“Algunos grupos tienen un ascenso meteórico y otros se desarrollan lentamente. Me gusta pensar que nosotros somos de los que se desarrollan lentamente. Es totalmente fiel a quién soy y a cómo me tomo la vida. Muy despacio y con mucha incertidumbre, pero con curiosidad. Y al final todo sale bien”. Elizabeth “Lizzie” Powell lo tiene claro, su música no es de primer impacto, sino de esas que van calando poco a poco. Tan poco a poco que en más de dos décadas de vida –con seis álbumes y otros discos menores– su grupo Land Of Talk apenas ha traspasado la línea de lo prestigioso. A pesar, también, de asociar su nombre a Bon Iver –quien produjo el primer álbum de la banda canadiense– o de girar con Broken Social Scene, The War On Drugs o Patrick Watson. Como también vio pronto que era una niña con gustos masculinos y se declaró no binaria, como hombre no cisgénero, al margen de que mantuviese su dulce y cálida voz femenina.
Pero tal vez esta semana ha dado con la clave de algo cercano al éxito al presentar “4:44”, una canción de marco semiacústico y envoltorio atmosférico, con extensa coda final y, tal vez, los suficientes ingredientes para agradar y a lo mejor engatusar a nuevas audiencias. Es el anticipo del LP “Lasts” (“Los últimos”), previsto para el próximo 13 de noviembre y presentado desde la compañía Saddle Creek como un disco de dobles significados, entre la resiliencia y la finalidad, funcionando como sustantivo y verbo, porque sus canciones parten de la reflexión de Lizzie sobre la última vez que una persona podría caminar o hablar con un ser querido. Todo ello a raíz de la grave enfermedad simultánea de sus ancianos padres. En la canalización de esa gratitud por el pasado y la rabia por el final radica la esencia del disco: “Una carta de amor a la vida”, en sus propias palabras.
Tampoco olvida viejos lastres como el abuso sexual o el acoso de la industria musical, ni la polaridad entre la belleza de sus colegas y la toxicidad de los poderosos. Y así, en “4:44” plantea oscuras certezas sobre la dificultad de sobrevivir solo en el amor –“You said it / No one out alive / Living on love / We barely survived”–, mientras canción y videoclip –firmado por Ana-Maria Espino Trudel– conectan mortalidad, vulnerabilidad y supervivencia emocional con estructuras agridulces, contrastes entre una guitarra optimista, texturas misteriosas un poco espectrales y un puente dubitativo, rematado en un esperanzador y bello desenlace. Ah, eso sin olvidar el significado espiritual de un número asociado a un mensaje de protección y guía del universo en momentos de pérdida, como una señal angelical de que, a pesar de todo, estás a salvo en medio del caos. ∎