Precisamente en “Un mundo feliz”, la canción de apertura del álbum, hace compendio de elementos para llegar al mismo: “Me quedó un ‘mundo mundillo’, como decía el multidisciplinar Álvaro Retana, redondo y perfecto. Él creaba ‘mundos mundillos’ en sus novelas y por ello me pareció bien hacer este mundo menor. No es un mundo para que quepa todo y que lo habiten siete mil millones de personas. Es un ‘mundo mundillo’ de salón de té, de sala de estar”. Precisamente ese parece ser el concepto de “Al pie del llar”, literalmente “al lado del fuego o del hogar”, un espectáculo de formato minimal concebido para disfrutar en intimidad, mientras toca el piano o la guitarra cantando algunas canciones antiguas que evidencian los cruces culturales entre España y México. Las próximas citas del mismo están programadas para el 20 de noviembre en Vila-seca y el 12 de diciembre en el Museo del Louvre de París.
En su crítica de “Manual de belleza” para Rockdelux, Alex Serrano escribía: “El problema del disco –si es que tiene uno– es el mismo que tienen todos los discos de Cuevas: la sensación de que estás viendo el espectáculo en diferido”. Personalmente a mí no me sucede, al menos no antes de haberlo visto en escena. “Para nada va a la par el proceso creativo, tanto audiovisual como escénico”, explica nuestro protagonista. “De hecho, ‘Llagares’ (se refiere al guasón cortometraje previo a la publicación del álbum, presentado por Rossy de Palma) fue el que inspiró al espectáculo. Sí que quise que tuviera todo una concordancia, y de uno surgió la idea para hacer lo otro, con un cabaret, con les panoyes (las mazorcas de maíz que sirven como telón de fondo al show) y con la idea de tener público sentado sobre el escenario, aunque nos dimos cuenta de su dificultad y únicamente lo hicimos en dos ocasiones. Quizá en este caso sí que haya ido todo muy en conjunto, pero normalmente no llega a la vez, la idea suele aparecer después. Hago las cosas un poco a la ‘babalà’”.
Al hilo de la felicidad que impregna su obra, y también su vida, confiesa: “Mis primeros cuarenta años los resumiría en una palabra: divertidos. Reír y gozar es lo que más he hecho”. Desde hace un par de meses algunas webs están compartiendo el supuesto proverbio chino “si quieres ser feliz por una hora, échate una siesta; si quieres ser feliz por un día, ve a pescar; si quieres ser feliz por un año, hereda una fortuna; si quieres ser feliz toda la vida, ayuda a alguien más”. Es otra versión de lo que Rodrigo recita en “Xardineru”, que viene a decir “si quieres ser feliz un día emborráchate, si quieres ser feliz una semana cásate, si quieres ser feliz toda la vida búscate un jardinero que te llene bien el florero”. ¿Rodrigo Cuevas, cuándo pierdes la alegría? “¡Atento! Para que veas lo poco que me entristezco, Sergio, mi pareja, no me había visto llorar en diez años. No me apeno por nada, no tengo corazón. Soy una persona fría. Hasta que perdí a un muy buen amigo y, de repente, empecé a llorar. Así que supongo que cuando pierdo a seres queridos es cuando me pongo triste”.
El romance “La hermana cautiva”, popularizado por Concha ‘i Clara, se entiende como una de sus reivindicaciones sobre la tradición oral. “Claro, los romances siempre me gustaron mucho y nunca encuentro cómo meterlos en un disco o en un escenario. Este fue un reto de producción. Yo decía ‘Eduardo, venga, vamos a hacer un romancín’. Él no lo veía y me preguntaba: ‘¿Cómo vamos a hacer una canción sin estribillo, que es todo el rato igual y dura mucho? Los de Sony no te van a dejar’. Y yo: ‘¡Que sí, hombre, que a mí siempre me dejan hacer lo que quiera’. Oye, que lo convencí, se puso a trabajar en ella y al final es de mis favoritas”. Y ahondando en los rincones populares, escogió Málaga para “La fiesta”: “Soy muy fan de los verdiales y concretamente de estilo Comares. De allí conozco a Carlos Fernández y desde hace tiempo le tenía muchas ganas. Se vino a hacerlo en unos días, resultando otra de las colaboraciones en el disco”.
El sábado anterior a nuestro encuentro, Maria Arnal tuvo que suspender su esperada presentación de “AMA” por un asunto familiar grave. Por ella muchos conocimos a Tarta Relena, dúo vocal con quien Rodrigo Cuevas canta “El pañuelín”. “Se trata de otro romance tradicional que escogí de una adaptación que hacía mi paisano José González Cristóbal, un cantautor de tonada, de copla y de flamenco conocido como ‘El Presi’”. El sello inconfundible del gallego Grande Amore no podría haber contrastado más que con la voz angelical (cantando en latín) de otra asturiana, la jazzwoman Mapi Quintana, en “Una muerte ideal”. “Exacto, surgió tras leer la novela de Irene Solà ‘Te di ojos y miraste las tinieblas’. La vida rural es mucho más surrealista, así como lo son las historias que nos contaban nuestros ancestros. Ahora la gente se pregunta por qué está de moda el realismo mágico y creo que es porque se está mirando a la tradición y cómo se contaba desde tiempos antiguos. No es como ahora, que te cuentan las historias con un hiperrealismo que no tiene ningún sentido”.
Tras haberlo visto en directo varias veces y, sobre todo, tras lo vivido ante el objetivo de nuestra compañera fotógrafa durante la sesión que acompaña esta entrevista, no sorprende su tendencia nudista. “Sé que esta es la respuesta que buscabas: me gustaría hacer un concierto nudista integral, que esta noche se desnudara todo el mundo. Imagina a toda la gente en pelotas, menos yo. Cuidado, espóiler, hago estriptís al terminar”. Quienes desde hace unos años huimos de este infernal desierto que es Murcia en verano y hemos encontrado en su Asturies una bocanada de aliento, cambiaríamos nuestras masificadas costas por el masaje piloñés que inventa en “La playa”. “Imagínate cuando no sabes si te lo está dando uno, dos o tres, con las manos o con los pies”, bromea. Y ante la gentrificación, nuestra estrella (de mar) tiene una solución: “Ojalá tuviéramos un poco de educación, responsabilidad y cariño, tratando el lugar próximo que visitemos como nos gustaría que se relacionasen los visitantes con nuestra ciudad o pueblo”.