En 1965, Smokey Robinson se encontraba en el pináculo creativo y comercial de su carrera, consolidado como el compositor y productor con más éxitos de la escudería Motown, autor de clásicos inmortales para, entre otros, Mary Wells (“Two Lovers”, “My Guy”), The Marvelettes (“The Hunter Gets Captured By The Game”, “My Baby Must Be A Magician”), Marvin Gaye (“Ain’t That Peculiar”) y, sobre todo, The Temptations (“The Way You Do The Things You Do”, “You’ve Really Got A Hold On Me” y la excelsa “My Girl”, todas ellas incluidas en el álbum “The Temptations Sing Smokey”) y su propia banda, The Miracles, rebautizados Smokey Robinson And The Miracles en el que fue su séptimo LP, el deslumbrante “Going To A Go Go”.
Con este último disco arrancaba la edad de oro del pop y el soul, una época marcada por la magnificencia de los singles, en la que ya empezaba a vislumbrarse la importancia de los álbumes. Ahí brillaban doce piezas mayúsculas, cinco de ellas editadas en single. La mejor de calle fue “The Tracks Of My Tears”, una de esas gloriosas canciones para corazones rotos que adornan el imaginario del soul, desde “I’d Rather Go Blind” de Etta James hasta “Tears Dry On Their Own” de Amy Winehouse.
La guitarra delicada de Marv Tarplin, una de esas mágicas guitarras del soul que apenas se notan, presenta una voz suplicante y desgarrada, la del afligido protagonista de la historia que ha perdido su amor, y enseguida los coros doo-wop de los Miracles subrayan el falsete de Smokey en ese “I need you” agónico al final del primer estribillo: “Así que fíjate bien en mi cara / sabes que mi sonrisa parece fuera de lugar / si miras más de cerca, es fácil seguir / las huellas de mis lágrimas”.
En 1989, Smokey Robinson dijo en ‘Billboard’ que “una vez que aprendí a componer canciones, me di cuenta de que no hay palabras nuevas. Tampoco hay notas nuevas en el piano o la guitarra. Y, en realidad, no hay ideas nuevas. Así que tienes que trabajar dentro del marco de lo que lleva sucediendo desde hace miles de años, desde que surgió el lenguaje. Hay que trabajar dentro de ese marco. Así que, para mí, el truco consistía en intentar decir lo mismo de otra manera”.
Y lo hizo muchas veces, rozando la perfección en “The Tracks Of My Tears”, una historia sencilla pespunteada con mimbres prodigiosos, desde la garganta privilegiada de Smokey hasta su lírica conmovedora –“Cariño, fíjate bien en mi cara / Verás que mi sonrisa parece fuera de lugar / sí, solo mira más de cerca, es fácil que puedas seguir / las huellas de mis lágrimas”– y la maestría de los Funk Brothers, que inyectan sangre y nervio al esqueleto de la canción hasta ese clímax del estribillo final, donde las lágrimas se desbordan.
Para redondear el sobresaliente, la cara B del single original –publicado el 23 de junio de 1965– es otra de las baladas más emocionantes de Smokey Robinson, “A Fork In The Road”, pequeña delicadeza barroca con un guiño al amante atormentado: “Si hay algo en lo que no estáis de acuerdo / más vale que lo pienses bien antes de decirle adiós a tu amor / porque puede que vuestros caminos nunca vuelvan a cruzarse / Asegúrate de tomar el mismo desvío / en la bifurcación del camino del amor…”. ∎