De este modo, el fin de semana nos ha servido para digerir el palmarés cinematográfico y recuperar la compostura tras la excelente criba de novedades que dejó Carlos Pérez de Ziriza el pasado viernes, brindándonos así el espacio idóneo para sumergirnos en otros nuevos y fascinantes lanzamientos que se cocinaron el pasado 22 de mayo. Arrancando con los álbumes, una de las alianzas más estimulantes de la jornada nos llega firmada por el sello Unheard Of Hope, donde el veterano guitarrista estadounidense Bill Orcutt une fuerzas con la violonchelista guatemalteca Mabe Fratti en “Almost Waking”, trabajo de una química insólita que, a lo largo de ocho fascinantes piezas de folk de cámara, se despliega como una fluida conversación sonora. Las extáticas improvisaciones a las seis cuerdas de Orcutt se entrelazan a la perfección con el violonchelo y la voz de Fratti. En paralelo, quienes también purgan tensiones y desequilibrios son Olivia Osby y Avsha Weinberg en su esperadísimo retorno como Lowertown. Publicado bajo el paraguas de Summer Shade, “Ugly Duckling Union” destila una melancolía poliédrica que funciona como catarsis de su propia y claustrofóbica codependencia creativa. Para lograrlo, el dúo camufla este exorcismo emocional tras una elaborada fábula conceptual protagonizada por un patito llamado Dale que lucha contra un monopolio mediático opresivo, construyendo una arquitectura sónica lo-fi fascinante.
Cambiando de tercio, esa mirada desacomplejada hacia el pasado pero con los ojos bien abiertos al presente es lo que define a The Liquorice Experiment. El combo, formado originalmente en Londres y ahora afincado en Valencia, despacha en “Million Faces”, su segundo larga duración, un festín de neopsicodelia y vitalismo que demuestra que los sonidos de 1966 siguen siendo un pozo inagotable de inspiración. Por otro lado, en una galaxia pop completamente diferente, la británica Maisie Peters firma su propia madurez en “Florescence”. Tras saborear las mieles de los grandes escenarios junto a Taylor Swift y Noah Kahan, la compositora cambia el vértigo de la exposición por una escritura más recogida: dos años de canciones escritas entre Nashville, Londres y Suffolk, y grabadas íntegramente en Nashville junto con Ian Fitchuk y Konrad Snyder, que abren paso a un cancionero más reposado, acústico y luminoso.
Ese afán por tender puentes geográficos nos sirve de billete de vuelta para aterrizar en el terreno nacional de la mano de Juana Everett. La cantautora madrileña publicó también el pasado viernes su segundo álbum, “Past Lives In California”, bajo el cobijo del sello vicense Great Canyon Records. Tras casi una década respirando el aire de la Costa Oeste y Nashville, Everett firma una sentida y nostálgica oda al Golden State. Grabado en los Middletree Studios con la producción de Álex Muñoz, el disco se empapa de la americana y el folk de Laurel Canyon, sumando pinceladas de rock psicodélico, lamentos de pedal steel y colaboraciones vocales de auténtico lujo en la escena estadounidense como las de Dylan LeBlanc y Nicki Bluhm.