Canción del día

King Tuff

Twisted On A Train

Garage boogie rock. Foto: Wyndham Garnett
Garage boogie rock. Foto: Wyndham Garnett

Con un timing contextual algo delicado por estos lares, llega el título “Twisted On A Train”, la pildorita elegida por King Tuff como primer adelanto de “MOO”, séptimo álbum de su discografía que se publicará el próximo 27 de marzo, tres años después del lanzamiento de  “Smalltown Stardust” (2023).

Además de ser el Rey Tuff, el señor Kyle Thomas ahora es también empresario y publica el disco con su recién estrenado sello discográfico MUP Records, de manera que ha podido darse pequeños placeres –como incluir un periódico físico, el ‘Daily Moo’, en cada copia del álbum, a lo Jethro Tull– y sobre todo grabarlo a su manera, con la misma vieja Gibson SG azul y la misma grabadora de cinta –una Tascam 388– que utilizó en su álbum “King Tuff Was Dead” (2008). Si a eso le sumamos el hecho de que ha abandonado Los Ángeles después de catorce años de aventura californiana para volver a su Vermont natal, este regreso sonoro a los orígenes se explica por sí solo.

De hecho la canción fue escrita y grabada “en cuestión de horas”, según cuenta el propio Thomas. “Ha sido prácticamente lo contrario de como había estado trabajando con el ordenador. Pasaba horas moviendo archivos como un zombi, compilando voces, dándoles vueltas, intentando que las cosas no sonaran muertas, intentando que algo sonara bien. Eso me llevaba meses. Pero aquí, con la cinta, todo es mucho más vivo. Es más como pintar o hacer un collage, más como hacer música de verdad”.

Con “Twisted On A Train”, cuatro minutazos de riffs vuelacabezas y fraseos chiclosos marca de la casa, Tuff ha dado exactamente con las raíces garageras que añoraba, porque en esta canción da igual si hay imperfecciones. “No hay suficientes”, ironiza el autor en la nota de prensa que acompaña al single. “Ojalá sonara aún peor. El rock’n’roll es música de roedores e insectos. Debería sonar como si surgiera de un basurero decrépito, de una cripta o de un retrete. No es relajante ni vibrante, ni autotuneada, ni está en la onda. No es perfecta, y por eso es perfecta. Y no me importa si está muerta o viva, si es genial o no: cuando la escucho una y otra vez, como un punk friki de 43 años regordete y calvo, me hace sentir lleno de energía”. ∎

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