La vida no es un juego de niños. Lo expone así María José Llergo en su última delicia visual. Este luciente trabajo que Nico Bonet y Raúl Béjar han moldeado para el tema “Mala mía”. Su acercamiento parte de lo conceptual. Una serie de instantáneas ubicadas en compartimentos dollhouse que parecen sublimar los significados ocultos en la letra de la compositora andaluza.
La primera pista se lanza sobre un coche fúnebre. En su interior, la cantante en escorzo, mientras por la ventanilla asoman hombres mayores con aspecto de contables que podrían auditar ese posible desamor que actúa como motor de cambio. No será la única estampa alegórica, ni mucho menos. Los escenarios son parecidos: pequeños compartimentos aislados por la negrura de los bordes y, en su interior, viñetas cambiantes. Las referidas al coche funerario, pero también juegos de perspectivas a través de distintos planos entre esos hombres grises de articulación grotesca y la cantante que los observa por ventanillas de miniatura, y que juega con ellos bajo distintas modalidades: ajedrez, escondite, el juego de la silla, Twister, las cartas. Un componente lúdico no solo enrarecido por el giro de los sujetos que lo practican –la cantante cordobesa controlando a su antojo a esos hombres del frac, en una clara significación de empoderamiento–, sino también por esa estética lúgubre que cubre el recorrido, con colores apagados y oscuridad en los bordes.
Una pieza admirable, de marcados surcos metafóricos, inesperada puesta en escena, distinguida estética y con una referencialidad nada evidente. Solo los séniors trajeados, en su gesticularidad extrema y siniestra, conducen a pensar en esos políticos enzarzados en una riña en el hilarante clip de “Nobody Speak” (2019), dirigido por Sam Spilling para DJ Shadow. ∎