Clip

Apashe & Alina Pash

KyivAdrian Villagomez

Históricamente el videoclip no ha tenido un acento social o político muy marcado. Sin embargo, el avispero que se cierne sobre el mundo propicia que se den estos acercamientos, incluso entre formatos no alertados con el mensaje crítico. Es el caso de este trabajo de Adrian Villagomez para Apashe (belga asentado en Canadá) con la ucraniana Alina Pash con el tema “Kyiv”. Título que ya avisa sobre el devenir político y la intención que la remueve, para intentar interpelar a todos aquellos que no lidiamos con el pánico de las sirenas antiaéreas.

De hecho, el vídeo se inicia detallando que el trabajo fue grabado en la capital ucraniana en el cuarto año de la invasión rusa. También el autor, en los créditos de su página en YouTube, aclara que la parte del coro fue grabada en 35mm en un día calmado, tras jornadas de intensos bombardeos en su ciudad, y que en el momento de escribir esas líneas la ciudad sufría un apagón.

El vídeo empieza con un zoom out de un coro en un espacio amplio y luminoso. Sin embargo, esa armonía y equilibrio se rompen de inmediato con una explosión que lanza gravilla y cristales a las cantantes, mientras irrumpen fuerzas armadas ucranianas para, en una suerte de ruptura, dirigirse a cámara y alertar de que no es el lugar para grabar un vídeo. A partir de esa inflexión meta, el equipo del rodaje y los soldados desmontan todo para salir huyendo a toda prisa del edificio, mientras las coristas siguen inmutables con el canto.

Ese pliegue fantástico, sujeto a una realidad ajena al horror de los drones y los misiles, se mantiene en la huida por las escaleras del edificio, cuando irrumpen coristas y bailarines. Aunque el punto más acentuado de esa veta irreal se da en el exterior, cuando el grupo huido se da con el abismo de un córtex terrestre elevado, impidiendo así su escape. Es en ese punto cuando uno de los personajes, una mujer, sale volando de la situación como si se tratase de “La luna de Júpiter” (2017), película de Kornél Mundruczó que también mezclaba el realismo con la fantasía. La pieza cobra un nuevo matiz al otro lado del espectro. Esta vez, el miniplaneta está arbolado, lleno de edificios modernos y de unos humanos dignos de revista de tendencias, rodeados de lujo e inmersos en un modo de diversión alrededor de una piscina. Un marco hedonista, completamente despreocupado, que entra en confrontación con la imagen final, la más potente de todo el recorrido, que es la del planeta ucraniano haciéndose añicos por las explosiones ante la indiferencia de los otros jóvenes, salvo por la mirada dolida de una chica con las mismas vestimentas que las del coro.

Un toque de atención sobre la indiferencia o la normalización de un conflicto que se remata con una frase de advertencia a modo de cierre: “La línea que separa el ‘aquí’ y el ‘allá’ es más delgada de lo que crees”. ∎

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