Canción del día

Bruce Springsteen

Streets Of Minneapolis2026
Las cosas, claras. Foto: Rob DeMartin
Las cosas, claras. Foto: Rob DeMartin

A principios del pasado mes de diciembre, el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense anunció la puesta en marcha de la Operación Metro Surge. Para su materialización, desplegó 2000 efectivos de la fuerza represiva paramilitar ICE en el área metropolitana de Minneapolis-St. Paul, en el estado de Minnesota, con la Ministra de Seguridad Nacional, Kristi Noem, al mando y el agente federal de fronteras Greg Bovino liderando un operativo al que se sumó otro millar de patrulleros, provenientes en su mayoría de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.

Fiel a su disparatada dialéctica, el presidente Trump allanaba el camino a este atropello democrático –también demócrata: recordemos que el alcalde de la ciudad, Jacob Frey, mando a tomar por culo al ICE hace pocas semanas– señalando a la numerosa comunidad somalí de Twin Cities, a la que tildó de “basura que no aporta nada”. Un movimiento que se suma a políticas como la revisión de permisos de residencia permanente, la limitación de visas para trabajo y estudios, la congelación de trámites en los expedientes de asilo, la restricción del estatus de protección temporal que impedía la deportación de miles de migrantes o la revocación arbitraria e interesada del derecho de ciudadanía. Odio, crueldad y deshumanización desembocando en mezquina ataraxia ante el dolor de los demás, especialmente cuando son extranjeros, pobres o no encajan en el siniestro molde eugenésico preconizado por los ideólogos que pululan por el Despacho Oval y alrededores.

El 7 de enero, con el ICE ya desbocado por las calles de Minneapolis, la escritora Renée Good fue asesinada cuando intentaba escapar en su coche del acoso de los agentes. Iba desarmada, pero recibió tres disparos. El pasado sábado, 24 de enero, Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos que medió en la agresión a una vecina por parte del ICE esgrimiendo su teléfono móvil, fue ejecutado –ya inerme: llevaba una pistola que le fue sustraída en el forcejeo– con varios disparos.

Ese mismo día, Bruce Springsteen empezó a escribir “Streets Of Minneapolis”, canción registrada el pasado martes con ayuda de su mujer Patti Scialfa, el E Street Choir y su mano derecha en la producción Ron Aniello. Vio la luz ayer por la tarde, engrosando el haber de canciones protesta firmadas por el de Freehold: “Johnny 99”, “Roulette”, “Born In The USA”, “American Skin (41 Shots)”, “Lost In The Flood”, “The Ghost Of Tom Joad”…

En esta pieza de cuatro minutos y medio, Springsteen adopta primero el papel de cronista y describe el escenario de la narración con precisión, acompañado por una guitarra acústica. La entrada de la batería en la segunda estrofa transmite el fragor de una resistencia callejera que no se libra en igualdad de condiciones. Se extiende el humo, silban las pelotas de goma, hay huellas ensangrentadas en el pavimento, pero la voz de los ciudadanos de Minneapolis sigue escuchándose. Y se escuchan, alto y claro, los nombres y apellidos de los asesinados, justo antes de que el coro acuse recibo de la lucha que se mantiene. También señala Springsteen en sus versos al asesor Miller –uno de los principales impulsores de la ideología ultra suscrita por el gobierno de Trump, en el que ejerce como subdirector del gabinete político– y a la infame Noem y sus mentiras, mientras conduce la canción –solo de armónica mediante– hacia un clímax emocional en el que expone, con mesura y firmeza, el desprecio por los derechos civiles del tirano. El mismo déspota anaranjado que hace ahora diez años, cuando tan solo era ese risible candidato a presidente, afirmó que podría ir a la Quinta Avenida y disparar a quien quisiera sin perder un solo voto. ∎

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