Estamos en una época donde la palabra ternura ha perdido todo su significado: en parte por una epidemia ultra que no sabemos si realmente es factible combatir con caricias, en parte por un ecosistema de publicaciones en Substack y ensayos que repiten hasta la saciedad un mismo vocabulario emocional. No tiene sentido hablar de responsabilidad emocional, de love bombing o de que tener amigas es un acto revolucionario: en el capitalismo tardío el lenguaje emocional se convierte en retórica vacía que circula como estética, y en ocasiones las comunidades progresistas producen discursos afectivos que sustituyen la política real. Incluso cierto feminismo digital ha terminado romantizando la amistad entre mujeres hasta convertirla en una especie de pureza sentimental casi infantil.
Pese al oscurantismo digital, hay cierta necesidad individual y mediática de seguir generando conversación en torno a la amistad, la trinchera que hará que en el siglo XXI no viremos hacia la locura. De algo así va “Good Friend”, el nuevo single de Gia Margaret y el segundo avance de su próximo álbum, “Singing”. El cuarto disco de la de Chicago se publicará el 24 de abril, y tanto esta como “Everyone Around Me Dancing”, el primer sencillo, mantienen el espíritu de folk somnoliento que ha investigado hasta ahora. En ambas, además, se respira ese sentimiento de soledad que acompaña al artista cuando se apagan los focos. Quizá “Singing” trate precisamente de eso: de todo lo que sucede alrededor del canto y no necesariamente del canto en sí. Lo veremos.
En cualquier caso, “Good Friend” funciona como una pequeña oda a la amistad que sobrevive a la distancia que imponen las giras. Margaret explica que escribió la canción en 2019, tras su primer gran tour estadounidense, cuando sintió que estaba vislumbrando el tono que podría tener su siguiente álbum. Luego llegó la pandemia, las giras canceladas y la incertidumbre, y la canción quedó guardada hasta que volvió a aparecer durante la grabación de “Singing”, cuando necesitaba recuperar cierta ligereza en el proceso creativo. Producida junto a Guy Sigsworth y atravesada por ese gusto suyo por el pop nostálgico de finales de los noventa, el tema incorpora un canto gregoriano para el final a cargo de ILĀ, cofundador del coro London Contemporary Voices. Aunque la producción es algo enrevesada para una canción acústica, la pieza termina diciendo algo bastante simple: que los buenos amigos sostienen cuando todo lo demás se vuelve incierto. O, como ella misma resume, que “mis buenos amigos iluminan mi vida en los peores momentos… y la música también puede ser una buena amiga”.
Pero si algo conviene recordar en tiempos de inflación afectiva es que la música –como los seres humanos– también puede ser una mala amiga. “Te fuiste a casa y te dio gripe, y luego me lo contaste. ¿Cómo y qué voy a hacer realmente si estoy en Chicago?” son los primeros versos de “Good Friend”. No siempre podemos cuidar a quienes queremos como nos gustaría, pero en esa falta de épica que describe Margaret en su nuevo adelanto, en esa narrativa antirromántica, las palabras vuelven a tener un significado. ∎