shmael Butler me saluda sin camiseta y desde el estudio que tiene en su casa de Seattle. Nada de una nave espacial ni del espacio exterior, lugares a los que siempre nos ha llevado con su música, tanto en su proyecto de corte afrofuturista Shabazz Palaces como en Digable Planets, el trío de jazz-rap que montó en su juventud a finales de los ochenta y que tanto contribuyó a la fundación del hip hop alternativo en la ciudad de Nueva York. Nada de chamanismos. En este momento de su vida y con más de 35 años de carrera a sus espaldas, dice sentirse más conectado con el presente que nunca, con el suelo que pisa.
Es un proceso que realmente se desencadenó, en cierto modo, por intermediación de la pandemia y muy en relación –aunque él reconoce que de forma no directa– con la salida del percusionista Tendai Maraire para centrarse en otro proyecto afrofuturista: Chimurenga Renaissance. Y que se puede rastrear desde entonces a lo largo de los álbumes que Butler ha publicado como Shabazz Palaces, que han ido desembocando paulatinamente en sonidos más humanos, más concretos, más físicos e incluso más rítmicos, aunque paradójicamente todo venga de procesos cada vez más tecnológicos.
“Exotic Birds Of Prey” (Sub Pop-Popstock!, 2024), su nuevo trabajo, parece culminar ese proceso y subvertir el ideario de afrofuturismo y abstracción, poniendo las ideas mucho más en presente y los sonidos, aún desde lo difuso y lo onírico, en un plano más material. Butler, hoy, prefiere hablar de “afropresente”. Nos sentamos con él para comentar todo esto y mucho más.
¿Cómo definirías el proyecto Shabazz Palaces ahora mismo?
Una de las cosas que trato de hacer es escapar de cualquier definición, porque habiendo crecido con tantísimas influencias, tocando desde siempre el saxofón en jazz o en música clásica, estando ahí cuando el hip hop tal como hoy lo entendemos prácticamente echó a andar, pero habiendo estado también entre el R&B y el indie rock… Son muchas influencias y no creo que haya una definición que realmente acierte a unir todas esas cosas. Así que te diría que lo que guía al proyecto es el instinto, la creatividad…
Veo que tienes un pedazo de estudio en tu casa, así que imagino que has estado investigando más bien por tu cuenta en los últimos años, en un ambiente en el que parece que los álbumes te vienen en la intimidad, contigo escribiendo la mayoría de los temas, desarrollando los conceptos y produciendo las canciones…
He girado mucho, y además de en Digable Planets he estado en más bandas. Al final somos unos tíos de Seattle que se juntan para hacer música y para tocar música, para ensayar, para grabar… Así que tiene que funcionar de una manera muy colaborativa: llevas algo de casa pero tienes que hacerlo funcionar en el estudio. Pero aquí, en mi casa, donde paso la mayor parte del tiempo, tener mi propio estudio me permite tener una idea y ponerme a hacer algo sobre esa idea inmediatamente. Quizá sí parte de ese aislamiento en primera instancia, pero luego se convierte de nuevo en un trabajo muy colaborativo porque todo eso se amplía con un teclista, con otros raperos y todo eso.
Tendai Maraire parece haber abandonado el proyecto más o menos desde la pandemia. ¿Qué puedes decirme sobre esto?
Él era básicamente quien me acompañaba en los directos, pero en términos de producción o concepto para las canciones no había grandes diferencias con lo que hay ahora: siempre me he encargado yo de todo eso. Y a mí siempre me aportó mucho que Tendai tocara conmigo porque le da una personalidad muy distintiva a la percusión, tiene un modo muy particular de tocar, y conseguíamos que los conciertos se alejaran sustancialmente de lo que el oyente podía encontrar en los discos. Me gusta mucho eso, que el directo difiera del disco, que incluso se sientan como cosas totalmente desconectadas o aisladas la una de la otra. Le doy más importancia a la experiencia.
¿Y cómo tienes pensado girar este nuevo disco?
Buena pregunta (risas). No, ya lo tengo planeado y ya hemos ensayado. Llevamos una guitarra, teclados, bajo, saxofón y otro teclado para mí. Queremos que suene grande, expansivo, intrincado… Hemos tomado todos los sonidos, los subgraves de Digable, y los tratamos de reimaginar y readaptar para presentarlos de una forma muy muy dinámica. Estoy realmente contento con lo que hemos diseñado.
Muchos de los tropos o ideas de este nuevo álbum parecen ir en contra de este nuevo estado social de las redes sociales, valga la redundancia. Probablemente sea una de las cosas que más daño ha causado al ser humano contemporáneo, si no la que más, pero también abre un nuevo paradigma de unión para comunidades disidentes o marginalizadas. ¿No te preocupa, porque creo que es algo que puede ocurrirnos a todos, no ser capaz de entender una nueva forma de comunicación?
Te prometo que intento entenderlo, intento participar de ello y conectar con la mayor parte de cosas que acabas de describir: la velocidad, el alcance al que te permite llegar, que se expande a lo largo y ancho como nunca antes. Pero tengo que estar muy de acuerdo contigo en que son muy dañinas para la humanidad, básicamente porque son demasiado. Se ha desarrollado una superficialidad brutal, que es lo que está influyendo más notoriamente en las mentes de los jóvenes, y según van creciendo dentro de esta atmósfera de superficialidad van perdiendo el contacto con la realidad, entre sí mismos… Pierden el deseo de sentir, de tocar, de rodearse de otros humanos. Estamos generando una individualidad te diría que histórica. No creo que hayan existido generaciones tan individualistas antes. Y todo esto al final acaba dañando también la música y la cultura más de lo que ayuda. Es decir, reconozco las cosas positivas, claro, pero al final, si lo pones en una balanza, creo que tiene muchas más cosas negativas. Es una realidad, en cualquier caso, y todos tenemos que lidiar con nuestras realidades, participar de ellas y tratar de encontrar la mejor forma de sobrevivir. Es curioso que lo llamen redes sociales cuando son tan individualistas, ¿no? Son más bien redes antisociales.
Otro concepto que creo que desarrollas en el disco es el del subgrave. Creo que vivimos en la era del subgrave: la música y el diseño sonoro actuales están muy construidas sobre esa idea del bajo, hablamos todo el rato de los conceptos de “bass” y “sub bass”. Y en cierto modo creo que lo relacionas con esa necesidad de satisfacción inmediata que, a su vez, se relaciona con las nuevas formas de capitalismo. No sé si me he vuelto demasiado loco…
Guau. Vas a tener que explicármelo un poco más…
Al final el bajo es igual a la serotonina: causa un impacto muy inmediato, es como una droga que sube inmediatamente, ¿sabes? Y creo que esa idea se puede pervertir mucho en la sociedad que tenemos ahora, donde prima tanto la inmediatez y esas recompensas que son muy pasajeras pero al mismo tiempo muy satisfactorias… Ya te digo que a lo mejor me he vuelto un poco loco, ¿eh?
No, no, me parece superinteresante. Para mí el bajo siempre ha significado una cierta forma de seducción, porque es algo que no solo escuchas, no solo es un sonido. Permea hasta el fondo de tu ser, puedes sentirlo en el pecho, puedes notar las vibraciones a tu alrededor, así que tiene un componente físico que siempre me ha fascinado. Incluso cuando toco jazz, con el clarinete bajo o la tuba, siempre he tenido mucha tendencia hacia esos sonidos ultragraves. Pero es cierto que en los últimos años quizá sí me he ido separando inconscientemente de esa idea de que el bajo sea totalmente inmediato, jugando con más diluciones, etc. Porque estoy de acuerdo contigo, sí. Nosotros empezamos a usar esos bajos tan graves porque estábamos buscando algo que no encontrábamos en la sociedad, en la cultura, y quizá había un componente más mental. Y con el tiempo se ha desvirtuado muchísimo, pero para mí siempre será un vehículo de una enorme fuerza expresiva.
También le has dado una vuelta a tu forma de acercarte al afrofuturismo en este álbum. Hay conceptos o ideas menos bombásticas, y una especie de minimalismo tecnológico que nos lleva a imaginar un futuro distópico no muy lejano.
Uno de los grandes mecanismos del imperio es hacernos pensar siempre en la distopía como algo que pertenece al futuro, que está muy lejano en el tiempo, cuando realmente la distopía es ahora, está sucediendo en el presente. Así nos tienen combatiendo o preparándonos contra algo que se aproxima, que vendrá, que es un presagio (qué bonita palabra es “omen”). Va un poco del agravio comparativo, porque eso que viene es peor que lo que ahora tienes, y genera esa ilusión de que el presente es algo por lo que merece la pena luchar, que merece la pena proteger y conservar.
Todo claves, ¿eh?
Definitivamente. Todo eso nos distrae del presente y por tanto nos hace incapaces de reaccionar contra lo que sucede. Mi afrofuturismo es más “afropresente” que nunca: el presente tan solo se expande para convertirse en el futuro. No hay un salto hacia el futuro, el futuro llega como parte de un flow, así que lo más importante para construir el futuro es cómo lidias ahora con el presente. Tienes que pensar en el futuro como el ahora, porque en el ahora estás construyendo el futuro que vendrá. Y así lo pienso para mi vida, pero también para la música y para la cultura.
¿Y cómo relacionas eso con el minimalismo?
Creo que la simplicidad y la concisión, la claridad, ayudan a situarse en un contexto más presente porque quizá dejan menos espacio a la imaginación, que es más fácil de relacionar con la ciencia ficción o con esas distopías futuras. Si tu discurso se desparrama y se convierte en algo muy simbólico estás en cierto modo perdiendo contacto con la realidad, y no es malo, porque a través de la analogía y otras figuras puedes llegar a nuevas formas de conocimiento. Pero en este momento yo prefiero estar más cerca de las cosas concretas, es la forma en la que pienso el mundo hoy. Quizá cambie, pero ahora mismo lo siento así.
Hablaba con Moor Mother hace poco sobre la idea de liderar con un mensaje, sobre la capacidad para conducir a un grupo de personas, y tú has adoptado muchas veces ese rol como de chamán, de gurú o de un viajero astral…
Yo lo entiendo más como una forma de participación, no necesariamente como liderazgo. Participar a un nivel observacional e inclusivo te hace estar presente, y eso te permite devolverle ese entendimiento a una audiencia de un modo muy conversacional, muy recíproco. No se trata de dar mensajes desde una atalaya, sino de estar donde se generan los mensajes, de observar desde el respeto todo aquello de lo que estás participando. Al final eres un condensador más que un médium. El mensaje no es sino una forma de interpretar lo que observas y de brindarlo a la gente en un entorno participativo. Es complicado de explicar.
Tanto tú como otros artistas con los que colaboras usáis seudónimos en la esfera Shabazz Palaces. ¿Por qué?
Para mí la forma en que vives tu vida es la oportunidad de expresar tus instintos. Empezando por la forma en la que te vistes el viernes por la noche cuando todos han salido de trabajar y vas a quedar con alguien. Y con la música pasa lo mismo. Hay muchos distintos yoes en cada uno de nosotros, y para mí Shabazz Palaces siempre ha sido un poco el lugar donde poder expresarlos. ¿Cómo quiero lucir hoy? ¿Cómo quiero sonar? ¿Qué quiero transmitir? Todos esos seudónimos son representaciones de diferentes aspectos de mi expresión personal.
¿Alguna vez te has planteado publicar algo con tu hijo, Lil Tracy?
Tenemos varias canciones hechas ya (se ríe). Siempre que viene pasamos un rato increíble en el estudio, viene gente y se monta también, es increíble. O sea que sí, claro. Algún día.
Imagino que tuvo que ser durísimo, pero ¿cómo viviste toda la época oscura de GothBoiClique? Hablaban del suicidio, pasaron por la epidemia de los antidepresivos, Lil Peep murió de sobredosis. Como padre, ya que tu hijo formaba parte del colectivo, tiene que ser difícil.
Pues qué te voy a decir, es realmente difícil no preocuparse, no dudar… En cierto modo estás seguro de él, de la educación que le hemos dado, y quieres aferrarte a la idea de que él se expresa artísticamente de esa manera y ya está. Pero durante esos días, mientras pasaban todas aquellas tragedias, ver que él forma parte de eso, que vive así aunque sepas que tiene sus mecanismos de defensa y un criterio bien formado, es realmente difícil. Como padre, lo único que quieres en la vida es que tu hijo esté bien, y cuando la gente empieza a morir –descansen en paz– se te pone el corazón en un puño. Así que ahora estoy muy feliz de que él se encuentre al margen de toda esa movida, de que viva de forma diferente, se sienta de forma diferente y se exprese de forma diferente, todo basado en lo mucho que aprendió de ese período.
¿Tienes alguna pretensión con este disco o realmente has llegado ya a un nivel en el que puedes hacer música solo por el placer de hacerla?
Afortunadamente puedo seguir haciendo la música que me gusta y permitirme salir de gira, viajar, vivir diferentes experiencias y ganarme la vida, el dinero. Viene de una larga historia trabajando en esto y eso te da esa seguridad, pero aun así no garantiza al 100% que puedas seguir haciéndolo, así que me siento realmente afortunado e intento levantarme cada día dando gracias por lo que tengo. Y ser consciente de eso creo que me hace trabajar más duro, poder seguir aportando cosas en mi sello, en Sub Pop, o mantener viva la llama de Digable Planets. No me gusta definir las cosas, y menos mi carrera, porque siento que es algo que sigo construyendo cada día, pero a veces echo la vista atrás… Para alguien que creció prácticamente con los primeros discos de hip hop, pasar de escucharlos con mis amigos y que nos volaran la cabeza y después a participar de todo aquello, terminar conociendo y conectando con muchos artistas que te han influido muchísimo en esos años tan formacionales, y seguir haciéndolo 35 años después, incluso saber que tu propio trabajo ya es influyente para otras generaciones… es increíble. Es una fantasía, literalmente.
“Fantasía” encaja bastante con tu carrera, la verdad. Tus discos son como un sueño un poco borroso, más que una colección de canciones.
Es la música que me gusta escuchar, y por eso es la música que me gusta hacer. ∎