Película

El extranjero

François Ozon

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François Ozon es el primer director francés que se atreve a llevar a la gran pantalla “El extranjero”, la novela más famosa de su compatriota Albert Camus. La había adaptado Luchino Visconti en 1967, en uno de sus filmes menos memorables, con Marcello Mastroianni de protagonista. “Killing An Arab”, el temazo de The Cure que acompaña los créditos finales del filme que ahora nos ocupa, probablemente siga siendo hasta el momento la mejor traslación a otra disciplina artística de esta obra canónica, publicada en 1942. El extranjero es Meursault, un joven francés en la Argelia de los años treinta que asesina a un chico árabe en un momento de supuesta ofuscación ambiental. Camus desarrolla los hechos desde el punto de vista de un protagonista que muestra una clara desconexión emocional con su entorno ya desde la muerte de su madre, el acontecimiento con que arranca la novela. Cuando juzgan a Meursault por su crimen, aquello que parece molestar al tribunal es su indiferencia ante el fallecimiento de su progenitora o el amor de su novia, y no que haya disparado a otro hombre.

Este distanciamiento subjetivo de Meursault respecto a su propia experiencia del mundo real supone todo un reto de traducción al cine. Resulta interesante cómo Ozon lo plantea en la primera parte de “El extranjero” (2025; se estrena mañana). El director reconstruye la Argelia de la época desde una estilizada evocación en blanco y negro, un poco a la manera de “Frantz” (2016), una de sus mejores películas. Los actores protagonistas, Benjamin Voisin y Rebecca Marder, lucen espectacularmente atractivos en su romance veraniego bajo el sol mediterráneo. Pero, lejos de llevar a cabo una sofisticada y hermosa película de época a partir de una novela atravesada por la angustia existencial, Ozon recrea una idea de la Argelia colonial defendida por un cierto imaginario francés para socavarla mediante el personaje de Meursault y una sucesión de pequeños acontecimientos que amasan esa atmósfera de hostilidad que estalla en un momento concreto. En este primer segmento, el francés también resuelve con habilidad la principal problemática contemporánea de “El extranjero”: su naturalización del colonialismo y la invisibilización de la víctima árabe. A lo largo de la primera mitad del metraje, se hace patente de manera sutil esa mirada del otro respecto a la situación colonial que Camus no tiene apenas en cuenta en su novela.

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Pero a partir del asesinato, el filme pierde fuerza en este aspecto. Ozon introduce un atisbo de deseo homosexual en Meursault hacia el chico al que acaba matando, un anhelo que parece nublarle el juicio en la misma medida que el sol radiante y el reflejo de la navaja. La incorporación de este supuesto sentimiento reprimido añade una posibilidad de interpretación a las acciones sin sentido del protagonista. Ozon parece buscar, en la segunda mitad del filme, que entendamos y empaticemos con un personaje cuyo atractivo literario reside precisamente en la manera radical con que esquiva cualquier simpatía, tanto por parte del entorno como del lector. Y así, en este segundo segmento de “El extranjero”, se infla el tono donde debería seguir manteniéndose el distanciamiento. El juicio tiene algo de farsa populista, y Meursault estalla de manera muy dramática en su conversación con el sacerdote, a quien da vida Swann Arlaud. Ozon concluye la película con un colofón que visibiliza la herida colonial de la novela. Pero de una forma en exceso evidente, como si se sintiera obligado a cumplir el expediente en este sentido. ∎

Killing an arab.
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