A apenas dos semanas de lanzar su nuevo álbum –“Brigado” saldrá el próximo 19 de junio– y casi un año después de desplegar dos noches seguidas su icónica estrella de ocho puntas sobre la pista del estadio Metropolitano de Madrid –hito total de nuestra escena urbana–, Dellafuente nos entrega un nuevo sencillo. Y si “Agradecío”, primera muestra de esta nueva etapa para el artista granadino, volvía sobre las bases poéticas, emocionales y yungbeefescas más características de su faceta más rapera, “Caravaggio” sí parece servir bien para ejemplificar el concepto con el que Dellafuente ha desarrollado este próximo trabajo: “música folclórica atemporal”.
Este nuevo adelanto parte en ida y vuelta desde una Granada flamenca hacia las islas del Caribe, con sutil parada en el son cubano y residencia en la salsa de Puerto Rico. No es un movimiento extraño para Dellafuente, que siempre ha gustado de bucear en las tradiciones sonoras de Andalucía para contextualizar sus rimas y para darle una dimensión orgánica a su trap melódico, pero esta vez hay una apertura hacia el exterior que a priori –ahora que Bad Bunny conquista el mundo con su disco de salsa definitivo y a varios años de ese garbeo por las tradiciones sonoras latinoamericanas que fue “El Madrileño” de C. Tangana– puede parecer algo oportunista.
Eso sí, falta por ver todo el álbum y si finalmente se cumple esa promesa de tratar distintos géneros folclóricos desde su punto de vista y no se limita únicamente a poner otro capítulo más a esta narrativa global de que ahora todos quieren ser cantantes de bolero. ¿Va por aquí el concepto del vídeo, una especie de simulador de robos en un museo en el que el granadino va en busca de su propia obra?
“Realista y dramático, como Caravaggio”, Dellafuente mantiene aquí el tono crudo y melancólico que es marca de la casa mientras se plantea contradicciones humanas ahora que ya es padre de dos hijos y superestrella. “Quieran o no quieran, quieran o no quieran / Hoy, mañana y siempre soy agua y hoguera”, canta. Mucho se ha intentado doblar su palo en los últimos años, pero lo cierto es que sigue flexible como el primer día. ∎