El pasado 27 de marzo, la editorial japonesa Chikuma Shobo hacía público mediante un comunicado el fallecimiento a principios de mes de Yoshiharu Tsuge (1937-2026), debido a las complicaciones derivadas de una neumonía. En una breve aparición en la televisión pública japonesa, su hijo mayor, Shosuke Tsuge, agradeció las muestras de cariño mostradas por lectores de todo el mundo tras el conocimiento del suceso.
Tsuge nació en Tokio en 1937, así que conoció la miseria moral y material del Japón derrotado en la Segunda Guerra Mundial. Su padre falleció en 1942, y fue su madre quien tuvo que sacar adelante a la familia. No será el único dibujante del clan: su hermano Tadao (Tokio, 1941), autor de obras tan excepcionales como “Mi vida en barco” (1997-2001; Gallo Nero, 2019), también dejará su huella en la historia del cómic nipón.
La pobreza marcó la juventud de Tsuge, que tuvo que empezar a trabajar desde muy joven para echar una mano a la maltrecha economía familiar, sin más horizonte profesional que conseguir dinero rápido. Así, probando diferentes ocupaciones, llegó al mercado del kashi-hon, un servicio de alquiler de libros y revistas muy popular en la década de los cincuenta. El artista exploró sus dotes para el dibujo realizando mangas de todo tipo para editoriales especializadas en estas publicaciones, baratas y de consumo rápido. Sin embargo, Tsuge encontró en el cómic un medio de exploración personal donde podía realizarse artísticamente, más allá del interés meramente crematístico. Hipersensible y con problemas para relacionarse en público, el manga le sirvió de refugio.
Pese a ello, cuando contaba con 25 años y tras una ruptura sentimental, Tsuge sufrió una depresión que culminó en un intento fallido de suicidio. La noticia llegó a oídos de Katsuichi Nagai, fundador de la revista de manga para adultos ‘Garo’, quien le abrió las puertas para participar en ella. Tsuge se convirtió en una de las firmas más destacadas de la publicación, colaborando con ella entre 1965 y 1970, con un pequeño parón debido a otro episodio depresivo, en el que dejó de dibujar sus propias historias y pasó a trabajar como asistente del maestro Shigeru Mizuki (1922-2015).
Tsuge desarrolló un estilo donde mezclaba la utilización de la caricatura expresiva para sus personajes con detallados escenarios a plumilla, creando mundos e historias que cabalgaban entre la ensoñación y la crítica social, de profundo nihilismo. El autor fue uno de los miembros más destacados del movimiento watakushi manga (“manga del yo”), o cómic autobiográfico, siguiendo la estela del movimiento literario homónimo. En la revista ‘Garo’ se publicaron varias de sus obras maestras, entre ellas la celebrada “Nejishiki” (1968), historia incluida en un especial monográfico dedicado exclusivamente a su trabajo. La expresión personal directa era una novedad absoluta en el cómic de entonces en Japón y en todo el mundo, debido al control de las grandes editoriales, exceptuando casos como los tebeos que Robert Crumb y otros colegas del comix underground estaban haciendo al otro lado del Pacífico en la San Francisco hippie, sin contacto entre sí.
En “Nejishiki” (“El sistema del tornillo” en la traducción de Gallo Nero, 2018), un chico busca desesperadamente un doctor que pueda curarle el brazo, herido tras el contacto con una medusa. La desolación, la pobreza, la alienación y la desesperanza son reflejadas con un trazo melancólico, desolador, sincopado por un bitono rojo sangre poco frecuente en el manga de la época. En su viñeta más famosa, a toda página, el protagonista sale del mar mientras la silueta de un avión bombardero planea en el cielo.
Tsuge conoció el éxito de la crítica, pero sus problemas económicos continuaban atenazándolo. En 1968 contrajo matrimonio con la actriz, escritora e ilustradora Maki Fujiwara (1941-1999), lo que le aportó estabilidad económica, aunque sus problemas de salud mental continuaban lastrando su trabajo y su vida personal. Durante la década de los setenta, su producción se redujo considerablemente. En los ochenta publica otra de sus obras maestras, “El hombre sin talento” (1985-1986; Gallo Nero, 2015), autobiografía poco disimulada que narra la historia de un dibujante de manga al que bautiza como Sukezo Sukegawa, un alter ego que se muestra completamente inútil para la vida diaria y que llega a fabular con la idea de vender piedras como salida laboral. En la obra, Tsuge emplea su habilidad para la caricatura para salpicar de un extraño humor una historia con sabor a derrota. De los ochenta son también las extraordinarias historias recogidas en “La mujer de al lado” (Gallo Nero, 2017). Finalmente, Tsuge abandonaría totalmente el dibujo de manga en 1987 con “Despedida”, una historia en la que cuenta un intento de suicidio.