Disco destacado

My New Band Believe

My New Band BelieveRough Trade-Popstock!, 2026

My New Band Believe apareció en la mente de Cameron Picton, exmiembro de black midi, en una noche de enfermedad delirante en una habitación de hotel. Entre los fragmentos que posteriormente introduciría en las letras de su álbum debut, surgió en su cabeza la frase “my new band believe”: cuatro palabras que, aunque gramaticalmente no sean del todo correctas al leerse juntas, responden perfectamente a ese impulso inicial de crear desde la fragmentación.

En su nuevo proyecto, Picton lleva la batuta de un cuento que no cesa de cambiar de perspectivas, contando con la participación de varios músicos de la escena londinense actual, entre ellos Kiran Leonard, Caius Williams, Steve Noble y varios de los miembros de la banda caroline. De aquí sale, quizá, el lento proceso de producción de este disco, que nunca tuvo formato maqueta. Las canciones, que se construyeron a través de la improvisación y los directos que Picton realizó con distintas formaciones de banda, fueron llevadas al escenario tanto en su ciudad natal como en la gira que realizó teloneando a Black Country, New Road en 2025.

“My New Band Believe” resulta imposible de categorizar. Parece cercano al folk-pop de Judee Sill, pero también contiene referencias a la música de guitarra tradicional, al flamenco o al folk británico, cuyo sonido recuerda al de Bert Jansch. A su vez, resulta significativo cómo la producción –compartida con Jasper Llewellyn y Mike O’Malley, ambos de caroline– experimenta con el sonido acercándose a la sensación del directo, con una intención de pausa entre toda esa complejidad, donde el oyente puede percibir una caída al suelo a través de un silencio de dos segundos o el soplo de un instrumento de viento.

Fuera de norma. Foto: syntax.error
Fuera de norma. Foto: syntax.error

Las letras de Picton, ambiguas y de difícil interpretación, acompañan al oyente en una historia sin principio ni final, que se vive como una especie de musical, con sus momentos cumbre de arreglos de cuerdas e instrumentaciones que, si bien resultan contradictorias –histéricas incluso–, al final parecen tener sentido.

En “Target Practice”, Cameron describe una situación de venganza y odio aun siendo el tema más aparentemente feliz del disco. En “In The Blink Of An Eye”, el narrador se deja llevar por una espiral de pensamientos donde parece transitar la complejidad del deseo –desde el sentirse observado hasta la desesperación del sentimiento romántico– entre una melodía rápida que de repente frena –Do you ever wish? / No”– y luego vuelve a arrancar. En “Love Story”, por contra, se describe una relación romántica idílica, de confianza, que termina con un golpe que destruye toda la fantasía, dejando al oyente con el espectro y un silencio al final que parece cortar el disco en dos partes.

Esta segunda mitad empieza con “Pearls”, una de las canciones con más rasgos chamber pop del disco, que incluye glitches y grabaciones de campo en su fondo. En “Opposite Teacher” se intenta luchar contra el destino que predica que seremos igual que nuestros padres, pero a medida que la canción aumenta su intensidad no puede resistirse a volver a su línea original en la parte final. La última canción del álbum, “One Night”, crea una situación de frustración, traición romántica, enfado y desilusión con ese reiterado “you are not the man I took you for”.

Se trata, en definitiva, de un disco que no cesa de pedir la escucha, en el que parece imposible dejar de encontrar nuevos detalles e interpretaciones en un margen de dos versos. Probablemente, entre los mejores LPs del año. ∎

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