En el intermedio de la final de la Super Bowl celebrada en Santa Clara, California, el 15 de febrero pasado se escuchó este canto de Bad Bunny en su exitoso tema “NUEVAYoL”: “Willie Colón, me dicen ‘El malo’, porque pasan los años y sigo dando palos”. Es un homenaje a Willie Colón (1950-2026) y a otros músicos puertorriqueños. Colón ya se había mostrado como un decidido defensor del reguetón. En 2021, Rockdelux le dedicó esta Revisión con playlist incluida.
Conocido como “El malo del Bronx”, Colón triunfó porque modernizar la música de baile caribeña no fue un problema para un chaval con oído para la música, criado y educado por su abuela, quien le regaló su primera trompeta cuando tenía 11 años. Sabía qué ritmos gustaban en las calles, ya que creció en ellas: “Conocí a un trompetista afroamericano en mi barrio que me escuchó tocando, llamó a mi puerta y se convirtió en mi mentor. Él me enseñó a leer música”.
En paralelo daba sus primeros pasos la cultura del hip hop que nació en el mismo lugar: El Bronx, colindante con Harlem, donde la comunidad nuyorican denominó a una parte de ese distrito “El Barrio” y que Aretha Franklin, entre otras ilustres voces, cantó como “Spanish Harlem”: “Como mi papá fue arrestado, mis amigos fueron arrestados, había mucha interacción entre nosotros y la policía. Yo podía ser un gánster malo en la música, pero sin hacerlo de verdad. Y como eso era parte de lo que estaba pasando, hizo que mi música fuera relevante”.
A diferencia de otros colegas, el boricua de sentimiento quedó marcado por un álbum histórico, “Siembra” (Fania, 1978), firmado junto con Rubén Blades. Tal vez ese hito llegó demasiado pronto, aunque antes ya había impactado con Héctor Lavoe en el espectacular “Cosa nuestra” (Fania, 1969), que muchos bailadores consideran su obra cumbre. Si Lavoe está bien de voz, la asombrosa línea de trombón de “Sangrigorda”, todavía hoy, no se olvida con facilidad.
Como cualquier adolescente de aquellos años –sigue ocurriendo–, tenía que escuchar que era “inmigrante” cuando en realidad era un ciudadano de pleno derecho de Estados Unidos. Pasaba mucho tiempo en las esquinas de su barrio, cosa que le dio mucha calle. En las décadas de los cincuenta y sesenta, Colón se sintió objeto de discriminación: “En esa época te metían un batazo o patadas. Prácticamente era legal la discriminación. Era una época muy diferente”.
Todo queda reflejado en algunas de las cubiertas de sus discos. Desde el título hasta la imagen. En el citado “Cosa nuestra” se le ve con el estuche de un arma de fuego en las manos y a sus pies un cadáver. No contento con ello, fue todavía más explícito en “Lo mato” (Fania, 1973), donde encañona a un individuo y en la contraportada se invierten los papeles. Este fue un asunto que contrarió a Johnny Pacheco (1935-2021), cofundador del sello Fania, así que se retocó el título –“Lo mato si no compra este LP”– para suavizar el asunto. El disco incluye dos clásicos, “Todo tiene su final” y “Calle Luna Calle Sol”. Entre sus fans existía la firme convicción de que su música proclamaba identidad, orgullo, resistencia y alegría. Su música urbana, conocida como “salsa dura”, no solo se escuchaba: se vivía.