Daniel Hoff, cantante de Gurriers, enfundado en una camiseta de Geese. Foto: Óscar Giralt
Daniel Hoff, cantante de Gurriers, enfundado en una camiseta de Geese. Foto: Óscar Giralt

Concierto

Gurriers, canalizando la rabia

El primero de los dos conciertos que Gurriers ofrece esta semana en España –anoche en Barcelona, hoy en Madrid (Nazca)– se saldó con una conexión intensa entre el público y el grupo dublinés, que despachó en hora y cuarto casi todo el cancionero que ha registrado hasta el momento. Pura energía para eliminar toxinas existenciales.

“Somos drogadictos y lo sabemos”. Fue entre “Top Of The Bill” y “Waiting For Fisher”, tras tirarse al público, en pleno subidón de adrenalina, con Gurriers ya encarando la recta final de su bolo en Barcelona, cuando el guitarrista Mark McCormack, el que peina mullet, se encaró al micro y presentó a su banda. “Somos drogadictos y lo sabemos”, así, con el castellano que debió aprender durante los meses que vivió en Valencia y que perfeccionó haciendo el Camino de Santiago. Con un deje arrastrado, narcótico, parecido a aquel “Señores y señoras. Nosotros tenemos más influencia con sus hijos que tú tiene, pero los queremos. Creado y regado de Los Ángeles, ¡Juana’s adicción!”, con el que Jane’s Addiction –Gurriers conectan con ellos a través del oscurantismo del post-punk– iniciaban, en voz de su amiga Cindy Lair –actriz conocida como la Marilyn Monroe latina, muerta el pasado 24 de marzo de 2025 a causa de una embolia derivada de un implante de silicona–, su álbum “Ritual de lo habitual” (1990). Stop! Un segundo de silencio para luego acabar de rematar la sentencia con un enigmático “pero con paciencia”. ¿Se puede ser yonqui de chill? No lo sé. Pero justamente calma sería uno de los términos que jamás utilizaría para describir a un grupo cuyo directo es todo urgencia y visceralidad.

No hace ni dos años que Gurriers visitaron por primera vez la capital catalana. Aquel 1 de febrero de 2025, los irlandeses asaltaron la Upload del Poble Espanyol para presentar su primer largo, “Come And See” (2024). Veinte meses después dieron el salto a La 2 de Apolo, esta vez para descubrirnos su novísimo “Nobody’s Coming To Save You” (2026). Petaron la segunda sala del Apolo. Progresión aritmética propiciada y propulsada por tres factores, siendo cada uno de ellos causa directa del siguiente en el orden en que queráis ponerlos, porque no altera el resultado:
 

  1. El renacer que sigue experimentando el post-punk.
  2. Dublín es la nueva escena molona.
  3. El segundo largo de Gurriers es entre muy bueno y buenísimo.
El primer punto es irrefutable. Y lo corrobora un directo como el de ayer o como el que ofrecieron hace un par de semanas atrás en la misma sala otro de los adalides de este enésimo revival como son los ingleses Yard Act. Del tercero da buena nota Isabel Guerrero en la excelente reseña que escribió en esta publicación de “Nobody’s Coming To Save You”. “Definitivamente, superior al debut”, concluía. Caso cerrado. Del segundo solo hace falta listar los grupos que pululan por O’Connell Street: Fontaines D.C. y Gilla Band, por supuestísimo; Gurriers, evidentísimamente. Y con estos, The Murder Capital, Just Mustard (que los meto aquí aunque no son de Dublín), Chalk, SPRINTS, M(h)aol, YARD, Enola Gay o unos Really Good Time que fueron los responsables de abrir la velada. Hacen post-punk. Obvio. Pocos meses atrás publicaron el disco “Affirmations”, trabajo que ellos mismos describen como una cornucopia de todo lo que aqueja a la psique moderna: Ryanair, el fascismo, los discursos motivacionales, el sexo con robots, las aplicaciones de citas, la manosfera... La cosa ha empezado a bullir.

Energía y emoción, furia y turbación. Foto: Óscar Giralt
Energía y emoción, furia y turbación. Foto: Óscar Giralt

“Esta es la última canción de nuestro nuevo disco y será la última canción del concierto”, anunció Daniel Hoff, cantante de Gurriers, enfundado en una camiseta de Geese: “Nobody’s Coming To Save You” ha sido coproducido por Mark Bowen de IDLES y Loren Humphrey, que a su vez fue el productor del disco en solitario de Cameron Winter, “Heavy Metal”. Cuando acabó, los dos tipos que tenía delante se miraron y, resignados, se dijeron: “Han prometido 18 canciones y 18 canciones han tocado”. Y con tal resignación se largaron sin esperar a un bis que, tras poco más de una hora de bolo, nunca llegó.

Es la mierda de tener setlist.fm y saber de antemano que Gurriers vienen haciendo el mismísimo e inalterable repertorio durante toda la gira. Un concierto circular que empieza con el “For A Few Dollars More” de Ennio Morricone sonando por la PA, caldeando el ambiente antes de que ellos irrumpan con el tema titular y finalice con Hoff entonando esos versos en los que clama “I could find you anywhere / These eyes follow you around the room / I’ll say it like I know it all / I can’t drink like I used to / I’d say I have a problema / No I don’t, no I don’t, I’ll say I want to hide away / I won’t, no I won’t / I’ll say it to myself / I’m on a sinking boat / But l lie to myself, I lie to myself”.

Setenta minutos de rabia canalizada a través de unas canciones –todas las de “Nobody’s Coming To Save You”, casi todas las de “Come And See” y ese “Erasure”, single total que sirvió de puente entre una entrega y la otra– que remiten al legado revisionado de su santísima trinidad de referencias e influencias: Joy Division, Sonic Youth y Nine Inch Nails. A las que añadiríamos el “rapear" de Mark E. Smith de The Fall (referencia de tantos grupos post-punks actuales) y a los U2 primigenios (en algunos tramos épicos del concierto).

En la era del spoiler no hubo sorpresas, pero con ellos danzando como drogadictos sin paciencia y con la peña encaramada al techo del local –y no es una exageración, es una afirmación literal– sí hubo energía y emoción, furia y turbación. Justamente lo que necesitábamos un miércoles por la noche en un mundo en el que, más allá de Gurriers, nadie nos va a venir a salvar. ∎

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