Dejamos ahora el efecto mariposa, aunque seguimos con la teoría del caos. Porque “chaos reigns”, tal y como nos enseñó Lars Von Trier. Y solo como caos puede tildarse que, después de darnos por saco todo el año pasado con el regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh, al final la banda decidiera presentar su primer single de reunión en la noche de fin de año, dentro de una programación festiva de La 1 en la que los fans se quedaron con un palmo de narices al chocarse frontalmente contra un tema titulado “Todos estamos bailando la misma canción” cuyo estribillo arranca con un impactante “yo creo en Dios”. Porque, oye, a la Rosalía le ha funcionado todo eso del cristianismo y Alauda Ruiz de Azúa sigue dando que hablar con “Los domingos”, así que estaba claro que una buena caterva de oportunistas les vendrían detrás.
Ni que decir tiene que la peña no está muy contenta. Incluso los fans. Porque es que, tal y como apunta este bluit, “imagínate la cara de toda la peña que compró la entrada de la oreja de van gogh (yo) y que empieza el 2026 sabiendo que va a escuchar que Amaia (la mala) cree en Dios en directo xD”. Ah, claro, porque la mencionada actuación de fin de año en La 1 volvía a poner sobre la mesa el enfrentamiento de Amaia la buena y Amaia la mala. Sobre todo, porque Amaia la buena se cascó esta alucinante versión de “Aralar” en directo y demostró que lo de “la buena” se lo ha ganado a pulso.
Ahora bien, hay que reconocer que la elección estética de Amaia Montero en la susodicha actuación ha dejado huella en redes sociales. “Amaia Montero se ha liado montando la Quechua two seconds”, dicen unos. “Amaia se ha metido dentro de un merengue”, afirman otros. “Amaia Montero ha cogido el nórdico para salir a cantar. Y me parece bien”, celebran unos pocos. Y, mientras tanto, yo me alineo por completo con la opinión de @xabibenputa: “Si en el 2005 alguien me hubiese dicho que en el 2025 íbamos a estar viendo a Amaia Montero cantar en las campanadas disfrazada como una Björk de Hacendado me hubiese interesado por quién era su dealer”.
Eso sí, como una imagen vale más que mil palabras, ya hay quien está usando la prueba fotográfica para comparar el modelo de Amaia Montero con los yetis de “Doctor Who”, el muñeco de Michelin, el Hombre de Malvavisco de “Los cazafantasmas” o mi favorito absoluto: el inolvidable oso polar con el cuello roto de la cabalgata de Reyes en Cádiz. Claro que, al final de todo, la comparación más acertada es la que asemeja a Amaia con “la palomita en el microondas”. Algo que, cada vez que me lo encuentro en redes sociales, me obliga a pensar en lo extraño que resulta que absolutamente nadie haya hecho el chascarrillo fácil aludiendo a que Montero es “la reina del pop (corn)”. Ya tú sabes: por la canción “Pop” de La Oreja de Van Gogh… Y soy consciente de que es un chascarrillo de mierda. Pero, oye, el año está empezando y estoy todavía arrancando motores. No se me puede pedir más, que ayer mismo estaba poniéndome hasta el ojal de roscón de Reyes. ∎