Resulta curioso que, en los tiempos que corren, no se incida más en la distopía desde el campo de la ficción. También sorprende el ligero cargamento de itinerancias narrativas que está dejando el videoclip a lo largo de este primer trimestre del año. El trabajo de Alex Takács para “Brush Me Like A Horse”, tema adelanto de “The Canyon”, primer álbum de JJerome87, invalida ambas apreciaciones.
Detrás de este nuevo proyecto musical irrumpe Joe Newman, cuya singular voz resulta inmediatamente reconocible por haber liderado el combo inglés alt-J. Ahora emprende su primera aventura en solitario –con publicación prevista para el 26 de junio– para ampliar el espacio sonoro de su anterior proyecto mediante un peso más cinemático, influido por la iconografía y la orografía estadounidense.
Todo ello queda recogido en este primer clip de su carrera –ayer publicó el segundo: “Track And Field”– de loable materialización. Fue Newman quien acudió a Takács, realizador de confianza de alt-J, con una idea clara en mente: una ejecución de muerte mediante una cinta de correr. A partir de ahí, sería el propio realizador quien rellenaría los espacios de este universo visual tan adherido al cine distópico. Difícil esclarecer si su huella se extiende hasta “Punishment Park” (Peter Watkins, 1971) o artefactos orwellianos de procedencia lejana, o si se ancla en referentes más cercanos como “La larga marcha” (1979) de Stephen King, series como “The Walking Dead” (Frank Darabont, 2010-2022) o incluso refritos contemporáneos como la saga “Los juegos del hambre” (2012-2023).
El recorrido se inicia con unos curiosos que presagian un macabro espectáculo con binoculares, como si se tratara de ornitólogos avistando una especie en extinción. Una señal elocuente para entender la espectacularización de ese acto terrible, reforzada más adelante con la presencia de un equipo de televisión y unas animadoras. El centro de la atención es un condenado a muerte, extraído del interior de una caravana de caballos por guardias carcelarios y exhibido entre bellos campos. El castigo público culmina en una cinta de correr invertida que desemboca en un precipicio, el fatal desenlace si se detiene la carrera. Pero el hombre encuentra una inesperada aliada en una niña dispuesta a sabotear la satisfacción de ese público ávido de espectáculos siniestros.
Más allá de su notable desarrollo narrativo, culminado en un desenlace impecable que prolonga la desazón durante los títulos de crédito, acompañados por una breve y sombría coda instrumental no incluida en el tema original, el trabajo de Takács destaca también por su entramado estético y su asunción de formas plenamente cinematográficas. La ubicación del relato en estepas rurales de una América pretérita, probablemente de unos años sesenta engañosamente idílicos, contribuye a generar un extrañamiento constante y a impregnar de atmósfera cada pliegue del relato. Esa estampa de carga bucólica, con un reverso perverso que se revela pronto, queda finalmente triturada por un cierre tan abrupto como estruendoso. ∎