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El Let’s Festival celebra 20 años: ¡L’Hospi über alles!

Ojo al dato: este año el Let’s Festival de L’Hospitalet de Llobregat llega a su 21ª edición. Se trata de un ciclo que lleva cruzando el calendario desde el año 2006. O sea, que el próximo 5 de marzo celebrará su vigésimo aniversario con el primer evento de su nueva edición: un concierto de Standstill y Dorian, a los que se ha unido Sidonie en el último momento, en la sala Salamandra de la localidad barcelonesa, mítico recinto que en los próximos meses también cumplirá aniversario redondo: 30 años (se inauguró el 21 de junio de 1996). ¿Qué trascendencia y mérito tiene que un festival en salas tirando a pequeñas, en el extrarradio y centrado en la cantera artística local haya llegado a la veintena de ediciones? La pregunta es retórica, pero vale la pena contestarla, claro.

Let’s 2025-2006.
Let’s 2025-2006.

En un universo en el que los grandes festivales todavía siguen poniendo en letra pequeña a los artistas locales, o con el mismo tamaño e idéntica tipografía pero más abajo del cartel, el Let’s Festival se ha tirado dos décadas programando cantera local y de proximidad. Las manos del indie español tienen una línea de la vida que es el histórico del Let’s. Y sí, el indie patrio existe, los 20 carteles –bueno, ya son 21– del Let's Festival, dan fe de ello. En un guiño circular, en 2006 tocaban La Habitación Roja y en 2026 repetirán, concretamente el 27 de marzo. Y por el camino ha habido conciertos de La Bien Querida, Nacho Vegas, Josele Santiago o Antònia Font. Y al cartel de este año también asoman emergentes como Quim Carandell o Gigi Ros. La dignificación del artista local otorgándole la preeminencia. Justo al revés de la norma festivalera.

El extrarradio: el lector me permitirá enfocar esta loa del Let’s desde una perspectiva barcelonacéntrica y algo nostálgica. Es EL FESTIVAL musical de la segunda ciudad de Cataluña, y eso no es moco de pavo. Servidor recuerda lo que era acercarse al Garatge Club de Poblenou, en Barcelona, allá por 1997 o 1998: todavía existía la sensación de espacio de libertad, de que uno podía hacer lo que quisiera en una jungla urbana poco regulada y aparcar el coche al lado del container y liarla parda en la calle. Intenta hacer eso delante de lo que ahora es la sede del PSC; la única libertad urbana en el barrio más expat de Barcelona es elegir entre latte o matcha.

La Salamandra, desde 1996, y el Let’s, desde 2006.
La Salamandra, desde 1996, y el Let’s, desde 2006.

Para mí, acudir al Let’s Festival todavía tiene esa vibración de despendole de extrarradio; que no es que sea ajeno a normas y regulaciones, faltaría, pero uno se encamina hacia las salas Salamandra o El Pumarejo con la alegría de no notar el lastre de la gentrificación en la chepa, aquello de sentirse un chinche en una chincheta de highlight turístico mundial. Por más que crezca, ser un festival de periferia es innegociable: “Nuestra filosofía es poner en relieve la periferia. A veces nos preguntan por qué no hacemos conciertos en otras ciudades, y siempre decimos que no: este festival es de L’Hospitalet y se hace en las salas de L’Hospitalet. Queremos mantener esa proximidad entre el artista y el público en escenarios de pequeño formato, esa es la esencia”, nos cuenta David Lafuente, director del Let’s y de la sala Salamandra.

Otro motivo poderoso para fichar y defender el Let’s es su vocación de festival hecho para y por las salas. Para: España vive la paradoja de tener contabilizados más de un millar largo de festivales de música moderna, pero tan solo 300 salas de conciertos. “Es un ecosistema un poco absurdo, debería ser al revés. Al haber festivales todo el año, la competencia es enorme y todo el mundo programa con muchísima antelación”, afirma su director, que está en dicho puesto desde el inicio y que ha logrado mantener las fechas de festival de invierno antes de que llegue la apisonadora de las grandes citas veraniegas. Por: Let’s Festival nació en Salamandra porque el recinto, entre 2003 y 2004, acogía varios festivales pequeños como el Tendencias o el Popfest. Cada uno iba por su lado, y decidieron unirse para montar un gran festival en L’Hospitalet. “Con los años, decidimos expandirlo a todo el mes de marzo y abrirlo a todos los espacios de música en vivo de la ciudad, sobre todo salas privadas, para poner en valor el trabajo que hacen durante todo el año”, explica Lafuente.

Luces, acción... en Salamandra.
Luces, acción... en Salamandra.

Por supuesto Let’s Festival cuenta con patrocinadores, pero uno no tiene la sensación de sentirse una saca de dinero zarandeada en la entrada, a ver qué cae: “No es un modelo de festival con ánimo de lucro. Intentamos cubrir el presupuesto para no tener pérdidas”, confirma el director. Una obviedad de primero de Ingenuidad: ni el dinero ni los fondos de inversión tienen sentimientos, no son ni buenos ni malos, pero lo que tiene el capitalismo es que te ha hecho creer que no hay alternativa posible al gobierno de la pasta y el crecimiento infinito (Mark Fisher se suicidó por pensar demasiado en eso. Y por una depresión, claro). Fichar en el Let’s significa apostar por un modelo de festival que va por otros derroteros, el de la proximidad y el de poder escoger tu festival y evitar las aglomeraciones de artistas que a algunos llevan al éxtasis y a otros a la bulimia musical.

Y sí, me encanta el Let’s Festival porque uno ya ha vivido muchos y sabe que descubrirá o podrá corroborar lo bueno que ha oído de nuevos artistas como Alavedra –el 13 de marzo, compartiendo cartel con Kakkmaddafakka– o Axolotes Mexicanos –tocarán con Fermi el 7 de marzo– y también vibrar con tótems de mi peluda juventud casi en la intimidad: cada año, la dirección del festival le pide la carta a los Reyes a salas pequeñas como L’Oncle Jack y El Pumarejo, y la fuerza de la unión posibilita que artistas grandes toquen en espacios para 200 personas. ¿Ejemplos? Viejas glorias todavía incandescentes como los Buzzcocks, que tocarán el próximo 14 de marzo. O New Model Army en su momento: Dios, qué brutalidad de concierto el de 2020, una semana antes del cierre por COVID, casi palmo en un pogo colisionando con viejos punks alemanes obesos de dos metros. “Llega una ola de pandemia, pero por suerte solo nos matará a la gente mayor de 60 años”, dijo en el escenario el cachondo apocalíptico de Justin Sullivan. ∎

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