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La semana vista por…

Lunes, 12 de enero

La actualidad musical avanza entre celebraciones insólitas, regresos inesperados y recordatorios de que el tiempo no actúa igual para todos. De Jenny Lewis casándose con su perro a nuevos gestos de ambición pop que tienden puentes generacionales, discos sorpresa, premios que revelan contradicciones industriales y la despedida de una leyenda: Bob Weir, de Grateful Dead.

Bob Weir, cofundador de Grateful Dead, en una imagen de 1976. Foto: Getty Images
Bob Weir, cofundador de Grateful Dead, en una imagen de 1976. Foto: Getty Images

La primera gran semana musical del año queda atravesada por una noticia que impone silencio: la muerte de Bob Weir (1947-2026), cofundador y guitarrista de Grateful Dead, a los 78 años. Weir no fue solo una pieza clave de una de las bandas más influyentes del rock psicodélico; fue el guardián de una idea de la música como proceso infinito. En los Dead no existía la versión definitiva, solo interpretaciones en tránsito. Incluso enfermo, Weir siguió tocando, no como despedida sino como acto de resistencia creativa. Su legado no se mide en discos, sino en experiencias compartidas, en conciertos que eran rituales abiertos. En una semana marcada por el diálogo entre pasado y presente, su muerte recuerda que la música no termina: se transforma, circula, se hereda. Y, como él mismo parecía creer, nunca baja del todo el telón.

Bob Weir en el recuerdo: “The Grateful Dead’s Bob Weir”.

Yendo a noticias más livianas, tomemos el quincuagésimo cumpleaños de Jenny Lewis, celebrado de una forma tan íntima como performativa: casándose con su cockapoo, Bobby Rhubarb. Podría parecer una anécdota excéntrica, material de redes sociales condenado a evaporarse en 24 horas, pero encaja perfectamente en la lógica emocional y estética de Lewis. Desde Rilo Kiley hasta su carrera en solitario, siempre ha trabajado en esa zona ambigua donde la ironía protege una vulnerabilidad muy real. La boda fue también una pequeña cumbre del indie californiano: Ben Gibbard cantando “Such Great Heights, Alex Greenwald interpretando “California”.

En un plano muy distinto, pero con una ambición comparable, Ralphie Choo continúa perfilando uno de los relatos más estimulantes del pop español reciente. Su nuevo doble single, “ROCCO” / “TENTACIÓN”, no es solo un adelanto de su segundo álbum, previsto para primavera, sino una reafirmación estética. Producidos junto a miembros de rusia-idk, los temas juegan con el sampleo, los cambios de idioma, la tensión entre lo sintético y lo orgánico. Desde “SUPERNOVA” (2023), Choo ha sabido convertir la hibridez en identidad, colaborando con figuras tan dispares como Rosalía o Mura Masa sin diluir su voz. Su salto al Movistar Arena de Madrid el 20 de febrero y al Sant Jordi Club de Barcelona el 27 de marzo señalarán un momento clave: cuando lo experimental deja de ser marginal sin perder del todo su rareza. “ROCCO” hoy es nuestra Canción del Día.

También Olivia Rodrigo está negociando su relación con el pasado, aunque el suyo sea todavía muy reciente. Para celebrar el quinto aniversario de “SOUR” y de “drivers license”, ha invitado a algunos de sus artistas favoritos a reinterpretar aquellas canciones. El primer resultado es revelador: David Byrne versionando “drivers license”. En sus manos, el drama adolescente se transforma en un artefacto nervioso y universal, más cercano a la ansiedad existencial que a la confesión sentimental. La operación demuestra algo fundamental: que las grandes canciones pop sobreviven al contexto que las vio nacer y pueden mutar sin perder su núcleo emocional.

David Byrne versiona a Olivia Rodrigo: “drivers license”.
La mutación permanente es también la seña de identidad de SAULT, que ha publicado por sorpresa “Chapter 1”, su primer álbum del año. Musicalmente, el disco se sumerge en el funk, el blues y el rock primitivo, con letras de tono casi litúrgico. Pero el lanzamiento no puede desligarse del contexto turbulento del grupo: las críticas a sus escasos conciertos en directo y el conflicto legal entre Inflo y Little Simz han erosionado parte de su aura. Aun así, SAULT insisten en la idea de la música como espacio autónomo, no explicativo, que exige escucha antes que contexto.

SAULT: “God, Protect Me From My Enemies”.
En ese cruce entre música y aparato industrial se sitúa también lo sucedido en la gala de entrega de los Globos de Oro, donde Ludwig Göransson se llevó el premio a mejor banda sonora por “Los pecadores” (Ryan Coogler, 2025). Una victoria significativa no solo por el calibre de los competidores, de Jonny Greenwood a Hans Zimmer, sino por lo que ocurrió alrededor: la eliminación de la categoría de la retransmisión televisada. El gesto, justificado por razones de tiempo, resulta profundamente sintomático. Mientras la industria insiste en premiar métricas de impacto y nuevos formatos, la música –ese elemento que sostiene emocionalmente el cine– queda relegada a un fuera de plano incómodo. La queja de Zimmer calificando la decisión de “ignorante” no es nostalgia gremial, sino una defensa del compositor como figura narrativa, como alguien que llega cuando el director ya ha pasado “por la guerra” y debe recordar por qué empezó todo. Que, en la misma gala, el premio a mejor canción recayera en el fenómeno global de “Las guerreras k-pop” (Chris Appelhans y Maggie Kang, 2025) por “Golden” subraya la paradoja: la música importa más que nunca, pero su reconocimiento institucional parece cada vez más errático.

Ludwig Göransson analiza la banda sonora de “Sinners”.
Meu, aquel supergrupo gallego surgido a mediados de los dos mil con antiguos componentes de Elephant Band y Deluxe, regresa con “Having Fun”, un single que remite al Mánchester de los noventa sin sonar arqueológico. Es una canción luminosa, casi didáctica en su mensaje: no olvidarse de hacer lo que nos hace felices. Dicha por una banda que desapareció durante años, la frase adquiere un peso distinto.

Meu: “Having Fun”.
En una línea parecida, 091 publican “Antes de que salga el sol”, otra muestra del excelente momento creativo que atraviesa la banda granadina, que va a publicar su nuevo álbum, “Espejismo nº 9”, el 6 de febrero. No hay artificio ni búsqueda de actualidad forzada: la canción funciona porque está bien escrita, porque confía en la honestidad y el oficio. Esa atemporalidad es precisamente lo que la mantiene viva. El grupo andaluz va a presentar estas nuevas canciones el 14 de febrero en Madrid, en el ciclo de conciertos Inverfest. En abril, actuará en Granada (9 y 10), Sevilla (11), Valencia (17) y Murcia (18). En mayo, turno para Bilbao (2), el ciclo Guitar BCN de Barcelona (7), Santiago de Compostela (21), Gijón (23) y el festival Murmura de Almería (30).

091: “Antes de que salga el sol”.
Exsonvaldes también miran hacia los noventa, pero desde el rock alternativo anglosajón. “En sentido contrario”, cuarto y último adelanto de su próximo álbum, cuenta con la colaboración de Helena Miquel y supone un gesto significativo: por primera vez, el grupo cede todo el estribillo a una voz externa. Es una decisión artística que habla de confianza y apertura. El sonido –guitarras densas, ecos de Nirvana– no es nostalgia vacía, sino un lenguaje que la banda sigue utilizando para decir cosas nuevas. El single marca además el inicio de su nueva gira de salas, cuya primera etapa empieza esta semana en Granada (15) y Molina de Segura (16). En marzo, el grupo francés actuará en Valencia (20) y Castellón de la Plana (22). Y en abril pasarán por Barcelona (16), Sevilla (17), Córdoba (18) y Jerez de la Frontera (19).

Exsonvaldes & Helena Miquel: “En sentido contrario”.
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