaron que él era la fuerza creativa impulsora de ese grupo, pese a su alejamiento del característico sonido math rock de la banda nodriza. El pasado mes de abril, casi dos años después de aquel movimiento del que fuera su colega, el bajista Cameron Picton presentó su “nueva banda”, que en realidad está formada por un montón de colaboradores para el trabajo en estudio que van alternándose en los directos. Al menos así ha sido en lo que lleva de gira europea. Casi siempre formando un cuarteto que la mayoría de las veces está compuesto por el batería Dillon Harrison, el contrabajista Joe MacLaren y el guitarrista Kit Mosely. Esa fue la formación que anoche visitó el Cadavra Club madrileño, con Picton reservándose para sí la guitarra acústica y la armónica.
La cueva que anteriormente ocupaba el Costello Club registró una buena entrada para lo que es su aforo, que puede ser infernal si hay demasiados espectadores, pero que anoche andaría en torno al centenar, con el sistema de aire acondicionado funcionando a la perfección: no se notaba, pero en ningún momento nos sentimos agobiados por el calor. Lo que no sé si calificar de buen funcionamiento es el sonido: fue atronador, sobre todo por los notables cambios que sufrió la música de My New Band Believe con respecto al disco homónimo de debut del grupo.
Si “My New Band Believe” (2026), el disco, recorre el camino que va entre el folk y el rock progresivo con una sonoridad prácticamente acústica bastante menos intensa que los tres álbumes de black midi, lo de anoche fue casi siempre mucho más parecido a insospechado y ruidoso aquelarre de math rock. En lo que sí hubo parecido con black midi fue en que la improvisación, una parte fundamental para aquel grupo, aquí dominaba casi todas las canciones. Rodeado de tres músicos virtuosos, Picton demostró que esas canciones podían prescindir de las ricas orquestaciones de su primer álbum y convertirse en otra cosa completamente inesperada… O tal vez no tan inesperada: la presencia de cuatro personas en el escenario para interpretar las canciones de un disco en el que participaron decenas de músicos y coristas debía hacernos suponer que íbamos a asistir a una versión en formato de grupo de rock de una obra de arreglos suntuosos y delicados.
Anoche, desde luego, la delicadeza brilló por su ausencia. Tocaron casi todas las piezas del LP –salvo “Pearls” y”One Night”– más los singles “Lecture 25” y “Numerology”. Y en el repertorio se incluyeron también un par de temas que son habituales en directo, como “Quebrantahuesos”. Pero lo que en disco está lleno de matices, en directo se convierte en puro frenesí, y el cuarteto se comporta como un rebaño de vacas asustadas en incontrolable estampida. Es en esos momentos –que fueron muchos, y especialmente cuando fusionaron en una sola pieza “In The Blink Of An Eye” y “Actress”– cuando el público –en su mayoría masculino y bastante joven, de entre 20 y 30 años, una señal excelente en una época en la que los conciertos de rock sirven sobre todo como punto de encuentro para las canas– disfrutó de la aparente cacofonía, a la que yo solo pondría un pero: esos tramos de digresión musical, improvisación y atronadores crescendos de volumen parecían intercambiables de canción a canción, sin que parecieran formar parte (o haber surgido) de cada pieza en particular.
Aparte de que “Quebrantahuesos” tenga una porción de su letra cantada en español sudamericano, hay que destacar que Cameron Picton se atrevió con el castellano en varias ocasiones. Para presentar a su banda en dos ocasiones, para anunciar que quedaban cinco canciones y hasta traduciendo sobre la marcha el inicio de la letra de “Love Story”, algo que fue saludado cariñosamente por el público. La sensación al terminar, hora y cuarto después del comienzo, en los corrillos de la planta de arriba –donde se encontraba el puesto de merchandising, del que se encargaba la misma técnica de sonido, que abandonó la mesa de sonido inmediatamente para mostrar a las claras que no iba a haber bises– era de haber asistido a un concierto excelente. En “bueno” lo dejaría yo. ∎