Fiesta hasta en el campo de batalla. Lo avanza el propio Sir Ian McKellen en la voz en off del inicio: “¿Y qué es una victoria sin una celebración?”. Pese al arranque belicoso, las conquistas de Troye Sivan son sobre cuerpos en su plenitud y figuras modélicas en palacios y jardines reales. Su próximo álbum, “She’s The Best”, saldrá el 9 de octubre y asoma el hocico con la presentación de su segundo single tras la canción que da título al disco, este “Party” que actúa como disparadero de la fantasía homoerótica que define su estatus audiovisual.
Gordon von Steiner, armado con un holgado presupuesto, es quien se responsabiliza de esta barroca armadura visual para el nuevo single del cantante australiano. El imponente despliegue de medios asoma en los primeros compases de un cruento campo de batalla medieval atravesado por un Troye Sivan a caballo. Pero la verdadera acción, aquella que resurge, es el hedonismo desatado que tiene lugar después, alejado de la sangre, y accionado por una muestra del “Music” de Madonna. A partir de ese instante, un recital de pulsiones sexuales alrededor de figuras esbeltas y cuerpos esculturales, bailarines modelos que despiertan el instinto sexual del protagonista y de otros bellos rostros por todo tipo de lugares (públicos y privados). Un hedonismo desenfrenado que tiñe todas las viñetas, sin perder ese aspecto pulcro y perfeccionista, con una imagen que, en lugar de buscar la ofuscación, la mugre y la no erotización del acto sexual propio de la época en que se encuadra el relato –y que tan bien capturaron directores como Paul Verhoeven en “Delicias turcas” (1973) y “Los señores del acero” (1985), John Boorman en “Excalibur” (1981), Jean-Jacques Annaud en “El nombre de la rosa” (1986) e incluso Aleksey German en “Qué difícil es ser un dios” (2013)–, prefiere una imagen higienizada y de cálculo excesivo. Para entendernos, más cerca de “Shakespeare In Love” (John Madden, 1998) o de un spot de Calvin Klein que de las referencias citadas anteriormente. Son, sin embargo, las dinámicas coreografías las que mejor rompen el esquema compositivo de las imágenes y esa sensación de bollería icónica.
La línea formal imaginada por von Steiner es coherente con el imaginario que proyecta el cantante y actor. Construye imágenes que responden tanto a ese explícito carácter libidinoso que promulga desde la letra de la canción –el party no deja de ser un eufemismo de encuentro sexual– como a la propia imagen narcisista y picante a quien estas sirven. ∎