Hace 61 años, el 20 de julio de 1965, Bob Dylan publicó en Columbia un single de más de seis minutos de duración, “Like A Rolling Stone”, la canción que revolucionó el rock, que muchos consideran la mejor de la historia y que Rockdelux eligió como tercera mejor canción del siglo XX (tras “What’s Going On”, de Marvin Gaye, y “Moon River”, de Henry Mancini) en el número 150 de la revista.
Fue la última colaboración entre Dylan y Tom Wilson (1931-1978), un productor negro de reconocida elegancia personal y artística, que había trabajado con Sun Ra y Cecil Taylor y luego lo haría, entre otros, con Simon & Garfunkel, The Mothers Of Invention, The Velvet Underground, The Animals y Soft Machine. Además de Wilson, contribuyeron decisivamente al esplendor de “Like A Rolling Stone” el guitarrista Mike Bloomfield y el recién estrenado organista Al Kooper.
Se grabaron veinte tomas de la canción entre el 15 y el 16 de junio, y Tom Wilson y Dylan eligieron la novena (cuarta del segundo día), donde una serie de afortunadas casualidades confluyeron en esa legendaria introducción del órgano de Al Kooper, que entusiasmó a Dylan, consciente de que en ese riff repetitivo residía el gancho de una pieza taumatúrgica como pocas en la historia, la clave que explicaba “ese gran vómito de veinte páginas”, en palabras de su autor: “De repente me di cuenta de que ya no me interesaba escribir una novela o una obra de teatro. Ya solo quería escribir canciones”.
El propio Kooper ha contado cómo sucedieron los hechos: “Un productor llamado Tom Wilson me invitó a una sesión de grabación. Yo tenía 21 años y una ambición increíble, y era un gran fan de Bob Dylan. Había otro guitarrista sentado, que estaba calentando y tocaba mucho mejor que yo, se llamaba Mike Bloomfield. Así que guardé la guitarra y me metí en la sala de control, que era mi sitio. Tras las primeras dos horas de sesión, pusieron al organista al piano y pensé: ‘Bueno, tengo una oportunidad’. Así que le dije a Tom Wilson que me dejara tocar el órgano porque tenía un tema genial. Y Tom me dijo: ‘Pero tío, si tú no tocas el órgano, tú eres guitarrista’. Y entonces vino alguien y se lo llevó, porque tenía la llamada telefónica de una novia. Así que, bueno, al fin y al cabo, no dijo exactamente que no, así que me senté al órgano. Empezó la sesión y Tom, al volver y verme allí dijo: ‘Tío, ¿qué haces ahí?’. En ese momento podría haberme mandado otra vez a la sala de control, pero era un hombre muy cortés, así que dejó que siguiéramos. Y empecé a tocar. Al principio, en las primeras estrofas, se me oye entrar una octava detrás del grupo. Tras una o dos líneas, Bob le dijo a Tom Wilson: ‘Tío, sube el volumen del órgano’. Y Tom le respondió: ‘Pero si ese tío no es organista’. Pero Bob insistió: ‘Me da igual, sube el órgano’”.
Lo demás es historia, una canción-río majestuosa que cambió el devenir del rock, la cima de los años mercuriales de un Dylan en estado de gracia, publicada cinco días antes de que Bob escandalizara al público del festival de folk de Newport con su furiosa descarga de electricidad.
Hay casi trescientas versiones contabilizadas de “Like A Rolling Stone”, tres de ellas particularmente sorprendentes y fascinantes: la de una oscura banda de soul, Phil Flowers & The Flower Shop, publicada por A&M en 1969, la instrumental incluida por Pascal Comelade en su álbum “Traffic D’Abstraction” (1993) y la de los italianos Articolo 31 –“Come una pietra scalciata”–, del año 1998. ∎