La adolescencia como un espacio de configuración y desconfiguración. Un paisaje modelado por turbulencias imprevisibles y, en muchas ocasiones, abierto a resoluciones trágicas o amargas. Especialmente en coordenadas americanas. Hacia ahí parece dirigirse este trabajo de Alex Acy y Remi Belleville para la banda American Football en “Bad Moons”.
La acción se emplaza en Sudbury, una población suburbana de Ontario conocida por sus minas y factorías. Los jóvenes que copan las imágenes –interpretados por actores no profesionales– parecen contagiados del malestar que anida en los habitantes de esas zonas remotas. Chavales enquistados en parajes sin demasiada recompensa vital.
El trabajo de la dupla de directores ahonda en ese estado desestabilizador, imprimido a través de un blanco y negro áspero, de sombras pronunciadas y rareza ambiental. La propia acción de las escenas tampoco conduce al confort. De algún modo señalan ciertos síntomas y causa de ese desespero y abatimiento: la ubicuidad de las pantallas, el escapismo fallido de las drogas o los videojuegos, la presencia de armas y de una violencia con desencadenantes terribles.
Hay un componente sórdido en la forma de capturar las interacciones de estos adolescentes. Una marca visual sostenida y coherente con ese clima emocional, el que parece generar malestar y alienación. Y más que en la expresión de los (no) actores o en las propias acciones, los directores le dan encaje a través de esa forma inquietante y hasta terrorífica: la cámara ralentizada, los tenues pero expresivos movimientos, imágenes de animales disecados, la expresión inanimada en los ojos de los chavales.
Esa tonalidad propia del relato de terror o de cierta combustión suburbana de temible estallido no se disipa con la llegada del color ni con la presencia de adultos en pantalla. Si algo sugiere la pieza es que la fractura no pertenece únicamente al estadio vital por el que transitan, sino a la zona geográfica que los alberga. ∎