Disco destacado

Rodrigo Cuevas

Manual de bellezaSony, 2026

Rodrigo Cuevas nació en Oviedo en 1985, estudió tuba en el Conservatorio de la ciudad y luego tres cursos de Sonología en la ESMUC de Barcelona. Esa trayectoria académica podría haber producido otra cosa, pero produjo esto: el artista español más inclasificable y más necesario de los últimos años, el único capaz de colocar a Massiel delante de un micrófono por primera vez en veinte años y hacer que suene inevitable. “Manual de belleza” es su tercer álbum, el cierre de una trilogía que arrancó con “Manual de cortejo” (2020) y continuó con Manual de romería” (2023), el disco del año en Rockdelux que le valió el Premio Nacional de las Músicas Actuales y 117 actuaciones en Francia, México, Portugal y Colombia. Lo que se mide aquí no es si Cuevas puede repetir el éxito de la romería. Lo que se mide es si puede ir más lejos.

Puede. La coproducción de Eduardo Cabra –Visitante de Calle 13, uno de los productores más versátiles que ha dado América Latina en las últimas dos décadas– y la mezcla de Fab Dupont dan al disco una amplitud sonora que los anteriores no tenían. El folclore asturiano sigue siendo el eje –el asturiano y el amestáu aparecen más que nunca–, pero el marco se ha ensanchado hasta incluir trip hop en “Asturcón”, electropop en “Una muerte ideal”, pasodoble en “Sácame a bailar” y algo que suena a canción de amor con consecuencias en “La hermana cautiva”, un romance tradicional al que Cuevas le da la vuelta con la misma desfachatez que lo hace con todo. Diez canciones que no suenan a lo mismo y que sin embargo forman un disco coherente, lo cual es el truco más difícil de ejecutar y el que menos gente agradece cuando sale bien.

Rodrigo superstar. Foto: Ricardo Villoria
Rodrigo superstar. Foto: Ricardo Villoria

Las colaboraciones son el argumento del álbum antes de que suene la primera nota. Massiel en “Un mundo feliz” –Cuevas la sacó de veinte años de retiro y él mismo reconoce que la canción no tuvo la repercusión que merecía, lo cual es cierto– abre el disco con una declaración de principios: esto trata de belleza, de utopía, de lo que vale la pena rescatar. Mala Rodríguez en “BLZA” hace lo que hace cuando está en modo serio, que es rapear como si el mundo se lo debiera todo y hubiera decidido cobrarse la deuda. Ana Belén en “Sácame a bailar” tiene esa presencia que convierte cualquier cosa en acontecimiento. Tarta Relena en “El pañuelín” es la colaboración más inesperada y la que mejor encaja en el universo de Cuevas: dos mundos que comparten la obsesión por la voz como materia prima. Grande Amore y Mapi Quintana en “Una muerte ideal” cierran el río de caras distintas de la belleza que Cuevas dice haber buscado conscientemente. No es un elenco –al que hay que añadir a Carlos Fernández y las “pandereteiras sen fronteiros” de PAN.SEN.FRON en el cierre con “La fiesta”– arbitrario. Cada nombre está justificado.

El problema del disco –si es que tiene uno– es el mismo que tienen todos los discos de Cuevas: la sensación de que estás viendo el espectáculo en diferido. “Manual de belleza” está concebido para ser también “La belleza”, un show escénico con dirección de Terrivle y dirección musical de Víctor Martínez que arranca en abril en Asturias. Lo onírico, lo terrenal, el humor y el folclore funcionan en el escenario de una manera que el formato disco solo puede aproximar. Pero esa es también la grandeza del proyecto: Cuevas ha construido un universo lo bastante sólido como para que la aproximación valga. No es un disco de canciones sueltas. Es la banda sonora de un lugar que todavía no existe pero que ya tiene su propia geografía. ∎

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